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    Las empresas en Uruguay pagan menos impuestos por ganancias que el promedio de América Latina

    En Argentina y Venezuela ser empresario tiene sus bemoles: el gobierno se mete con frecuencia en la economía y las reglas de juego pueden resultar inciertas. Además, en esos países los impuestos sobre las ganancias de los accionistas son los más altos en toda la región. En el otro extremo está Paraguay, que grava con una tasa de 10% la renta empresarial. Y en parte por ello está atrayendo a muchos uruguayos que se ven tentados a hacer inversiones agropecuarias allí.

    En Uruguay la carga sobre las ganancias de las empresas es más alta, del 25%, pero se ubica por debajo del promedio de América Latina y el Caribe (28,1%). Esa alícuota es la que está vigente desde la reforma tributaria de 2007, aunque durante el actual período de gobierno desde el Movimiento de Participación Popular plantearon elevarla alegando que algunos sectores del agro obtuvieron rentas extraordinarias por los altos precios de los commodities en el mundo.

    El candidato presidencial por el Frente Amplio, Tabaré Vázquez, planteó durante la actual campaña electoral elevar los impuestos solamente para los establecimientos agropecuarios de mayor dimensión. “Si llegamos al gobierno lo asumiríamos con la tranquilidad de saber que no hay que realizar ningún ajuste fiscal, que no son necesarios nuevos impuestos salvo el de Primaria a las grandes empresas del agro, y que tendríamos que buscar bajar el peso fiscal que el país tiene, aunque no es un peso fiscal que sea desorbitante ni mucho menos”, declaró el 21 de setiembre entrevistado en “El País”.

    Sin embargo, el programa que plantea su partido para un eventual tercer período dice otra cosa: “Avanzar en el incremento de la alícuota del IRAE u otras herramientas tributarias para las actividades de renta excepcional vinculadas al uso de recursos naturales y la concentración de la tierra”.

    Impuesto en baja.

    Un comparativo de las imposiciones (máximas) a la renta empresarial fue expuesto por Miguel Pecho y Luis Peragón en su “Estimación de la carga tributaria efectiva sobre la inversión en América Latina” publicado recientemente por el Centro Interamericano de Administraciones Tributarias.

    Las economías de América Latina someten a gravamen los beneficios empresariales cuando estos son distribuidos a los accionistas individuales. Con distintas denominaciones, dicho impuesto a las rentas de las personas jurídicas fue bajando entre 2000 y 2012: el valor promedio simple de las alícuotas impositivas (máximas) disminuyó en 0,4 puntos porcentuales, al pasar de 28,5% a 28,1%. Si se pondera por el Producto Bruto Interno (PBI) de los 18 países, la reducción fue mayor: de 33,2% a 31,7%.

    Cinco países centroamericanos y del Caribe —República Dominicana, El Salvador, Guatemala y Honduras—, además de Chile, incrementaron la tasa nominal de sus gravámenes a la renta empresarial. Otros siete —Colombia, Ecuador, México, Panamá, Nicaragua, Paraguay y Uruguay— la redujeron, mientras que en seis —Argentina, Bolivia, Brasil, Costa Rica, Perú y Venezuela— se mantuvo desde 2000.

    En Uruguay, este impuesto —a la Renta de las Actividades Económicas (IRAE)— se aplica a las personas jurídicas residentes y a los establecimientos permanentes de entidades no residentes. Los no residentes sin establecimiento permanente en Uruguay están sujetos a un impuesto específico sobre la renta de no residentes (Impuesto a la Renta de los no Residentes).

    El IRAE representaba en 2012 casi el 87% del total de tributos que recae en sobre las empresas uruguayas (también pagan Impuesto al Patrimonio, y en ciertos casos de Primaria y de Control de las Sociedades Anónimas).

    El aporte a la caja del Estado de ese impuesto fue decreciendo en los primeros años de la década del 2000 y pasó de representar 7,7% del total de ingresos tributarios ese año a 5,5% en 2003, probablemente como reflejo del escenario recesivo que atravesaba Uruguay. Con la reactivación que se verificó desde 2003, ese porcentaje se elevó a un máximo de 9,4% en 2005 y 2006, pero bajó a 7,6% en 2007, año en que la alícuota fue reducida de 30% al 25% como parte de una amplia reforma impositiva. En 2012 el IRAE contribuyó con 7,7% de la recaudación global.

    Esa evolución se aleja de lo que ocurrió en el promedio de la región en el período, cuando tendió a aumentar el aporte derivado de gravar las rentas empresariales. De hecho, prácticamente se duplicó, al pasar de 8,2% del total de ingresos en 2000 a 15,4% en 2012.

    Economía
    2014-11-06T00:00:00