En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En realidad, hace años que se murmura que el padre de Carlos Gardel fue el coronel Carlos Félix Escayola Medina (1846-1915), figura dominante en Tacuarembó (que se llamaba San Fructuoso hasta 1912), de donde fue jefe político y de Policía. Quienes todavía sostienen el origen francés de Gardel —cuyo nombre verdadero habría sido Charles Romuald Gardes, nacido en Toulouse en 1890 e hijo natural de Berta Gardes— harían bien en echar una ojeada a este documentado trabajo de Ricardo Casas que pretende demostrar fehacientemente que Gardel era hijo natural del coronel Escayola (quien según se dice tenía 50 hijos naturales) y de su entonces cuñada María Lelia Oliva Sghirla (1870-1905).
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
La siempre dudosa fecha del nacimiento de Gardel (entre 1883 y 1887) tendría entonces dos explicaciones: una que confirmaría que María Lelia tenía 13 años cuando dio a luz al hijo de Escayola (1883) y otra que corresponde al documento uruguayo de Gardel (1887), debido al parecer, a que el cantante aspiraba a ser reconocido por su padre, que en esa fecha ya había enviudado de su segunda esposa, Blanca Oliva y por lo tanto él no sería producto de una relación adúltera que impedía por ese entonces el reconocimiento legal de los hijos nacidos bajo esa circunstancia. Además, María Lelia ya tenía 17 años y se casaría posteriormente con Escayola en 1889.
Toda esa historia, que parece extraída de un folletín mexicano de los años 40 —al que muchos tildarían de exagerado—, tuvo lugar en el interior del Uruguay del siglo XIX, más digno de una novela de Gabriel García Márquez que de una realidad que hoy se ve tan exótica como lejana. Pero lo cierto e incuestionable es que el coronel Escayola se casó sucesivamente con tres hermanas, se dice que habría sido amante de la madre de ellas, fue de hecho padrino de María Lelia, a quien después violó y lo peor de todo: María Lelia hasta pudo haber sido hija de Escayola según una versión que la supone fruto de la relación del coronel con su propia madre, o acaso de un amorío que tuvo con su cuñada Blanca (que fue su segunda esposa) mientras estaba casado con Carla. Semejante personaje merecía ciertamente una película.
Lo que hace Casas, acertadamente, es reunir mucho material gráfico y distribuirlo generosamente mientras lo alterna con entrevistas de cara a la cámara. Los propios descendientes de Escayola hablan sin cortapisas de aquel escándalo que tuvo que ser silenciado durante muchos años pero que era un secreto a voces en los corrillos familiares, donde al parecer siempre se supo que el famoso Carlos Gardel era el hijo bastardo que Escayola se negaba empecinadamente a reconocer, porque habría probado su relación adúltera e incestuosa (con su cuñada-hija), además de que como padrino de María Lelia la Iglesia no le permitía el matrimonio religioso, cosa que recién pudo hacer mediante una dispensa en 1898.
Lo que no hace Casas, sin embargo, es relatar los pormenores de la vida del famoso Morocho del Abasto, porque ese no es el tema que le importa. Acá el protagonista es Carlos Escayola, a quien se presenta como un déspota sin límite alguno, desde sus campañas militares en la Cruzada Libertadora de Venancio Flores junto a su cuñado, el general brasileño Antonio de Souza Netto (1864); en el sitio de Paysandú ese mismo año; en la guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (1866); en la Revolución Tricolor (1875) a favor de las fuerzas coloradas. Desde 1879 integró la Junta Económico Administrativa antes de ser nombrado jefe político y de Policía, cargo que significaba un gran poder territorial por encima incluso de los intendentes y de los gobernantes electos por voto popular.
En esas épocas tan militaristas como poco democráticas, Escayola gozaba del favor de los presidentes Máximo Santos (que le concedió el grado de coronel en funciones en 1886) y de Máximo Tajes (que confirmó oficialmente el nombramiento en 1887). Justo en ese año comandó las fuerzas de la División Tacuarembó en la Revolución del Quebracho, estuvo años después al frente de las fuerzas oficialistas del departamento en la revuelta civil de Aparicio Saravia (1897) y otra vez en 1904, cuando el caudillo blanco muere en Masoller. Todo ese trajín militar no le impedía sin embargo disponer de la vida de hombres (a quienes mandaba ejecutar sin miramientos) y mujeres (a las que se empeñaba en seducir y embarazar), pero más que nada cultivaba una afición impensada en un hombre de su despótica catadura: las artes.
Gastó una fortuna (25.000 pesos de la época) en construir un teatro a la italiana, no solo uno de los mejores del país sino apto para traer espectáculos de ópera y para que compañías extranjeras de prestigio pasaran por el Teatro Escayola (¿de qué otra forma se lo iba a bautizar?), dejando su legado artístico en el pequeño pueblo de San Fructuoso. Las imágenes muestran hoy en estado ruinoso lo que fue un lujoso centro de actividades culturales que Escayola disfrutaba enormemente, tanto como codiciaba a las divas internacionales que pasaban por allí y cuyas fotos autografiadas se conservan. Ese perfil culto es lo que más sorprende del coronel, pero si realmente fue el padre de Gardel, como esta película afirma de modo incuestionable, se explica la vocación del Mago como una herencia natural, más que la que pudo provenir del origen humilde de Berta Gardes.
En suma, el trabajo de Casas —apoyado por investigaciones anteriores de Erasmo Silva Cabrera (Avlis), Nelson Bayardo y Eduardo Paysée González— está acompañado por los testimonios de varios descendientes del coronel Escayola y de las presencias de Tomás de Mattos, Washington Benavides, María Selva Ortiz, Susana Cabrera y Martina Iñíguez, que aportan sólidas pruebas. Como elemento aleatorio, se incluye una secuencia de El día que me quieras, donde supuestamente Gardel incorporó al argumento toques autobiográficos, incluida una visita frustrada a su padre biológico, que se negó a recibirlo. Trabajo serio, muy bien armado, ameno y disfrutable, es lamentable que los manes de la distribución lo hayan destinado a dos salas pero en un horario único, a las 17.45 horas. Esta película nacional merece otro respeto, pero no por ser cine uruguayo sino porque es valiosa y su tema seguramente será de interés de mucha gente. Es de desear que se revise esa decisión y que el público pueda verla en horarios más adecuados, tal como se merece.
“El padre de Gardel”. Uruguay, 2013. Dirigida y escrita por Ricardo Casas. Duración: 78 minutos.