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Su despacho tiene una estupenda vista al Centro y al ruido de Montevideo, pero Sebastián da Silva dice que es un hombre de campo y rápidamente se ufana de los kilómetros que hace todas las semanas recorriendo el interior del Uruguay. Es senador suplente y dirigente del sector Todos del Partido Nacional, aunque también se define como uno de los productores rurales autoconvocados que encabezan las protestas contra el gobierno. Pese a su notorio rol político afirma que esta manifestación no tiene partidos. Asegura que se trata de una movida “generacional” y que surge espontáneamente de la gente que vio “fundirse” a sus padres en 1982 y que vivió la crisis en carne propia en 2002. “Eso es lo que el gobierno no ve. El reflejo es decir que es la oligarquía versus la clase obrera. Y te puedo asegurar que nadie de los que están al lado de las rutas, de los cuales yo formo parte, se siente oligarca”. Advierte además que si el gobierno sigue sin atender los reclamos del agro, se vendrá “un choque de trenes”. Lo que sigue es un resumen de su entrevista con Búsqueda.
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—Y es una mojada de oreja, sí. ¿Pero por qué? Porque el Frente quedó sin interlocutor con el sistema agropecuario. Al tipo con mayor prestigio —Tabaré Aguerre— se lo fagocitó el sistema, se transformó y terminó renunciando. El MPP no tiene legitimidad moral para hablar con el agro. A José Mujica, su legado como presidente le quita autoridad moral para hablar de eficiencia. Alfredo Fratti, todo Melo sabe que tiene un campo en Paraguay. Daniel Garín fue destituido de la Facultad de Veterinaria por no ir a trabajar. Ernesto Agazzi, cuando era ministro, confundía un campo de soja, porque lo veía verde, con cualquier otra cosa. Es muy difícil. Porque el resto de la izquierda es dogmática y siempre miró al sector agropecuario con desconfianza. Ahí es donde hay un problema que va a culminar, lamentablemente, con un choque de trenes en el momento que envíen la Rendición de Cuentas. Ahí se va a ver claramente la opción del gobierno: dar US$ 7 millones a un sector que genera US$ 9.000 millones en exportación, y lo que le va a dar a los sindicatos compañeros, que va a ser mucho más que eso.
—Bastaba con que dejara sin efecto el aumento tarifario de fin de año para ponerle un poco de agua a este fuego. Acá lo que no se ve es que la popularidad de todas estas medidas se dan por un reflejo generacional de gente que está en el entorno de los 40 años y que siendo gurí vio cómo en 1982 se iban fundiendo sus padres y en el 2002 vivió la crisis en sus primeros años de aleteo económico. No es casualidad que la dirigencia de los autoconvocados esté por los 40 años, son hijos de su tiempo, son los que manejan las redes, saben convocar. Esto no es partidario, es generacional, y están mirando como, más temprano que tarde, pueden estar viviendo lo del 2002 o lo que vivieron sus padres en 1982. Quizá no hipotecando campos, sino entregando al banco una cosechadora, una fumigadora o un tractor. Y eso es lo que el gobierno no ve. El reflejo es la oligarquía versus la clase obrera. Y te puedo asegurar que nadie de los que están al lado de las rutas, de los cuales yo formo parte, se siente oligarca.
—¿Usted se define como un productor autoconvocado?
—Sí, sí, sí. Porque la autoconvocatoria es producto del tiempo en que vivimos. Creo que solo una generación que entiende cómo se comunica en la actualidad puede lograr esto. A Durazno fue la Mesa Nacional de Colonos, que es el eslabón más chiquito de la cadena y la parte más poderosa, que es la Cámara de Industria Frigorífica. Juntos. Y esta manifestación popular, que no puede ser liderada por ningún partido político, es la primera de muchas en una sociedad que ve cómo el Frente Amplio se rifó la bolilla de Max Weber, que hablaba de la ética de la responsabilidad y nunca tuvieron la decencia de decir “muchachos, nos equivocamos”. Nos equivocamos con Ancap, en mantener a rajatabla a un vicepresidente que le mintió al país. Y eso es lo que genera esta reacción.
—Ahora, ¿cómo se desdobla usted de su condición de autoconvocado con la de político, suplente de un senador, dirigente y militante notorio de los blancos? ¿No deja un flanco abierto ahí para que digan: esto está politizado?
—Yo… a ver, de los 365 días del año soy cinco o seis senador. El resto de mi actividad es absolutamente aburrida: es campo, novillos, soja, sorgo, lana. Entonces, es muy difícil querer camuflar algo que no soy. Yo me muestro tal cual soy. Esta empresa tiene 40 años de actividad, trabajo en 11 departamentos de los 19, conozco la realidad agropecuaria por imperio de mi trabajo.
—Bueno, pero tiene un cargo de senador también.
—Y actúo como senador siempre mirando para el mismo lado: pedido de informes sobre gastos excesivos de Presidencia en vacas de pedigree, presentamos el proyecto de ley que propone la única reforma estructural hasta el momento que es la liberalización del combustible, que no tiene objeciones técnicas sino ideológicas. Bueno. Uno trata de hacer en la vida pública lo mismo que hace en la vida privada, que es ganarse el jornal. Entro al Senado, me lo gano. Y ahí voy.
—Una crítica que se le hizo por parte del oficialismo es que, en su actividad privada, cuando en su página web presenta su negocio ante posibles inversores extranjeros, destaca los bajos impuestos, vende al país de una manera que luego no es la misma que cuando lo cuestiona.
—Eso es de buen uruguayo. No puedo traer inversiones genuinas, reales, para darle trabajo a la gente, diciendo que el vicepresidente de la República mintió reiteradamente sobre su formación académica. Eso sería de mal uruguayo. Me debo a mis clientes. ¿Qué les voy a decir? ¿Que en el despacho de Mujica había un intermediario con Venezuela que se enriqueció y se disfrazaba de pato celeste? No sería de buen uruguayo.
—O sea que elige no mostrar lo malo y destacar lo bueno del país. Los bajos impuestos forman parte de lo bueno entonces.
—Lo que nosotros decimos en la página web es esto: una baja carga fiscal. Y cuando hacemos conferencias lo destacamos en comparación con Europa. Querer comparar lo que vale un campo en La Toscana con lo que vale un campo en Paysandú sería una tontería. Sería no atender a los clientes, que es de lo que vivimos. Esto es lo único que me pueden decir. Y con respecto a la transparencia del mercado inmobiliario, el Coneat, que es lo que traduce en tipos de suelo todos los padrones del campo uruguayo, no es un invento frenteamplista, es algo generado por Wilson Ferreira Aldunate. Por suerte solo tienen que criticarme por una página web, no porque debo o porque hice lavado de fondos.
—Usted hace un evento anual donde vienen posibles inversores del extranjero interesados en tierras uruguayas. ¿Observa en esos encuentros que las políticas del gobierno perjudican la llegada de inversiones?
—Sí, por la demanda. Cuando uno habla de los planes de negocio le tiene que dar una rentabilidad a la inversión y ha bajado sustantivamente. No solo bajó por imperio de la política nacional, también por una caída de precios. Lo que sí veo es que un gobierno que se precia de socialista, sabiendo esto, no hace nada por detener la extranjerización de la tierra, sino que la promueve. El doble discurso es tan evidente que eso le pesa al alambrador que hace la vigilia en Blanquillo, al lado de la ruta.
—En convocatoria, en calidad de la proclama, en calidad de gente, me pareció un Uruguay distinto. Es muy difícil que tantos miles de personas se hayan manifestado sin un solo incidente, es un reflejo de un Uruguay distinto al que el Frente Amplio le tiene pánico.
—Se discutió bastante si fueron muchos o pocos los que llegaron a Durazno
–La respuesta está en la actitud del Poder Ejecutivo. El único que mide la importancia de la manifestación fue el presidente de la República, que inmediatamente respondió. El resto es charamusca. Si hubieran sido cuatro gatos locos, habrías tenido a Óscar Andrade organizando una contramarcha acá en Montevideo. Y no lo hizo.