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Conviene manejar cierta información previa a los efectos de esta coproducción hispano-argentina con equipo técnico enteramente español y elenco mayormente argentino. La acción transcurre en 1955, poco después de que Juan Domingo Perón fuera derrocado por la denominada “revolución libertadora”. El general se encuentra momentáneamente exiliado en Panamá mientras su gente gestiona su traslado a España, debido a su “amistad” con el generalísimo. Como se sabe por boca de uno de sus lugartenientes, esa reubicación costará mucho dinero y habrá que empeñar las joyas de la “Señora” para obtenerlo.
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La “Señora”, tal es el modo en que todos se refieren a ella devotamente en el filme, es, por supuesto, Eva Duarte de Perón. O, más familiarmente, Evita, fallecida en 1952 y dueña de una fortuna en joyas que ahora están en poder de su viudo. Pero no por mucho tiempo. El lugarteniente, interpretado por Daniel Fanego, negocia el préstamo millonario con un joyero de la Gran Vía, pero luego se entera con desazón de que la propia esposa de Franco es clienta de allí y codicia las joyas. Y se sabe que esa otra señora no paga lo que se lleva. ¿La solución? Fingir un robo y que el seguro se encargue, aunque nunca se dirá una palabra sobre las joyas de la “Señora”, que quedarán en custodia hasta que el asunto se olvide. Porque el general tiene un cariño muy especial por ese tesoro heredado de su fallecida esposa y no conviene que se entere de todos estos manejos.
En realidad, ¡Atraco! (palabra muy española por “asalto”) es una comedia que finge seriedad pero que no se puede tomar muy en serio. Principalmente porque los encargados del robo son Guillermo Francella y Nicolás Cabré. El primero se presenta como un devoto servidor del general, incondicional de la “Señora” (a quien nunca se nombra) y muy eficiente en toda labor que acometa. Siempre serio, sabe imprimir humor a contrapelo del personaje porque es un gran comediante y porque logra sacarle el jugo a cualquier papel que interprete. Como su contracara está Cabré, un joven e inexperto que entra en la misión casi por descarte con la frescura propia del inconsciente predispuesto a meter la pata. El dúo tiene química y juega de taquito.
Las complicaciones se presentan cuando Cabré se relaciona con una enfermera (Amaia Salamanca) y establece vínculos peligrosos. El atraco, descuidadamente planificado y con muchos cabos sueltos (como estaba “arreglado”, se dejan de lado precauciones elementales), no resulta como era esperado y desata algunas derivaciones inconvenientes, principalmente con un policía joven deseoso de hacer méritos y otro veterano que preferiría no investigar muy a fondo. Los nervios de Fanego, quien teme que el general se entere del lío, sirven de refuerzo al toque de suspenso que adquiere la trama, en la que en un momento desaparece el humor y las cosas se tornan muy serias.
Hay varias alusiones puntuales que ponen el toque de época necesario. Nunca se ve al general, que suele estar entretenido con alguna bailarina, pese a que en un momento se nombra a una tal “Isabelita”. Y hay que decir que la época está efectivamente muy bien reconstruida con detalle de vestuario, peinados, automóviles, ambientación y música perfectamente recreados.
Además, el elenco está muy bien, todo el mundo actúa con convicción, y lo único que merece reparos es un final algo caprichoso que quiere poner el toque de ironía pero que no cuaja debidamente. Cuatro libretistas se han esforzado en la tarea, pero a veces tantas manos resultan excesivas.
¡Atraco! España-Argentina, 2012. Dirigida por Eduard Cortés. Escrita por Eduard Cortés, Pedro Costa, Piti Español y Marcelo Figueras. Con Guillermo Francella, Nicolás Cabré, Daniel Fanego, Amaia Salamanca, Oscar Jaenada, Jordi Martínez. Duración: 111 minutos.