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Mientras la vuelta a la presencialidad asoma en el horizonte en Secundaria y UTU (proyectada de forma escalonada a partir del 12 de julio), y avanza la vacunación de adolescentes de entre 12 y 17 años, persisten los problemas “prepandémicos” asociados a la oferta educativa, agravados con el aprendizaje virtual. Esos problemas se expresan en “altos niveles” de desmotivación estudiantil respecto a un sistema educativo “en jaque”, que continúa lejos de alcanzar los objetivos de finalización de los 12 años de enseñanza obligatoria, lo cual profundiza la segmentación socioeducativa en el país.
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Este panorama surge de un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) que recoge la experiencia de los adolescentes y jóvenes en Uruguay, y comprueba que el Covid-19 “ha profundizado las enormes desigualdades” entre los sectores más y menos fortalecidos, al tiempo que vaticina “consecuencias insoslayables” en el plano educativo, político y social.
“La pandemia ha dejado en evidencia que es imperiosa y necesaria una reforma en la educación media que promueva una sociedad más cohesionada, garantizando la equidad en el acceso y el recorrido de las trayectorias educativas”, concluye el estudio, que recoge la voz de decenas de estudiantes en actividad y también de jóvenes que han transitado por el sistema educativo con rezago y abandono.
“La existencia de un sistema que no los convoca desde un lugar más conectado a los deseos, intereses, motivaciones y aspiraciones de los adolescentes tiene altas chances de seguir fracasando en sus intentos de retenerlos y conseguir la culminación del ciclo”, sobre todo a aquellos que carecen de apoyos e incentivos familiares fuertes, concluyeron las autoras de la investigación, Laura Rivero y Daiana Viera, ambas coordinadoras de Nómade Comunidad Consultora.
En Uruguay la mayoría de los estudios se apoyan en datos cuantitativos del sistema y “no tanto en reflejar la voz y la experiencia de los jóvenes”, destacó a Búsqueda Rivero, consultora de la División de Desarrollo Social de la Cepal, al comentar el informe, cuyo enfoque metodológico es de carácter cualitativo, centrado en las vivencias de alumnos de 12 a 23 años de educación media de centros educativos públicos y privados de todo el país.
Concatenación de fracasos
En términos de logros educativos, Uruguay perdió posiciones relativas con respecto a la región y al mundo en las últimas décadas. Mientras que el 84% de jóvenes y adolescentes europeos completó al menos la secundaria superior, en América Latina el promedio es 49%, en tanto en Uruguay el promedio desciende a 39% y, aunque con fluctuaciones, se ha mantenido constante por un período extenso.
La mitad de la población de 23 años había abandonado el sistema educativo antes de finalizar la educación obligatoria en 2018, y un alumno del quintil más rico de ingresos tiene cinco veces más posibilidades de terminar educación media que otro del quintil más pobre, un fenómeno que, según el estudio de la Cepal, la pandemia agravó.
Desde el plano académico, “el abandono escolar es generalmente el punto final de una larga concatenación de fracasos”, pero “la repetición de uno o dos años aparece en casi todos los casos como un potente predictor de abandono”, indicaron las investigadoras en su informe. Insistieron en que la falta de sentido y motivación es “la razón fundamental” esgrimida por estos jóvenes para dejar de estudiar.
También hay factores asociados a estados anímicos, falta de ganas, inmadurez, poca tolerancia a la frustración e impulsividad que aparecen en los discursos de los jóvenes que abandonaron el sistema. Otro factor que está en la base de algunos abandonos se relaciona con la inserción temprana de los jóvenes en el mercado laboral, sobre todo entre los varones.
Foto: Nicolás Garrido / Búsqueda
Segmentados
La investigación de la Cepal evidencia que la oferta de educación media está “ampliamente segmentada” y que en ciertos casos se traduce en “verdaderos fenómenos de segregación”, siendo la diversificación entre el subsistema público y privado el mecanismo de segmentación más relevante hallado en el estudio.
Los estudiantes que concurren a liceos privados suelen valorar esta opción como un “privilegio” que los posiciona en un punto de partida “superior” al de sus pares que asisten a la educación pública. Las ventajas refieren a la calidad educativa, la fuerte concurrencia docente (frente al ausentismo en el sistema público) y el acompañamiento más cercano del centro privado.
“Yo fui al liceo privado primero. Veo una grieta muy grande entre ambos. En el liceo privado te llaman hasta porque te olvidaste de llevar el pantalón deportivo. Y en el público, podés estar afuera en la puerta, tomando cerveza y fumando porro y nadie hace nada”, contó un alumno de bachillerato, según el informe.
Asimismo, el estudio destaca que el liceo continúa siendo la opción más elegida y menos “problematizada” por los alumnos, mientras la educación técnica se devela aún como depositaria de “prejuicios” sobre la capacidad de los jóvenes, pese al crecimiento de la matrícula de UTU en los últimos años.
A su vez, la elección del centro está cada vez más segmentada por la inseguridad, asociada al consumo de marihuana dentro y fuera de los centros educativos, a la venta de drogas en sus inmediaciones y, principalmente, a los problemas de convivencia y violencia entre jóvenes de barrios no necesariamente de “zonas periféricas o marginales”, contó Rivero a Búsqueda.
Efecto pandemia
A partir del 13 de marzo de 2020, el gobierno exhortó al confinamiento voluntario, los centros educativos cerraron sus puertas y comenzaron a impartir clases virtuales. La extensión de la pandemia derivó en lo que algunos jóvenes califican como bajón, tristeza y angustia, estados anímicos que conspiraron en contra de la continuidad de las clases.
Las investigadoras dijeron a Búsqueda que la pandemia agudizó las diferencias pedagógicas entre el circuito público y privado de la educación durante 2020, y señalaron que estas llegaron a ser “abismales”. “Los alumnos de los colegios te hablan de un intenso contacto con sus profesores, y sus pares del sistema público en general relatan que la virtualidad estuvo supeditada al compromiso de cada docente”, dijo Rivero.
El estudio comprobó que “muchos docentes estuvieron completamente ausentes” de los circuitos de enseñanza virtual, ni por videoconferencia ni enviando tareas, y advirtió que el abandono escolar en el subsistema público de media podría haberse incrementado en “forma significativa” durante la pandemia.