Lo que el Graf Spee nos dejó

Lo que el Graf Spee nos dejó

Emma Sanguinetti

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Nº 2233 - 13 al 19 de Julio de 2023

Domingo a las tres de la tarde y el Centro de Montevideo es un desierto. Todo está quieto y en silencio salvo en el interior de la casa de subastas Zorrilla, en donde entra y sale gente de manera constante. Un padre con dos adolescentes, una pareja de cierta edad, dos o tres solitarios cuarentones, alguno más que peina canas. Todos están allí para ver los objetos del próximo remate en el que, entre sables y katanas japonesas, tallas religiosas y platería gauchesca, destaca una excepcional colección de objetos y documentos pertenecientes al acorazado alemán Admiral Graf Spee y a los episodios posteriores a la batalla del Río de la Plata ocurrida en nuestras costas el 13 de diciembre de 1939 (*).

El conjunto consta de 30 lotes y es de variada naturaleza y envergadura; hay desde un par de prismáticos de uno de los cinco telémetros a variadas válvulas del motor; desde un par de guantes de desfile a un gabán con los botones originales y la etiqueta bordada que nos dice que perteneció al Maschinen Obergefreiter (cabo maquinista) Gottfried Link, tripulante del acorazado que fuera gravemente herido durante el combate.

La gente camina entre las piezas y mira con curiosidad, sobre todo los jóvenes, que asombrados se detienen ante la gran maqueta del acorazado de más de un metro ochenta de largo y de madera tallada y policromada, probablemente construida por el cabo Helmuth Grunow. Otros se detienen en los documentos, como por ejemplo un tarjetón impreso y manuscrito en español y alemán expedido por el Ministerio de la Marina argentina que autorizaba al prisionero Otto Lang, suboficial del Graf Spee, a una salida transitoria durante su estadía en la isla Martín García el 21 de febrero de 1941; o en la edición inglesa de El drama del Graf Spee y la batalla del Río de la Plata de Sir Eugen Millington Drake, embajador de Inglaterra en Uruguay en el crítico momento del combate. No es para menos, es una primera edición autografiada por el autor, los comandantes de los cruceros ingleses participantes (los HMS Exeter, Ajax y Achilles) y varios oficiales alemanes.

En realidad, lo que sucedía en esa tarde de domingo no era otra cosa que el encuentro con la historia, ese momento en el que el pasado llega hasta el presente, se materializa, y lo lejano y abstracto se vuelve real, vívido, tangible.

Claro que la historia tiene sus propios códigos; un sujeto puede ser consciente de que está escribiéndola o no, pero los objetos que lo acompañan serán siempre espectadores de la experiencia y tendrán la capacidad de renacer con toda la contundencia del testimonio. Es por eso que significan, incluso cuando son símbolo del horror como es el caso de la oprobiosa esvástica nazi, porque los objetos no son nunca inofensivos, aunque estén sujetos a la pasividad de lo inanimado. Hablan, dicen, vociferan, y su eficacia como testimonio radica en nuestra capacidad para comprender y asimilar su poder evocador. Y sin duda, en este caso, su fuerza es de alto voltaje.

La batalla del Río de la Plata fue el primer combate naval de la II Guerra Mundial, el único que ocurrió en nuestras tierras y quizás el único que nos tuvo como reales protagonistas de la historia universal. A su vez está el contexto: Alemania se abría paso a sangre y fuego tras la invasión de Polonia, Rusia —pacto Ribbentrop-Mólotov mediante— invadía Finlandia y el Graf Spee hundía con una eficacia de aplanadora los buques mercantes aliados. Es así que lo ocurrido en esta parte del mundo jugó un rol excepcional y la lista de singularidades es larga; la firme posición del gobierno uruguayo, las tensas negociaciones diplomáticas, el entierro de los muertos, el destino de los sobrevivientes y, por supuesto, la voladura y el hundimiento del buque y el posterior suicidio de su capitán Hans Langdorf en Buenos Aires.

La casualidad quiso que la subasta coincidiera con el anuncio presidencial del destino del águila del Graf Spee y su consecuente marcha atrás, por lo que vale aclarar que estaba programada meses antes del tropezón gubernamental. De todos modos, cabía pensar que la coincidencia contribuyera al alza de los precios, pero no fue así. De los 30 lotes se vendieron 15 y solo uno (la maqueta) superó la estimación.

Ahora, si la historia tiene sus códigos, también tiene sus vueltas; el 8 de diciembre de 1914 en los albores de la I Guerra Mundial se enfrentaron una poderosa escuadra alemana con otra británica que fondeaba en las Islas Malvinas. El combate culminó con la derrota alemana, la destrucción de todos sus barcos y la muerte de 2.200 marinos alemanes. Entre los muertos estaba su comandante, el conde (reichsgraf) Maximilian von Spee y sus dos hijos, Heinrich y Otto. Veinticinco años más tarde, en otra guerra pero en un mismo mes de diciembre y en las mismas aguas del Atlántico Sur, el barco que honraba su nombre seguía su mismo destino. Sin duda, la historia tiene sus vueltas.

(*) La subasta se llevó a cabo el viernes 30 de junio y sus resultados se pueden consultar en Platería criolla, militaria y documentos históricos: www.zorrilla.com.uy