—Me involucré por pedido del gobierno y me vi arrastrado en un problema que me era ajeno, hacia una situación en la que no tenía nada para ganar. Nosotros pensábamos que seríamos parte de la solución pero quedamos envueltos en el problema y a partir de ahí una cosa nos fue llevando a la otra con un vértigo tal que nos indujo a tomar malas decisiones. Y no: no quería ni más aviones ni hacerme cargo de Pluna. No me interesaba. Durante el gobierno anterior ya había hecho un acercamiento por Pluna, también a solicitud del gobierno, pero desistí.
—¿Qué “malas decisiones” adoptó?
—La primera mala decisión fue haber dejado de insistir en nuestra oferta de arrendamiento por los aviones. Esa hubiese sido la mejor solución para Uruguay, aunque entiendo que no era una solución completa desde el punto de vista político ya que no resolvía el problema de dejar expuesto al Estado por haber garantizado el crédito de Pluna. Pero si nosotros hubiésemos arrendado los aviones se hubiesen evitado muchísimos problemas y se hubiera ahorrado mucho dinero.
—¿Pero no dice que no le interesaba Pluna?
—¡Claro que no me interesaba! Lo que ocurre es que, tal como se dieron las cosas, llegó un momento en que surgió la idea de que BQB arrendara al Estado los aviones de Pluna para salvar la situación. Eso ocurrió en el marco de las permanentes y extensas conversaciones que mantuvimos con el gobierno, a su pedido.
—De todos modos, la opción del arrendamiento no fue aceptada por el gobierno. Frente a la deuda de 137 millones de dólares, su oferta lucía muy baja: apenas U$S 500.000 por mes...
—...creo que eso es un error. Nuestra oferta de U$S 500.000 mensuales era insuficiente para pagar el monto de las cuotas del crédito por la compra de los aviones. Eso es cierto. Pero de ninguna manera era baja. Nosotros hicimos esa oferta por el alquiler de unos aviones tasados en U$S 70 millones y no por bienes de capital de U$S 137 millones. Asumir U$S 6 millones por año, más el costo de poner en condiciones los aviones y asumir el riesgo de su operativa, era un esfuerzo muy grande para nuestra empresa. Recuerde que esos aviones fueron comprados a puro crédito, negociados por privados y con la garantía del Estado. Le pongo un ejemplo: si yo mañana compro un auto todo a crédito, todo en cuotas, por U$S 20.000 con intereses incluidos, luego uso el auto, le hago poco mantenimiento, dejo de pagar el crédito, dejo de usar el auto y usted me propone alquilarlo. Usted lo hace tasar y le dicen que vale U$S 10.000 pero yo le digo que el precio de alquiler tiene que ser como mínimo el valor de las cuotas que debo por el crédito del auto cero kilómetro y hasta terminar de pagarlo. ¿Usted qué haría? No alquila mi auto porque lo que le estoy proponiendo es disparatado y se busca otro que le proponga un alquiler normal.
—Vuelvo un poco hacia atrás. Usted dice que el negocio de Pluna le era “ajeno”, que no le interesaba, y sin embargo ahora está hasta el cuello con el asunto. ¿Cómo se explica esto?
—Yo le digo la verdad. Fui arrastrado a este asunto por pedido del gobierno y quedé en medio de una maraña actuando de buena fe. Durante mi trayectoria como empresario siempre he hecho las cosas de a poco. Incorporar siete aviones de golpe —aviones que, por otro lado, desde mi punto de vista no eran los adecuados para la función que debían cumplir— no es mi forma normal de proceder. Yo no quería comprar esos aviones, ya tenía a BQB comprometida en un plan de incorporación de aviones y le repito: todo el problema de Pluna me era totalmente ajeno.
—Antonio Álvarez Hernández, principal de Cosmo, ha dicho públicamente que usted lo usó como testaferro para que él comprase los aviones y luego usted se los compraría a él a mitad de precio y le pagaría una comisión de U$S 13,7 millones. Y dice que tiene cómo probarlo...
—...mire, eso es tan ridículo que me cuesta creer que se lo tomen en serio. Si Cosmo hubiese seguido adelante con su oferta de compra, los aviones seguirían prendados hasta que no terminara de pagarlos. Entonces, ¿cómo podría comprárselos si estarían prendados? Pero además, si los aviones estaban tasados en U$S 70 millones, ¿cuál era el negocio de pagarlos a U$S 137 millones más una comisión de U$S 13,7 millones? Si hubiera querido comprarlos en U$S 70 millones, hubiera sido mucho más sencillo participar en la subasta a la baja. ¿Cuál podría ser el beneficio para mí en usar un testaferro? El tema es que a mí esos aviones no me interesaban. Es tan simple como eso.
—¿Y entonces por qué le pagó medio millón de euros a Álvarez Hernández? ¿Qué compromiso tenía con él?
—Ningún compromiso. Pero, en determinado momento, el gobierno nos planteó que nosotros le adquiriéramos el boleto de compra de los aviones a Cosmo, para terminar con la situación que se había generado. Fue así que le planteé a Hernán Calvo la compra de ese boleto. En medio de ese proceso, ya hecho público, hubo manifestaciones muy violentas contra la posibilidad de que BQB se hiciera cargo de los aviones, lo cual nos hizo desistir. Entonces empezamos a ser presionados por Cosmo a raíz de sus penurias financieras y, para evitar posibles responsabilidades judiciales, decidimos hacerle un préstamo a Cosmo por esa cifra. El préstamo fue perfectamente documentado y cuando en abril de 2013 venció y Cosmo tenía que empezar a pagar, comenzaron las presiones y las amenazas de extorsión, a las cuales no cedí y por las cuales presenté una denuncia penal.
—Hay otro aspecto respecto a su eventual interés en la compra de los aviones de Pluna. Si la hubiera concretado, se quedaba con sus frecuencias, ¿o no?
—Esa es otra de las cosas que se dicen que tampoco tienen sentido. BQB ya estaba volando y tenía su plan de negocios en marcha. Y las rutas eran de BQB de pleno derecho. Si la subasta se declaraba desierta, BQB quedaba como la única aerolínea de bandera uruguaya. ¿Entonces? ¿Qué iba a pasar con las frecuencias? ¿Me va a decir usted que el Estado Uruguayo iba a preferir perderlas y, contrariando el derecho, negarle más frecuencias a BQB? ¿Con qué sentido? Además, cuando se produjo la subasta, Aerolíneas Argentinas ya había ocupado todas las frecuencias rentables y, lo más importante, los slots de Aeroparque. Yo hago negocios arriesgando mi capital. Mis créditos están todos sobregarantizados. Nunca le pedí al Estado, ni a nadie, que saliera de garantía de mis emprendimientos. Esas cosas son las que indican que la crisis del capitalismo es una crisis moral. No es admisible que empresarios insolventes hagan negocios con garantías ajenas.
—¿La intermediación de Cosmo no le servía a usted para sacarse de encima la obligación de contratar al personal de Pluna?
—Esa es otra afirmación sin sentido. El Grupo Buquebus tiene 1.800 empleados por lo que estamos muy acostumbrados a gerenciar recursos humanos. Si arrendábamos los aviones, necesitaríamos contratar a personal de Pluna. ¿Usted tiene idea de lo que cuesta formar personal? Ahora, tampoco íbamos a contratar más personal que el necesario sencillamente porque el exceso de personal hace inviables a las empresas y entonces los trabajadores se quedan sin trabajo. Ningún empresario solvente construye empresas inviables. BQB hoy tiene más de 200 empleados y estamos operando con cuatro aviones. Ya hemos pagado la mitad de esos aviones y, si bien todavía no tenemos las utilidades que quisiéramos, los números son los previstos.
—¿Cómo era su relación con el gobierno antes de que todo esto se fuera de madre?
—Mi relación con el gobierno siempre ha sido buena. Como con todos los gobiernos. Buquebus es una empresa multinacional uruguaya que, por su tamaño e importancia, siempre está dependiendo del poder del Estado. Por lo tanto, es de buena administración tener un buen relacionamiento con las autoridades de gobierno.
—Permítame detenerme en este punto. A usted no le escapará que Buquebus y su propia persona son muchas veces vistos como “camaleones”, porque se hacen “amigos” de los gobiernos, cualquiera sea su orientación política o ideológica. Y que se aprovechan de esa situación para obtener “favores” del poder. ¿Qué dice usted ante eso?
—Le digo dos cosas. La primera, que es verdad que siempre hemos tratado de mantener buenas relaciones con todos los gobiernos, sin importar su ideología. Como le dije recién, es de buena administración empresarial hacer eso. La segunda, nunca recibimos “favores” de ninguno de ellos, si por eso se entiende algo ilegal, indebido o inmoral.
—¿Y usted no ha puesto plata en las campañas electorales?
—Sí, como muchísimos empresarios. Y sin preferencias por ninguno de los candidatos.
—Pero los colorados y los blancos se quejan de que en las últimas dos elecciones usted favoreció al Frente Amplio con el llamado “voto Buquebus”. ¿No es así?
—Se ha hablado mucho —y equivocadamente— del “voto Buquebus” en 2004 y en 2009. Pero los que critican se olvidan de que siempre existió el “voto Buquebus” porque desde el retorno a la democracia siempre hicimos el mismo descuento y promoción en todas las elecciones. Pero mire: usted, que es un buen periodista, investigue a ver si encuentra que algún gobierno me hizo alguna concesión indebida. Le puedo garantizar que no. Y eso los presidentes de Uruguay, todos los presidentes, lo saben.
—¿Y cómo es ahora su relación con el gobierno del presidente Mujica?
—Bueno, francamente, no le puedo decir ni que bien, ni que mal. Yo acepté hacerme cargo de pagar el aval, a pesar de que siempre entendí que no me correspondía, y este tema se dirimirá en la Justicia. Ahora nos notificaron que en 2015 no nos renovarán la concesión y estamos recurriendo esa resolución aunque eso no afecta nuestro negocio ya que sin importar de quién sea la terminal, el servicio de embarque y desembarque de pasajeros se seguirá prestando, como pasa en Colonia donde la terminal es del Estado. Mi vocación siempre ha sido la de ayudar a que las cosas mejoren. En Colonia, por ejemplo, Buquebus adelantó U$S 2,2 millones para que la terminal pudiese contar con mangas de embarque. Y ese capital lo recuperaremos con el 50% de las tasas que deberemos pagar a futuro. Siempre he sido un gran promotor del Uruguay como destino de inversiones y sigo creyendo que es un país que ofrece seguridad jurídica y estabilidad, dos requisitos fundamentales para los empresarios serios.
—No entiendo por qué se hizo cargo del aval si siempre entendió que no le correspondía. ¿Por qué lo hizo?
—Como le decía, mi principal error fue no haber insistido con la propuesta del arrendamiento. Cuando presenté a Hernán Calvo, lo hice porque lo conocía bien y pensaba que esa era una alternativa viable. Tal vez ese fue el otro error. Pero luego, con todo lo que sucedió después, yo no podía dejar de hacerme cargo de las consecuencias. Ya había recomendado a Calvo y, por su intermediación, había respaldado con una carta a Cosmo. En definitiva, tenía que salvar mi reputación y la de mi empresa. No puedo evitar que todo el mundo hable y opine sobre todo lo sucedido pero, al final de cuentas, yo no tenía nada para ganar y me he hecho cargo de pagar. Eso sí: si la justicia me da la razón respecto al contrato del aval, recuperaré lo que he pagado.
—¿Y si le da la razón al BROU?
—Si le da la razón al BROU…ya habré cumplido.
—Ahora se sabe que usted conocía los pormenores del aval bancario, al punto que un funcionario del BROU, de apellido García, dijo en el juzgado que usted mismo le dictó los términos en que debía ser escrito. ¿Por qué, entonces, en su declaración ante el juzgado, cuando le preguntaron si tenía conocimiento acerca de quiénes habían sido los que negociaron las cláusulas que contenía el aval bancario, usted respondió: “no tengo la menor idea; nunca vi el aval”? ¿Y por qué, cuando le preguntaron si sabía quién era el beneficiario del aval, usted dijo que no sabía?
—Respondí eso porque esa es la verdad estricta. Todo lo demás es falso. No conozco al Sr. García y nunca lo vi. Nunca conocí los pormenores del aval y me mantengo en lo que dije en el juzgado.
—Los mails difundidos por el diario “El País” entre Hernán Calvo y Cosmo han revelado una trama plagada de inconsistencias y engaños. ¿Qué tiene para decir al respecto?
—Yo no puedo hacerme cargo del contenido de esos mails porque no soy parte, nunca los vi y ni sé si existen. Pero puedo decirle que hay cosas en esos mails revelados por la prensa que me sorprenden tanto como a usted. Por ejemplo, no entiendo por qué a Hernán Calvo le preocupaba que lo vincularan a Buquebus. Tampoco entiendo el asunto de la recompra por parte del Estado. El resto creo que son malas interpretaciones por no ubicar los mails en las circunstancias en que fueron enviados o no entender lo que he dicho desde un inicio: yo apoyé a Hernán en todo lo que pude para que pudiera hacer el negocio. Y tampoco podemos olvidarnos de que la subasta, si bien fue el último hito de un proceso que venía muy mal desde su origen, fue objeto de un escrutinio tan hostil de la prensa y el sistema político como no recuerdo ningún otro.
—¿Qué opinión le merece el hecho de que el abogado Daniel Rocca Balea, quien fue durante muchos años representante legal suyo, además de miembro del Directorio y síndico de Buquebus, haya renunciado a su cargo de director del Departamento Legal de la empresa y, encima, lo esté demandando para cobrarle supuestos haberes impagos?
—El doctor Rocca fue durante más de 20 años nuestro asesor legal, percibía un honorario mensual fijo muy importante y gozaba de toda mi confianza. No entiendo su conducta, ni como profesional ni como persona, y esperaremos a la audiencia judicial correspondiente. De todas maneras, le adelanto que la empresa no le debe nada.
Información Nacional
2014-06-19T00:00:00
2014-06-19T00:00:00