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    martes 04 de junio de 2024

    Los suicidios “van a aumentar” en “los próximos tres o cuatro años” y es necesario abordarlos de otra manera, según experto

    La prevención “la podemos hacer yo, vos, un asistente social, un profesor de educación física”, opinó el sociólogo Pablo Hein, que promueve junto con la Udelar un proyecto que incluye “guardianes” sociales como primera línea de combate

    “Soy sociólogo, no te olvides”. Así responde Pablo Hein, integrante del Grupo Interdisciplinario de Prevención del Suicidio de la Universidad de la República (Udelar), cuando percibe que sus posturas pueden resultar chocantes ante su interlocutor. Esto es: que el suicidio es un tema de “salud comunitaria” y no de salud mental, hoy una prioridad que atacar resaltada por los ministerios de Salud Pública y de Desarrollo Social; que el bombardeo de cifras, esas que hablan de un número récord de 818 autoeliminaciones en 2022 y de una tasa de 23,08 cada 100.000 habitantes, “no sirve”; que hay mucho mito en torno al suicidio; que en todo el mundo en realidad está bajando y que no existe tal cosa como un estallido de suicidio adolescente; que tampoco existen “las señales”; que la realidad recién va a cambiar cuando las intervenciones “no sean solo sanitarias”. Y se entusiasma reiteradas veces mostrando gráficas, libros, capturas de pantalla, con un tema que para buena parte de la sociedad sigue siendo tabú.

    No es extraño entonces que este magíster en Sociología y docente universitario esté contento con el proyecto de Rendición de Cuentas que el Consejo Directivo Central (CDC) de la Udelar le presentará al Parlamento. Este documento de 130 páginas incluye un plan de salud mental, valuado en 169.149.136 pesos, que más allá de su nombre incluye la actuación de las facultades de Medicina (por el Hospital de Clínicas), de Psicología y de Ciencias Sociales. Hein también destaca el “trabajo y capacitación de guardianes o actores clave (gatekeepers)”, los que “por su alto contacto con poblaciones vulnerables” pueden hacer las veces de primera barrera de contención. Estos pueden ser médicos, psicólogos y enfermeros, pero también personal escolar, policías, bomberos, militares, referentes comunitarios, sindicales y religiosos, curanderos, gerentes de recursos humanos y comunicadores. “Expandir la prevención, generar una nueva cultura de cómo relacionarnos es la apuesta de las ciencias sociales en esto y lo interesante del proyecto, que no tiene una visión específicamente clínica o sanitaria. Por lo menos se podrá hacer un intento en los próximos cuatro o cinco años, si lo aprueba el sistema político”, auguró.

    Lo que sigue es un resumen de la entrevista que Hein sostuvo con Búsqueda en su oficina de la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar.

    —Usted no considera el suicidio como un problema de salud mental, que es lo que quiere fortalecer el gobierno. ¿Qué sería entonces?

    —Es un tema de salud comunitaria, de la comunidad, de todos. Si ponemos el foco en salud mental, vamos a hablar del cerebro, de las enfermedades mentales y de los problemas individuales. Otros (muestra libros como Mal estamos, del médico Javier Padilla y la psiquiatra Marta Carmona, ambos españoles, o Sonríe o muere: la trampa del pensamiento positivo, de la activista social estadounidense Barbara Ehrenreich) apostamos a desencapsular el tema, como pasa con éxito en el País Vasco, en Cuba o en Chile. Si hablamos de salud mental, hablamos del individuo, y no es un tema que necesariamente pasa por tu cabeza sino por las condiciones impuestas, el contexto. Por ejemplo, ¿qué es una distimia (depresión leve)? Es una desmoralización. Pero, si te digo que tenés una distimia, vas a recurrir a las pastillas. Si te digo que estás desmoralizado, seguramente podemos empezar a trabajarlo con tu familia, con tus compañeros de trabajo, ¿se entiende?

    —¿Pero por qué en un mismo contexto yo me mato y usted no, o viceversa?

    —Porque somos diferentes, no todos soportamos las mismas vicisitudes ni trabajamos las cosas desde el mismo punto de vista emocional.

    —¿Entonces no es un tema individual?

    —El que se mata es uno, pero como soy sociólogo, no te olvides de ese detalle, yo creo que la cultura es un elemento sanador. Así como la cultura te lleva a determinados lugares, también te sana. Te lo explico desde el duelo. El duelo de un familiar no es solo tuyo, es de todos nosotros. Cuando se muere un famliar tuyo, lo primero que hacés es explicar esa muerte, racionalizarlo. Un accidente de tránsito, fallaron los frenos… Explicás el evento antes de caer en lo que pasó. Eso lo hacemos todos. Al dolor lo entretenemos con la explicación racional. Cuando la racionalidad te permite encajarlo, el dolor se empieza a calmar. El dolor se transforma en duelo cuando vos podés explicar cómo murió tu familiar y la colectividad actúa para comprender tu dolor. Es algo cultural. Pero no es lo mismo que yo diga que mis padres se murieron en un accidente de tránsito a que se suicidaron. Eso es porque no entendés el suicidio y no me permitís hacer el duelo que es compartir colectivamente. En un suicidio, a la familia no la dejamos comprender el evento, lo que pasó. Le decimos cosas como: “¿No vieron las señales?”. ¿Vos conocés la campaña La Última Foto, que se hizo en Londres el año pasado?

    —Sí, es una campaña visual callejera que muestra la última imagen de personas que se mataron. Todas aparecen sonriendo.

    —Exacto. ¿Qué dice esa foto? Que a cualquiera nos puede pasar. Que no hay “señales”, que no en todos hay “señales”. De 10 casos, en ocho no hubo. “¿Cómo que no viste las señales?”. ¡No hay, son un mito! ¿Querés otro mito? ¡Que el suicidio en el mundo aumenta! En realidad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) está bajando o deteniéndose, salvo en las Américas, donde las principales contribuciones son de Canadá, Estados Unidos y Uruguay (muestra pantallas y gráficas de datos). ¿Otro? Que los uruguayos nos matamos en el invierno, porque es largo y gris. Siempre se dijo eso, y resulta que hay más casos durante las fiestas. ¡El suicidio adolescente es otro mito del que hablamos hace dos años, publicando datos en todos lados (muestra capturas de distintos medios de 2021), cuando los datos no importan! Todos hablan del suicidio adolescente cuando en realidad los números más o menos se han mantenido, mirá (muestra más gráficas): 41 en 2021, 45 en 2020, ahí hubo un salto desde 34 en 2019, pero hubo 47 en 2017, 52 en 2013… Un año subió… y la suba vende (sonríe amargamente).

    —Ahora se habló de un récord de suicidios, ¿sirve para algo este bombardeo de números?

    —No, porque las certezas no pasan por los números sino por el sentimiento social de que es un flagelo importante. No necesitamos los números para tirar humo. ¡Los adolescentes no importan si son dos o 50! ¡Importan porque son jóvenes a los que no les dimos una segunda oportunidad de pensarse en la vida! Y ese es un problema del mundo adulto: juzgamos muy rápido a la juventud, queremos que el adolescente sea como nosotros queremos y no como ellos quieren ser. Lo mismo pasa con los hombres.

    —Acá usted apunta a por qué el 78% de quienes se suicidan son hombres.

    —Ante un divorcio, lo primero que se piensa en la comunidad cercana de hombres es que sos un cornudo que no pudiste mantener la relación. Y yo lo voy a soportar diferente a vos o no. Porque a los hombres nos formaron —esto es algo que no lo entienden ni la psiquiatría ni la psicología— en un reconocimiento constante de su masculinidad. Tenemos el problema de cómo nos manejamos. Entonces, ante un divorcio, ante una pérdida, ante una desavenencia… Te mando otro palo para la psicología y la psiquiatría: “El hombre pide poca ayuda”. ¿Y por qué será? Porque nos criaron así desde los dos años: las nenas para ser únicas, los nenes para ser mejores. Por eso hay más bulimia en las mujeres y más violencia en los hombres. Estamos formateados en eso. También se nota a edades más avanzadas, ¡si querés pensar en edades el problema mayor está en la tercera! Y la causa son los más jóvenes. Yo a mis hijos, cuando iba a lo de mis padres, les decía que “el abuelo ya no puede hacer el asado”, “ayudala a la abuela, que no ponga la mesa”, los pasábamos a buscar para que no se muevan solos. Eso se va mamando, estamos formateados en que ser adulto mayor no sirve para nada. El sucidio, ahora, no es un tema de edades. Es algo que tenemos que cambiar entre todos. Los datos, volviendo al tema inicial, no nos sirven. Porque ya están.

    —En una entrevista en julio de 2022 en Voces , dijo que los suicidios de este año iban a ser unos 800…

    —Yo te pudo decir los de este año, van a andar en 850 o 900. Porque los suicidios ya están pautados.

    —¿Por qué?

    —Porque ya elaboramos las pautas con las que vivimos, solo que no las vemos. Hay sociedades que trabajaron el tema del suicidio a partir de la igualdad. ¡No hablo de marxismo ni leninismo, que quede claro! En Dinamarca, por caso, la renta anual de un psiquiatra son 110.000 coronas danesas, la de un profesor de secundaria son 95.000, la de un plomero, 90.000, un médico de familia, 100.000 (y tienen 9,9 de tasa). La igualdad también nos protege del suicidio y la violencia. Eso ya lo escribió en 1898 el sociólogo Georg Simmel: la libertad es buena para quien puede ejercerla. Un pobre tiene que tener doble moral: una para desear lo mismo que nosotros y otra para acceder a ello por los mecanismos que nosotros tenemos y que a él le son negados. Pero la igualdad no tiene que ser una oportunidad sino que tiene que ser un fin. Eso también te protege de la obesidad, el suicidio, la violencia, el embarazo adolescente, de todo.

    —Entonces, ¿qué habría que hacer? ¿ Resetear a la sociedad?

    —No sé si resetear, pero cambiar los mecanismos de evaluación socioculturales y darnos más espacio para la reflexión claro que sí.

    —Como Grupo Interdisciplinario de la Udelar, ¿han elevado esta postura ante las autoridades?

    —Claro que sí, el año pasado nos reunimos tres veces y nada más, fue un saludo a la bandera…

    —Entonces el encare sigue siendo totalmente sanitario.

    —Sí, de salud mental e individual, engarzado en el territorio social en que se maneja, neoliberalismo o modernidad tardía, si querés. Hubo procesos que se empezaron a gestar en los años 70 u 80, que son la pérdida de cohesión social de ciertas instituciones. La cohesión social es aquello que me da normas para actuar y sentirme parte, protegido, que me da pertenencia: familia, escuela, iglesia, sindicatos, club… Hoy en día estas instituciones están perdiendo. Si digo que voy a un sindicato, soy un bolche; si digo que voy a una iglesia, soy un comesantos. Porque en paralelo surge el individualismo, donde los éxitos son tuyos, el “sonríe o muere”, la fórmula de felicidad que borra el sentido de la pertenencia. Ahora, los fracasos son tuyos también.

    —El cambio como el que propone no va a ser inmediato.

    —Los suicidios de los próximos tres o cuatro años, ojalá me equivoque, van a aumentar. Porque la base ya la tenemos. Hay que empezarlo a trabajar ya. Cuba lo trabajó hace siete u ocho años y bajó mucho la tasa que tenía. ¿Qué hizo? Médicos de familia. En vez de psiquiatrizar y psicologizar, metieron al médico de familia en las casas por si alguien se quedó sin trabajo, por si el hijo se fue a vivir a Estados Unidos, lo deriva, hace recomendaciones, un triage, analiza lo social, el barrio. En Chile implementaron (el programa) Quedate, dividieron el país, implementaron diferentes campañas de apoyo, es un enfoque preventivo y comunitario, aparte de la salud mental. Ellos tenían una tasa de 11 y ahora están en ocho o nueve. Otros países hicieron prevención, intervención y posvención. La intervención son psiquiatras y psicólogos, cuando la cosa ya está heavy. Pero la prevención la podemos hacer yo, vos, un asistente social, un profesor de educación física. Por suerte hay un consentimiento (en la Udelar) para hacer un intento en este sentido; esperemos que el sistema político acompañe. Yo ya he dicho de trabajar con profesores de educación física. ¿Por qué? Es gente a la que formo y reparto por todos lados, ligas, clubes, escuelas. Yo les digo que armen algo para trabajar la obesidad y el tabaquismo y lo hacen, ¿por qué no podrían hacer algo para prevenir el suicidio?

    —¿Será que para eso prefieren que actúe un experto?

    —Un psiquiatra, un psicólogo, o yo, que te hago mi cuento. El experto te dibuja el territorio, pero no se mete adentro. Cuando trabajamos en los colegios, lo primero que le decimos al director es que hay que trabajar con los gurises, los padres y los profesores. ¡Yo no voy a ir solo a sermonear a los gurises! Es divino trabajar con ellos, ojo. Nunca te preguntan ni con qué se matan ni en qué departamento se matan más, te preguntan qué pueden hacer para ayudar a que eso no pase. Vos vas a un curso de padre y profesores y te preguntan dónde se matan más, si en el baño o en la cama, ¿qué te cambia a vos eso? ¿Entendés la mente torcida de los adultos? ¿Qué te sirve que haya más muertes en Rocha o donde sea si cambia todos los años?

    Información Nacional
    2023-05-04T00:04:00