• Cotizaciones
    domingo 14 de julio de 2024

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    Levrero a cuadritos

    Historietas reunidas de Jorge Varlotta

    En general el público lo conoce como Mario Levrero y lo identifica con el escritor “raro”, que desarrolló un estilo un poco surrealista, un poco onírico en novelas como La ciudad, París, El lugar o en su libro de cuentos La máquina de pensar en Gladys o en su póstuma La novela luminosa. Las obras de Levrero (Montevideo, 1940-2004) tienen ecos de Felisberto Hernández y de Kafka, pero sus influencias no hacen más que reafirmar su peculiaridad narrativa que se alimentó también de la novela policial.

    Además de narrador, Levrero fue columnista en la revista Posdata, y a sus columnas las llamó Irrupciones. También fue librero, fotógrafo, creador de crucigramas y coordinador de un taller literario que lo convirtió en una figura de culto. Pero antes de ser Mario Levrero había sido guionista de cómics que firmaba a veces como Jorge y otras como Jorge Varlotta. De esta forma dividía sus nombres y apellidos (Mario Jorge Varlotta Levrero) en sus dos vertientes creativas.

    Algunas de sus historietas se publicaron en las revistas uruguayas El Dedo, El Huevo y en Insomnia, separata cultural de Posdata. También en las argentinas Humor, Superhumor y Fierro, con textos de Varlotta y dibujos de Lizán (Edgardo Lizasoain), ilustrador uruguayo radicado en Buenos Aires.

    Ahora, Criatura Editora publicó en un solo volumen el conjunto de esta faceta de Levrero en Historietas reunidas de Jorge Varlotta, un libro de casi trescientas páginas, tapa dura y cuidada edición que cuenta con prólogos del músico Leo Maslíah y del dibujante Lizán.

    “La contundencia de los dibujos de Lizán fue el recipiente perfecto para que Jorge chapoteara a gusto en sus recreos libertarios. Creo que las historietas de Jorge y las de Varlotta-Lizán pueden agradar en grado sumo tanto a los levrerianos de la primera hora como a los que necesitan la firma de un autor reconocido”, escribió Masliah en su prólogo. El músico y el escritor se habían vinculado a raíz de un proyecto: hacer un audiovisual de Santo Varón, tira humorística de Varlotta. Del audiovisual —que había sido idea de Antonio Dabezies, director de El Dedo— se concretó solo la banda sonora, pero de ese proyecto frustrado surgió la amistad entre ambos creadores.

    Santo Varón apareció a principios de los años 80. Lizán dibujó a un hombre delgado, pelado y de anteojos, con una nariz tan larga y puntiaguda que parece un pico. Es un dibujo simple, en blanco y negro, muy diferente a los que suelen aparecer hoy en las historietas. “No había muchos medios adecuados para este tipo de construcción gráfica: extensa, de dibujo extremadamente sencillo, diálogos escasos, mucho blanco, demasiados silencios y momentos en los que en apariencia no pasaba nada”, explica el dibujante en el prólogo.

    El personaje de nariz puntiaguda está siempre en una calle indefinida, esperando que alguien aparezca. “No hay más que pararse en cualquier lado para que le pregunten a uno cualquier cosa”, dice. Y efectivamente, se le acercan personajes que le preguntan por direcciones, por personas, por cuentas matemáticas, por amores perdidos. Una vaca le pregunta por el matadero, el diablo por la venta de su alma y hasta una imagen de sí mismo le pregunta de dónde se conocen. Y Santo Varón responde y suele caer en algún equívoco del que surge un humor absurdo y muy divertido, al estilo de Masliah, quien, justamente, aparece en una de las tiras.

    De la dupla Varlotta-Lizán también surgió la historieta Los profesionales, publicada originalmente en Humor y Fierro. Los cuadritos están más “cargados” de dibujo y texto, pero mantienen el blanco y negro y las figuras de nariz puntiaguda. Los personajes son tres ladrones: Jeff, Mutt y Boss, que, obviamente, es el jefe. Ellos planifican con minucia sus atracos, pero siempre terminan fracasando porque Mutt es medio “lento” para entender las instrucciones o porque todos se enredan en situaciones ridículas. Jeff es el más sabiondo y siempre quiere explicar algo mejor que Boss. Por ejemplo, le intenta hacer entender a Mutt que “hacer de campana” es una metáfora. Entonces recibe una orden de su jefe que de tan repetida es una muletilla: “Calla, Jeff”.

    Especialmente graciosa es la tira en la que entran a robar en una casa a oscuras. En cada cuadrito, de fondo negro absoluto, solo se ven los diálogos en letras blancas y los gritos que pegan los personajes cuando se golpean contra los muebles. Finalmente, terminan forzando la heladera en lugar de la caja fuerte.

    “En ocasiones, ante inesperados comentarios de mi parte o alguna opinión irreflexiva, Jorge remedaba un gesto de teatral amonestación; entonces, con impostada seriedad, me aplicaba un frecuentado latiguillo de Boss: ‘Calla, Lizán’”, cuenta el dibujante en su prólogo al recordar las simulaciones que hacían de la historieta.

    Fechados en 1972 son los dibujos firmados como Jorge, que integran El infierno de la vista. El propio Varlotta lo describió como un “Álbum especial del Infierno”. Allí aparecen figuras realmente diabólicas, con grandes lenguas y penes que se enrollan en cuerpos deformes. “‘Ese sos vos’, dijo Ricardito. ‘Sí’, respondí yo. ‘Qué asco’, respondimos todos”: este es el diálogo que antecede al dibujo de un gran pulpo con protuberancias, dientes y patas con dedos que supuestamente representa a Varlotta. Un verdadero asco.

    Jorge también firma la historieta La verdadera historia de el Llanero Solitario. El personaje es un elefante que lleva un antifaz y sombrero de cowboy. Él vive varias aventuras, pero son demasiado tranquilas para ser un justiciero. “Tengo una memoria de elefante. Sin embargo a menudo me olvido de desenchufar la plancha”, dice el personaje, que suele acordarse de la plancha en los momentos más insólitos, como cuando está en la playa. Los elefantes parecían gustarle especialmente a Varlotta. De 1967 es De los elefantes y sus aconteceres, con dibujos de trazos muy elementales y textos en letra manuscrita.

    En los tempranos años 70 surgió Las aventuras del ingeniero Strúdel, tal vez la tira más surrealista y más difícil de entender. “Quería hacer una historieta que más bien pudiera verse como un todo, de un solo golpe de vista. (…) Es decir, estaba pensando en términos plásticos, quería que pudiera mirarse como un cuadro”, escribió Mario Levrero para Insomnia, donde en el 2000 se publicó este cómic. Con textos al derecho y al revés, a veces ilegibles, la historieta tiene frases tomadas de autores clásicos y el resultado es tan complicado que se vuelve solo recordable por lo extraño. Para estas Historietas reunidas se agregó un pequeño suplemento que lleva el título Nuevas aventuras del ingeniero Strúdel, el único material a color de todo el libro.

    “Varlotta no era solo un hombre talentoso, sino también y esencialmente uno muy, muy generoso, no solo a la hora de elogiar la obra ajena. A quien supiera ver y escuchar, regalaba, sin estridencias, pistas sutiles de cómo interpretar el mundo, deslizadas en comentarios irónicos, de una mordacidad amable sobre las personas”, escribió Lizán en recuerdo de su amigo.

    Historietas reunidas es un libro valioso no solo por la obra de dos grandes creadores, sino por registrar en un solo tomo la forma de hacer humor gráfico en una época aún no tan lejana, en la que florecían revistas, dibujantes y guionistas. Y allí estaba el señor Varlotta, el otro Levrero.

    Vida Cultural
    2017-01-05T00:00:00