El gobierno todavía no llevaba un año y su figura clave amenazaba con renunciar. El Poder Ejecutivo estaba negociando el contenido del proyecto de Presupuesto y el entonces ministro de Economía, Danilo Astori, no estaba dispuesto a que le impusieran un porcentaje fijo para la educación. El Frente Amplio supo procesar el conflicto antes de que todo estallara por los aires, el ministro ganó la pulseada y la coalición de izquierdas quedó pronta para la siguiente discusión interna. El Partido Comunista hablaba de un gobierno “en disputa”.
Politólogos consultados por Búsqueda recurrieron a esas tensiones en el primer gobierno de Tabaré Vázquez (2005-2010) para dar un poco de perspectiva a las crecientes fricciones entre los socios de la actual coalición de gobierno, en particular por los cada vez más habituales choques generados por decisiones de Cabildo Abierto.
Antonio Cardarello, Victoria Gadea y Rafael Porzecanski coincidieron, aunque con matices, en que si la confrontación no llega a niveles tan altos que afecten la gobernabilidad y rompan la confianza entre los socios, la diversidad de perfiles entre los socios puede ser funcional para las aspiraciones electorales del oficialismo en 2024.
Sin “dramatismo”
Cabildo se desmarcó de la coalición en las últimas semanas en varias discusiones y votaciones parlamentarias, mientras sus críticas a la conducción económica y de seguridad del gobierno de Luis Lacalle Pou han ido creciendo. Esas actitudes provocaron malestar en los socios, en particular porque tuvieron consecuencias concretas para las intendencias de Rocha y Río Negro, ambas controladas por los blancos. Diputados cabildantes y del Frente Amplio votaron juntos a favor de recursos elevados por ediles opositores contra resoluciones de las intendencias. Para los blancos, Cabildo le estaba haciendo el juego a la oposición.
En el primer gobierno de Vázquez se decía que el Frente Amplio “agotaba la agenda” de discusión pública, ejerciendo casi como oficialismo y oposición, dijo a Búsqueda Cardarello. “No le dejaba espacio a la oposición” porque muchas críticas al gobierno llegaban desde dentro de la coalición de izquierda.
Para este politólogo al principio del actual gobierno parecía que al Frente Amplio le costaba ejercer el rol de oposición, porque había estado en el Poder Ejecutivo durante 15 años y también en parte producto de la pandemia. “Ahora estamos en otro momento, con un Frente Amplio que está trancando más fuerte, que tiene un rol de oposición”, dijo Cardarello. Para él, el mojón fue la recolección exitosa de firmas para forzar un referéndum contra 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración.
Porzecanski consideró que hay que restarles “dramatismo” a los choques recientes en el oficialismo. Recordó que Cabildo votó alineado en temas claves como el Presupuesto y la Ley de Urgente Consideración y que, si ha marcado distancia, ha sido con temas que no estaban en el acuerdo electoral firmado por blancos, colorados, independientes y cabildantes antes del balotaje de 2019.
Los movimientos para marcar perfil, que no son únicos de Cabildo, no son un problema grave “en la medida que no rompan la confianza” entre los socios ni sean tan profundos y repetidos que impidan “sostener una política” de gobierno en el largo plazo, opinó Porzecanski.
“Es sostenible siempre que el conflicto sea controlado, por el momento parece serlo”, dijo Gadea al respecto. “Si bien Cabildo se ha desmarcado en varias oportunidades, en lo macro sigue alineado con la propuesta del gobierno. El riesgo puede estar si el escenario de Cabildo, en términos de intención de voto, mejora significativamente. En ese caso, los incentivos pueden empujar al partido a quebrar la alianza con la coalición”.
“Baja institucionalidad”
Las comparaciones con el Frente Amplio, con sus disputas internas y sus mecanismos de resolución tienen sus límites. Los tres politólogos mencionaron el hecho de que el Frente Amplio tiene una estructura que marca su funcionamiento, que incluye por ejemplo mandatar a todos sus sectores a votar en un sentido en el Parlamento, mientras que la “coalición multicolor” es un conjunto de partidos.
El oficialismo es un “sistema multipartidario y asimétrico”, mientras que el Frente Amplio es un conjunto de sectores que pueden actuar “como bloque”, explicó Porzecanski.
“La coalición no es un partido altamente institucionalizado, eso hace que no tenga una mesa coordinadora con reglas claras ni un espacio de resolución de conflictos como tiene el Frente Amplio”, dijo Gadea. Y agregó que “la baja institucionalidad de la coalición representa una oportunidad para su funcionamiento” y también un riesgo. “Esta característica, que no es sinónimo de movimiento, puede significarle una amenaza para su funcionamiento. Los socios no son leales a nada más que el acuerdo electoral y de gobierno en el mediano plazo”.
Cardarello recordó que el líder de Cabildo Abierto, el senador Guido Manini Ríos, solicitó en varias ocasiones la instalación de una “mesa chica de la coalición” para procesar temas de gobierno, una propuesta que fue rechazada por Lacalle Pou.

Guido Manini Ríos en la Huella de Seregni, en Montevideo. Foto: Pablo Vignali / adhocFOTOS
Captar votos
Cabildo Abierto fue creado meses antes del ciclo electoral del 2019 y tuvo un éxito inesperado en los comicios con 11% de los votos. Con más tiempo antes de la contienda del 2024 y como parte del oficialismo, todavía no está clara cuál será la estrategia del partido de Manini en esa instancia.
Los tres consultados coincidieron en que en la recta final del gobierno el distanciamiento será mayor, aunque no está claro cuánto.
El hecho de ser una coalición de partidos, además, da mayor margen a la especulación de cuánto van a durar todos los socios en el gobierno, una duda mucho menor en los gobiernos frenteamplistas.
Cardarello no descartó que el partido de Manini abandone la coalición antes de las elecciones del 2024, pero no pronto. “Me imagino que la de Cabildo va a ser una salida ordenada, si es que deciden irse de la coalición y no quedarse hasta el final del período, lo cual me parece más riesgoso”, dijo.
“La última experiencia que tenemos de un gobierno de coalición que duró todo el período, y la única en realidad, fue el segundo gobierno de Sanguinetti, y al Partido Nacional le fue muy mal”, afirmó Cardarello.
Porzecanski dijo al respecto que “si las diferencias se mantienen dentro de lo razonable, son hasta positivas para captar votos”, y “daría la impresión” de que los socios quieren “repetir el próximo gobierno” y llegar como coalición a las elecciones.
“Los socios como Cabildo son funcionales al posicionamiento macro de la coalición, siempre que no sean mayoría. Cabildo puede representar al socio díscolo que trae votantes diferentes a la coalición, dejaría de ser funcional si se incrementara su participación (electoral y territorial) porque podría amenazar la estabilidad del bloque en sí”, explicó Gadea. “La estrategia es funcional a la coalición en tanto le permite tener conexión plural con la ciudadanía y un desempeño electoral a futuro. La coalición necesita socios fuertes, competitivos. El Partido Colorado y su rumbo incierto pueden ser un riesgo mayor para la coalición por su capitalización —en la elección pasada— del votante de centro”.
“La coalición multicolor es una coalición competitiva, esto significa que cada uno de sus integrantes compite por liderar el espacio —en primera ronda— y tener así más representación parlamentaria y territorial”, dijo. “Dicho esto, lo que hace Cabildo no es tan diferente a lo que hacían algunos sectores del Frente Amplio, como el Movimiento de Participación Popular, para marcar posición y mantener a su electorado. Es una estrategia que beneficia a Cabildo, también a la coalición, que maximiza las posibilidades de consolidarse como un partido catch all”.
La politóloga destacó la reunión que Manini tuvo el martes 20 con el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, en la sede de la coalición de izquierda. Ese movimiento le da “una señal clara a la interna de la coalición, mostrando que es capaz de tener conversaciones fuera del bloque”.