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    Laura Canoura: “A veces se ponen mujeres en los festivales y se las manda a la paliza”

    Poco antes de grabar un nuevo disco, Laura Canoura canta el sábado 11 de mayo en el Centro Cultural Artesano

    Hace tres años Laura Canoura cambió de piel. Dejó atrás el sonido acústico y jazzero del piano que la acompañó por un buen tiempo y armó una nueva banda con tres músicos de excepción, de una generación menor a la suya: el guitarrista y arreglador Juan Pablo Chapital, cultor del blues y del jazz, el baterista Martín Ibarburu y el bajista Nacho Mateu. Tres nítidos referentes en su instrumento. En paralelo se embarcó en una exhaustiva investigación sobre las compositoras uruguayas de canción popular. Ahora se larga a la ruta con un recital en el Centro Cultural Artesano, en Peñarol, el sábado 11 de mayo (entradas en Tickantel). Será el primero de una gira que la llevará a varias salas del país, entre ellas el flamante Teatro Escayola de Tacuarembó. En julio hará una pausa para instalarse en Buenos Aires para grabar su próximo disco, que se llamará La mariposa monarca. Entrevistada por Búsqueda, Canoura destacó su entusiasmo por volver a tocar en el teatro recientemente renovado. “Lo remozaron divino, con una equipación técnica razonable para lo que se necesita en un buen concierto. Buenas luces, buen sonido y técnicos jóvenes con sensibilidad. Además le hace muy bien a un barrio con tanta historia, pero que lamentablemente está en la agenda por las noticias policiales y no por las noticias culturales. Cualquier esfuerzo por revertir esa situación, aunque sea un 1%, es bueno”. Contó cómo se armó la nueva banda, cómo procesó esa inmersión en la canción femenina y de qué va este nuevo disco que está preparando. También dio su opinión sobre la importancia de ser intérprete en un país donde ser compositor es un mandato y sobre la presencia de mujeres en los festivales.

    —Tenés la costumbre de, cada cierto tiempo, cambiar de músicos y de sonido, y llevás tres años con esta nueva banda. ¿Cómo la definís?

    —Son bien uruguayos y muy del mundo también. Son muy abiertos a todo tipo de sonoridades, tienen una cabeza globalizada. El Chapa es un melómano con mucha información musical. Si bien es un instrumentista de guitarra eléctrica, tiene una sensibilidad más amplia y puede adaptar su rol a lo que la música pide. Conmigo no toca lo mismo que con otros músicos ni en sus propios proyectos, que es una guitarra solista propiamente dicha. Conmigo él hace un pívot y cede ese rol protagónico para que lo tome otro músico, o yo misma, que soy el instrumento solista de la banda. El cambio de banda se origina en circunstancias personales porque nos separamos con Andrés (Bedó, pianista y arreglador de su banda anterior). Y siempre que desarmo una banda y armo una nueva trato de buscar una sonoridad bien distinta a la anterior. Durante años el corazón musical de mi banda fue Jorge Nocetti, guitarrista acústico. Después busqué a Andrés, pianista con un encare más jazzero. Y ahora están estos músicos que se conocen de memoria. Tiene que ver con mi espíritu de saltimbanqui eso de andar saltando de Piaf al bolero, después al tango y al pop. Voy de rama en rama y a medida que envejezco más me gusta hacerlo (ríe). En los últimos años también me tiene muy contenta haber vuelto a trabajar con Gerardo Grieco en la producción.

    —¿Y cómo fue la génesis de este nuevo formato?

    —Entre medio de estas últimas dos bandas, en la pandemia, hicimos Cantorcita con Carlos Gómez, un formato íntimo a guitarra y voz. Esa fue la raíz del formato actual porque mi sonido original es la guitarra. El Chapa, Martín y Nacho tocan en trío los martes en Fun Fun, desde hace años. Una noche me invitaron, y la pasé tan bien que lo llamé al Chapa y le propuse armar banda con ellos, primero armar un nuevo show en vivo y luego producir un disco, que vamos a grabar este año. La verdad que los tres concentran todo lo que yo busco en un músico. Y encima conocen muy bien mis canciones desde que eran adolescentes. Además me siento muy cerca de ellos en afinidad musical y en personalidad.

    —¿Cómo fue esa investigación de las cantautoras que hiciste durante la pandemia?

    —Gané un Fefca (Fondo de Estímulo a la Formación y Creación Artística que otorga el MEC) con un proyecto sobre compositoras contemporáneas uruguayas. Desde Vera Sienra a Julieta Rada. Mi proyecto consistió en buscarlas, investigarlas, conocerlas. Me tuve que poner límites porque si vas a Agadu, hay más de mil registradas. En primera instancia fueron 160, a las que escuché exhaustivamente durante un año y medio; de ellas elegí 30, a las que entrevisté por Zoom. Y de ellas elegí 15 para interpretarlas. Grabé las 15 maquetas en mi casa, solo con guitarra y voz. Y lo entregué. Pero lamentablemente ahí quedó, el proyecto está en un cajón en el MEC.

    —¿Pero no tiene una continuidad en tu obra?

    —La tiene porque voy a hacer un disco con algunas de esas canciones, pero no hubo continuidad con ese material entregado, ni con las músicas ni con las entrevistas. De esas 15 elegí siete para incorporar a mi repertorio en vivo. Y estoy muy feliz con eso, porque con estos músicos están saliendo muy bien. A finales de julio viajaremos a Argentina para grabar un disco que incluye canciones surgidas de esa investigación y canciones mías nuevas. Vamos a trabajar con un productor, Ernesto Snajer.

    —¿Qué canciones vas a versionar?

    —¿Qué pasa con estos humanos?, de Vera Sienra; El mar en un andén, de Samantha Navarro; Tierra adentro, de Ana Prada; Calendario amarillo, de Maia Castro; Puntos cardinales, de Carmen Pi, y Si ya no estoy con vos, de Julieta Rada. Para las versiones el Chapa hace el primer boceto, propone la idea original y después le damos forma entre los cuatro. Se forma un ida y vuelta muy rico. Yo nunca había trabajado así, en ese formato colectivo. Cuando podría haberlo hecho, en la época de Rumbo o de Las Tres, no tenía el conocimiento. Es un formato muy gratificante y rejuvenecedor.

    —¿Ya sabés cómo se va a llamar el disco?

    —Sí, La mariposa monarca, que es el nombre de una de las canciones. Grabando Cantorcita, donde decía un poema de Idea Vilariño, descubrí que la palabra hablada tiene tanto valor de peso como la palabra cantada, sin melodía. Cuando empezamos con esta banda saqué del cajón un tema que compuse hace mucho tiempo, llamado Runaway, pero que no cuajó con la banda anterior. Lo armamos, pero llegó un punto en que no nos convencía, le faltaba algo. Y el Chapa me sugirió que recitara parte de la letra mientras ellos seguían tocando. Y ahí me acordé de un poema que tenía escrito similar a la letra de esa canción, que hablaba de ausencias, de exilios, de la gente que se va y de la gente que se queda.

    —¿El poema se llama La mariposa monarca?

    —Sí, y es una historia que tiene que ver con mi familia. Yendo a un cumpleaños de Lola, una nieta de mi hermana Cristina, se me posó una mariposa monarca en mis pies. La tomé con la mano y la llevé al cumpleaños y ahí se quedó, en la mesa. En mi familia hay algo muy místico con todo eso, tenemos historias con gorriones y pásulas con mis padres y con mis hermanas. Y esa vez todos sentimos que esa mariposa era la presencia de mi papá, que había fallecido hacía poco. Fue muy inspirador ese episodio y por eso ahora llevo ese nombre al disco.

    —En estos últimos 10 o 15 años ha surgido un gran movimiento de cantautoras. ¿A qué atribuís este boom de la mujer solista en Uruguay?

    —Hay una gran avidez por expresarse en todos los artistas, y lógicamente en las mujeres, que en sus letras hablan de la amistad, de la hermandad entre mujeres. Yo insisto mucho con el péndulo. En algún momento este empuje no será tan fuerte y veremos qué pasa. Lo que percibí haciendo esta investigación es que hay muchas gurisas que de repente tienen un tema compuesto y se autoperciben compositoras. Lo veo en alumnas mías de canto también. Le dan mucha importancia en seguida a la creación, a la composición, a grabar, a registrar y hacerse socias de Agadu y Sudei.

    —La valorización del intérprete es una de tus máximas banderas…

    —Sí. Porque hay un mandato fuerte en la música uruguaya hacia la composición, y parece que no es tan meritorio dedicarse a ser intérprete. Y tenemos a Brasil al lado como ejemplo, buena parte de sus grandes figuras son intérpretes. Cantantes de la talla de María Bethânia, Gal Costa, Elis Regina, Simone, son en gran medida intérpretes. Acá somos muy pocas las que nos definimos como intérpretes. Yo también soy compositora, por supuesto, y me gusta mucho serlo; pero no me estreso, no tengo una espada encima que me obligue a componer. Tengo mis épocas, a veces me inclino más a un lado y a veces al otro. Pero aquí opera un fuerte mandato. Cuando yo me desarrollé como artista estaba muy mal visto ser solo intérprete. Los popes de la música despreciaban eso. No tenías talla para compararte con los compositores, con los cantautores. Algo ha cambiado, pero mis colegas de generación son casi todos solo compositores. Las mujeres y los hombres. No es sencillo el camino del intérprete. Hay que buscar, investigar, ir para atrás en el tiempo.

    —¿Creés que los nuevos feminismos pueden haber generado la necesidad imperiosa de componer por sentir que las letras del pasado no son representativas?

    —Tal vez algunas mujeres sientan eso. Creo que cuando una empieza a escribir y encuentra la dulzura de poner sobre un papel una letra y una música que es tuya, de lo que primero que hablás es de lo que te toca más de cerca. Describe tu aldea… A mí me pasó: mis primeras canciones hablaban de mi hija, mi madre, mis hermanas, mis amigas. Después levantás un poco la cabeza y empezás a mirar y a hablar de las realidades que ves; no necesitás tenerlas corpóreas al lado tuyo, pueden ser vistas a través de un libro, una película o un recital. Entonces, como conclusión de ese análisis que hice, creo que no todas las que se dicen compositoras hoy en día son compositoras. En muchos casos son mujeres que se interesan por la música, componen una canción y después nunca más agarraron una guitarra para componer. Igual no importa, cualquier vínculo con la música es bueno y poderoso, para autoanalizarse y conocerse.

    —¿Cómo ves el tema de las mujeres en los festivales?

    —Mirá, si hacés un análisis de los festivales de Canelones y Montevideo, se ha notado el efecto de las protestas por la integración de las grillas, de las cuales casi no participé. Y han aparecido muchas mujeres muy interesantes. No así en los festivales del resto del país, donde las mujeres no entramos ni por decreto, ni las nuevas ni las viejas. Entra solo lo más vendeentradas que haya en el momento y punto. Hoy es políticamente correcto poner mujeres en los festivales, pero ojo, hay mucha trampa. A veces se ponen mujeres en los festivales y se las manda a la paliza. Te ponen a las dos de la tarde o te ponen antes del número fuerte y la gente no te da bola porque el público en ese momento no te quiere ver a vos. Hay mujeres que están en un festival, se comen un garrón y no vuelven a tocar. Tengo muchas dudas con la cuota, no sé si es la mejor solución. Creo que mientras los varones colegas exitosos no se comprometan realmente con la causa de que haya más mujeres en los festivales, eso no va a cambiar. Yo les pido: la próxima vez que te vayan a contratar, pedí ver la grilla y preguntá cuántas mujeres van a tocar, y que digas que si no es equilibrada, no tocás. Se lo pido a los que pueden, por supuesto, a los que tienen un respaldo popular que les permite hacer presión y poner condiciones.

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