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    Lo que se ha visto del “caso Ancap” es “solo una pequeña parte” de “todo lo que hay”, advirtió el director blanco de la petrolera

    Desde el oficialismo “falta un reconocimiento real” de que hubo diez años con “muchos errores”

    Diego Labat elige cuidadosamente las palabras que usa. Se toma un tiempo entre comentario y comentario, y en pocas ocasiones utiliza adjetivos o frases “de impacto”. Quizás esa manera de comunicarse marque la pauta de lo que ha sido su posicionamiento dentro del Directorio de Ancap, donde es el único integrante de la oposición. Labat dice que no es partidario de “pegar por pegar” y que reconoce el “esfuerzo” de los directores oficialistas en tratar de mejorar la empresa y superar “muchos de los problemas” que “heredaron” de administraciones pasadas.

    El director por el Partido Nacional de la petrolera estatal comparte la “intención” de superar estos problemas pero, de ser mayoría, habría optado por “otras soluciones”, como hacer reestructuras más profundas en sectores deficitarios o liberar la competencia en la importación de combustibles, aun con el riesgo de que Ancap “se vaya a la B”.

    También se opone a la suba de tarifas en los combustibles: “La variable central que mide si la gestión de Ancap es buena o mala es la tarifa de combustibles. No hay vuelta. La realidad es que hoy tenemos tarifas caras y desde el oficialismo se tiende como a abroquelarse y decir que no es culpa de Ancap y lo cierto es que hay parte que sí: desde los negocios deficitarios que están cargando la factura hasta la toma de varias decisiones”, dijo Labat en entrevista con Búsqueda.

    El jerarca cuestiona que el nuevo directorio, a pesar de que trabaja para dejar atrás los problemas de gestión, comete “una falla muy importante” que es “la falta de reconocimiento de los errores que se cometieron” en los “últimos diez años”.

    “Lo que se ha visto del ‘caso Ancap’ es solo una pequeña parte de todo lo que hay. Hubo muchas denuncias más, pero en muchos casos carecían de métodos para comprobarlas. Se tardará mucho tiempo en recomponer a la empresa en su conjunto, tanto en aspectos financieros como en el clima interno”, agregó.

    Esa “falta de reconocimiento” desde el gobierno hacia el público en general y a la interna de Ancap “no permite cerrar el tema completamente”, asegura. “Hay gerentes y actores de Ancap que siguen entendiendo que eso fue un buen proceso”, añadió.

    —En la presentación del balance semestral la ministra de Industria, Carolina Cosse, lo mencionó directamente como el “ejemplo” de que se puede “pensar distinto” e igual “trabajar juntos”. ¿Lo comparte?

    —Lo que le reconozco a la ministra y al Directorio de Ancap es que han intentado trabajar y superar muchos de los problemas que Ancap heredó de los períodos pasados. Reconozco esa capacidad de trabajo. Yo elegiría soluciones diferentes. Con la aseveración estricta de la ministra coincido: hemos podido trabajar con reglas de juego compartidas, no con soluciones compartidas. Si bien compartimos la intención de superar los problemas heredados, creo que a nivel conceptual hay una falla muy importante que es la falta de reconocimiento de los errores que se cometieron. Uno de los pasos necesarios para superar los problemas de Ancap es el reconocimiento de los errores del pasado, y eso no se ha hecho. Los diez años anteriores de Ancap fueron muy malos desde todo punto de vista y eso no fue reconocido. La gestión fue muy mala, los resultados de esa gestión terminaron siendo muy malos. Al principio parecía una cosa muy linda pero terminaron siendo tan malos que el Estado uruguayo tuvo que poner US$ 620 millones, cambiando al directorio. Entonces por la vía de los hechos se terminó reconociendo pero no existió un reconocimiento formal y real y eso nos congela en las mejoras.

    —¿También fueron malos los controles? ¿Cómo pudieron pasar tantos años sin que saltara alguna alerta?

    —Fue un combo para una tormenta perfecta. Hubo un error de diagnóstico de por dónde pasaban los problemas de Ancap, se pensaba que era la falta de inversión. Había un gobierno corporativo muy débil, sin gerente general, sin adecuados controles en las subsidiarias y a esto se le suman dos cosas: las expectativas políticas de los directores oficialistas y la disponibilidad de recursos que parecía que sobraban por la caja gigantesca que tenía Ancap con el acuerdo con Venezuela. Si faltaba cualquiera de esas cuatro cosas no se daba lo que se dio. Si a vos te faltaba esa caja financiera podrías tener muchas ganas de ser presidente de la República pero no lo ibas a conseguir. ¿Qué se ha hecho con el cambio de directorio? Se han tratado de mejorar todas estas fallas y eso lo reconozco: el trabajo por solucionar y las ansias de superar esto. Insisto que son recetas distintas. Yo iría por caminos distintos a los elegidos.

    —¿En qué aspectos puntuales coincide con la política del oficialismo y en cuáles discrepa?

    —El saneamiento financiero que se realizó es bien razonable y apropiado. La austeridad con la que se ha trabajado también. Las mejoras en los controles fueron buenas, pero sin dudas falta muchísimo. También mejoró la organización de la empresa y su estructura. Todo esto son cosas básicas que tiene que tener cualquier empresa y que Ancap no las tenía.

    En qué no concuerdo: en todo el proceso de la regasificadora, que ahora está en vías de cerrarse pero que se prolongó innecesariamente y con un gasto innecesario. Esto forma parte de ese comportamiento donde cuesta reconocer los errores. Tampoco compartí las decisiones sobre cómo se cerró el proceso en Argentina con Carboclor. Hubiera preferido cumplir con todas las obligaciones y no hacer el proceso de liquidación que se hizo. No acompañé la ida al concurso. Muchos de los procesos de reestructura han tenido negociaciones con los sindicatos, concesiones que yo no comparto.

    —¿El negocio del portland es un ejemplo de esas negociaciones sindicales?

    —Algunas de ellas se dieron ahí. Hubo acuerdos que dilatan en el tiempo reestructuras necesarias. Algunas veces acompañé igual con mi firma porque entendí que era la mejor solución posible para el caso dado. Pero sin dudas yo hubiera actuado diferente. Se logró un montón en el sector del portland. Tengo mis dudas que si no profundizamos más las reestructuras iniciadas lleguemos al equilibrio financiero en el sector. Probablemente haya que hacer más incentivos para retiros anticipados, repensar algunos mercados... Se han hecho buenas cosas, pero no nos garantiza llegar a buen puerto.

    —Las tarifas de combustible también han sido tema de discrepancias. ¿Cuál es su visión al respecto?

    —No fuimos por el buen camino con el tema tarifas. La variable central que mide si la gestión de Ancap es buena o mala es la tarifa de combustibles. No hay vuelta. La realidad es que hoy tenemos tarifas caras y ahí desde el oficialismo se tiende como a abroquelarse y decir que no es culpa de Ancap y lo cierto es que hay parte que sí: desde los negocios deficitarios que están cargando la factura hasta la toma de varias decisiones. Después es cierto que hay elementos como los tributarios que escapan a la empresa, pero eso no significa que no queden cosas para hacer en Ancap que permitan bajar las tarifas que hoy subsidian otros negocios. Hay decisiones que se tomaron en ese directorio que no tienen efecto inmediato pero que van a ayudar a bajar las tarifas. Crear un comité de auditorías no baja la tarifa, pero seguro que si hubiese existido antes no se habrían tomado algunas decisiones y hoy tendríamos tarifas más baratas. Tenemos que ver por el cliente. ¿El cliente está pagando tarifas caras o baratas? Entonces queda mucho por hacer aún. Hay que mejorar el gobierno corporativo de las subsidiarias. Yo era partidario de tener directores independientes en las subsidiarias. Al final se optó por no tener directores de Ancap en esas compañías, es un punto medio. Es mejor que lo que había pero se puede hacer más. Hay que mejorar la gestión de Ancap para que no sea dependiente de las personas.

    —¿No le ayuda a Ancap el monopolio de importación de combustibles?

    —Para nada. Tener un regulador fuerte te hace ser más cuidadoso y mejor. Lo mismo pasa con la competencia. En el largo plazo es preferible competir, incluso en la importación de combustibles. Si no, pasa como con los cuadros uruguayos: ganan el campeonato interno pero no pasamos de la primera ronda afuera. La competencia le haría bien al consumidor final, eso es lo que tenemos que ver.

    Pero esa competencia implica el riesgo de que Ancap “se vaya a la B”...

    —Y sí. Pero vender solo amparado en el Estado... Hace unos meses el gobierno promovió un decreto para que las obras públicas se hagan con cemento de Ancap. Uno podría pensar que está bien, pero no lo está. En el largo plazo esto me achancha y no me esfuerzo por brindar un buen servicio. No podemos olvidar que Ancap tiene una función marcada por ley, una razón de existir y uno tiene que ser muy fiel a esa razón y no ampararme en vericuetos para subsistir. Ancap puede operar en un marco de competencia y en ese marco estoy convencido de que tendríamos una mejor Ancap.

    —¿Sigue afectando el “caso Sendic” a Ancap o es un tema cerrado?

    —Lo que se ha visto del ‘caso Ancap’ es solo una pequeña parte de todo lo que hay. Hubo muchas denuncias más, pero en muchos casos carecían de métodos para comprobarlas. Se tardará mucho tiempo en recomponer a la empresa en su conjunto, tanto en aspectos financieros como en el clima interno. Hacia afuera obviamente fue un terremoto y el clima interno no ha sido el mejor. Algo ha mejorado, no puedo predecir cuánto va a demorar, pero falta. En gran medida es por la falta de ese reconocimiento oficial de que se cometieron muchos errores. Si Ancap está como está hoy es por todo lo que se hizo en los últimos diez años. Esa falta de reconocimiento desde el gobierno hacia el público en general y a la interna de Ancap no permite cerrar el tema completamente. Hay gerentes y actores de Ancap que siguen entendiendo que eso fue un buen proceso. Una forma de que sea un poquito más rápido este proceso de recomponer es reconociendo ese error. Lo que pasó en esos años fue malo para Ancap, para el país y para los consumidores. He tratado de ser muy cauto en estos temas porque todo esto lo tiene que definir la Justicia. Mi silencio no quiere decir que yo convalide lo que se hizo. ¿Seguirán saltando cosas? Hoy no lo puedo decir. Actualmente no hay investigaciones en curso. Hay muchos temas que se discutieron en la comisión investigadora que en mi fuero íntimo me dejan muchas dudas.

    —¿Le exigen una postura más combativa en su partido?

    —He tratado de ser coherente y consistente en mis posiciones. Uno nunca logra la coherencia total. Pero una cosa es acompañar una negociación puntual que trae una mejora y otra es ser complaciente. No soy partidario de pegar por pegar. Me siento respaldado tanto por (Luis) Lacalle Pou como por todo mi partido. Fui a rendir cuentas cada vez que me lo pidieron y nunca me pidieron algo así.

    Información Nacional
    2018-09-27T00:00:00

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