Con cinco escenarios céntricos, la intendencia apostó al gran despliegue de música en vivo
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMontevideo festejó, con un despliegue amplio de música en vivo, sus 300 años. El evento del sábado 20, organizado por la Intendencia de Montevideo (IM), reunió alrededor de 600 artistas nacionales a lo largo de cinco escenarios en el centro de la capital.
Cerca de 250.000 personas se sumergieron en la fiesta al encuentro de artistas consagrados y nuevos talentos de la escena local, según cifras compartidas por la IM. Sobre las 17, por ejemplo, el cantautor Gonzalo Deniz se destacó en el escenario Cagancha con un setlist preciso en el que apostó por el clamor de un show rockero bajo una propuesta netamente acústica.
Casi una hora después, Luana, la “princesa de la plena”, lideró un espectáculo muy animado en el que reivindicó la presencia de los artistas del interior en los festejos, al mismo tiempo que rindió homenaje a las cantantes Marihel Barboza y Miriam Britos al compartir con ellas el escenario Gaucho.
Aunque la construcción presentó algunos desafíos visuales con una disposición que dejaba un fino pulmón de separación entre el público y una torre de sonido que tapaba la visión de los espectadores del fondo, Luana brindó uno de los shows más agitados de la tarde.
Igual de impactante fue la presencia del rapero Zeballos, quien a la tarde se adueñó de la fachada de la intendencia con una de las presentaciones más aclamadas por el público joven. En el mismo escenario, llamado Balcón IM, Luciano Supervielle desplegó de noche su ecléctica propuesta, donde se sumergió en el hip hop, la electrónica y hasta brindó su propia versión de La cumparsita.
Cerrando la noche en el imponente escenario Libertador, Hereford, en su segunda presentación tras su regreso, desplegó una aplanadora de canciones rockeras que fueron cantadas a viva voz por un público feliz del reencuentro.
Los nombrados son solo algunos de los artistas y grupos protagonistas de una jornada vivida con brío y sin desmadres, que culminó en un festejo de 300 tambores que convirtieron al candombe en el broche de oro de una fiesta popular para el recuerdo.