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Un señor está sentado en la entrada de la exposición. Revisa unos libros puestos sobre una mesa, atados para que nadie se tiente. A su lado, una computadora también atada, ofrece un video que explica el sentido de la muestra. El hombre, veterano ya, repasa algunos títulos dedicados a la presencia de la mujer en el arte. Casualmente y vaya ironía, es el único visitante del lugar, el viernes de tarde, recién inaugurada la muestra. Al activar la computadora, aparece la imagen de Susana Blas (Madrid, 1969), historiadora del arte, dedicada a la creación audiovisual. Ella despeja el camino para el recorrido de la propuesta titulada Fábulas problemáticas, con subtítulo potente: “Mujeres en el espacio social. Conflictos y paradojas”. El video introduce a algunas artistas españolas que explican el objetivo de su obra, instalada en la planta baja del Centro Cultural de España (CCE).
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En la pared, un texto habla también de la idea central y de la “necesidad de desactivar algunos lugares comunes sobre lo femenino”. Bien preparado queda el visitante para el recorrido por ocho videos proyectados en diferentes formatos y tamaños. El ingreso impresiona. La oscuridad, el golpe continuo de las frases que repercuten con cierta monotonía en el ambiente. Pero sobre todo, las imágenes. La mayoría novedosas, interesantes, cautivantes. Rápidamente queda atrás esa explicación demasiado explícita, en un discurso impuesto sobre argumentos incontestables, pero a veces demasiado recurrente, repetido hasta el cansancio, forzadamente estructurado para justificar cuestiones complejas, procesos sociales cambiantes, dinámicos, en muchos casos positivos. La desigualdad entre hombre y mujer en la sociedad contemporánea es un dato indiscutible, es un estado de situación imposible de eludir. La discusión y concientización sobre el tema es un aporte sensato y necesario. Pero una cosa es el discurso y otra el arte. El problema es cuando el discurso se esquematiza, se vuelve totalizador, hegemónico o demasiado superficial para entender esta realidad dura, compleja, donde actúan mecanismos sumamente sutiles, donde los “lugares comunes” sobre lo femenino (y lo masculino) ya no son lo que eran, la estrechez masculina para entender y participar junto a la mujer ya no es lo que era, la ausencia de lo femenino en los ámbitos comunes ya no es lo que era. Es cierto que persisten miradas y prácticas oscuras, terribles, tremendamente discriminatorias. Para bien o para mal, no aparecen como objetos iniciales de los trabajos de esta muestra. La intención está centrada en lo artístico y en la “extendida creencia de que el ámbito del arte contemporáneo es un contexto igualitario para mujeres y hombres, cuando los datos demuestran que reproduce idéntica discriminación que en otras áreas productivas”. Dudosa conclusión, pero bueno, discurso al fin. Se impone entonces, en este contexto tan amplio como discutible, otras dudas más interesantes: el arte frente a la cuestión de la identidad, los espacios de acción de lo femenino en el ámbito artístico, pero sobre todo, la condición artística sin datos filiatorios, en estado más puro, hombre o mujer, chino o uruguayo, joven o viejo, rico o pobre, introvertido o socialmente encantador. Todo parece culminar en un punto común: la lucha a brazo partido del artista, de cualquier artista en cualquier rincón del mundo, sea hombre, mujer o transexual. Una lucha sin cuartel por encontrar el punto justo de la belleza. En eso, no hay género que valga, no hay discurso político o social o artístico o geográfico que importe. Al final, todo queda en un complejo sistema de imágenes, en un entramado formidable de sensaciones, de gestos y datos sensibles, de armoniosas (o bellamente desajustadas) composiciones. Con la materia que sea, con el formato o el instrumento que el artista considere conveniente. Por suerte, en ese punto, algunos videos de estas Fábulas superan su justificación discursiva. Algunas imágenes despiertan la curiosidad: dos perritos caminan en sus patas traseras por una carretera desierta (“Tú también puedes caminar”, de Cristina Lucas, obra del 2006), un par de piernas taconean sobre una calle empedrada de adoquines (“1ª Deriva sobre la práctica artística”, de Estibaliz Sádaba, 2008), manos femeninas colocan yemas de huevo en sus cáscaras e intentan reconstruirlos (“Círculo virtuoso”, de Verónica Eguaras, 2005), otras manos moldean una y otra vez una posible escultura (“Odi et Amo”, de Marta Azparren, 2011), con dolor, con insistente dolor. Cualquiera de esos videos son interesantes y disfrutables desde lo artístico. Están muy bien hechos y desde la calidad, aunque alguno parte de la obviedad de identificar al arte con un “camino empedrado”. Otras parecen más emparentadas con el documental o cierta mezcla de ficción sobre datos de la realidad (“Bata por fuera (mujer por dentro)”, de Claudia Brenlla, 2008) o decididamente jugada, como el video de Virginia García del Pino (“Espacio simétrico”, 2010), en el que un supuesto astronauta habla de su intención de viajar a Marte, del significado radical de un corte histórico de la humanidad, frente a una mujer enferma, desconsolada. Es quizás la obra más fuerte, la más interesante, de una estética sombría, profunda, con una elección perfecta del encuadre, el contexto, el discurso. Cada imagen descripta, ofrece mundos artísticos dispares, más o menos logrados, más o menos interesantes, según evaden el trillo previsible, la construcción más obvia. Lo logran, con talento y sensibilidad, cuando el arte le gana al género.
“1ª Deriva sobre la práctica artística”, de Estibaliz Sádaba
“Fábulas problemáticas”. Videos de artistas españolas en el CCE (Rincón 629). Hasta el 22 de junio. De Lunes a viernes de 11 a 19 hs. Sábados de 11 a 17 hs.