Mientras servía la dosis de caña a un cliente, la señora Estrella, que regentea un almacén y bar en Parada Rodó, en las afueras de la ciudad de Canelones, comentó: “Ese que está en la televisión es igualito a un hombre que viene por acá”.
Mientras servía la dosis de caña a un cliente, la señora Estrella, que regentea un almacén y bar en Parada Rodó, en las afueras de la ciudad de Canelones, comentó: “Ese que está en la televisión es igualito a un hombre que viene por acá”.
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa bolichera quedó muda y puso cara de asombro cuando uno de los clientes, con una seguridad que no dejaba lugar a dudas, retrucó: “No es parecido, es él.”
El parroquiano estaba bien informado. Quien hablaba desde la pantalla esa mañana de mayo de 2015 en calidad de nuevo secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) era Luis Leonardo Almagro Lemes, un abogado sanducero amante de la poesía, que hasta hacía pocos días residía con su esposa sudafricana Marianne Birkholtz y cuatro de sus siete hijos en una chacra de la localidad de Margat, a unos 50 kilómetros de Montevideo.
Para ese entonces, Almagro era conocido por los uruguayos como un tipo bohemio que aunque era ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de José Mujica, cuando estaba en Montevideo andaba caminando por la calle con una mochila al hombro y que a menudo utilizaba el transporte público.
Era también ese tipo temperamental que había viajado a Jordania con la experta española Susana Mangana y organizado la llegada de familias sirias, que había defendido el reconocimiento de Palestina y abierto África como campo de trabajo diplomático y también el que había estado al frente de las conversaciones con Estados Unidos, en especial con la embajadora de Barack Obama, Julissa Reynoso, para la llegada de seis expresos de Guantánamo, un asunto por el cual había recibido fuertes críticas de la oposición.
Cuando el viernes 14 Almagro se presentó en la ciudad de Cúcuta, en la frontera de Venezuela y Colombia y en rueda de prensa dijo que “no debemos descartar ninguna opción”, en referencia a una intervención militar para salir de la crisis humanitaria venezolana, hacía tiempo que sus excompañeros del Movimiento de Participación Popular (MPP) lo tenían en la lista negra.
Incluso su propio gran mentor, el expresidente José Mujica, había emitido una carta ya en noviembre de 2015 en la que reconocía el error de haber apoyado su candidatura en contra de la opinión de Caracas y le decía “adiós”.
Mujica estaba sugiriendo que el embajador de Venezuela en Uruguay, Julio Chirino, tenía razón cuando advirtió, en marzo de 2015, que la designación del senador del MPP era “pura táctica” del “imperio”.
Caracas, sin embargo, apoyó a Mujica y, de hecho, al comienzo, las cosas parecían bien encaminadas.
En una entrevista con Búsqueda, Almagro declaró que buscaría la integración de Cuba a la OEA, aunque ese organismo “hirió muy fuerte” los sentimientos de la isla caribeña.
Pero en los últimos días, luego de las declaraciones y de los insultos al expresidente del gobierno de España, José Rodríguez Zapatero, que busca mediar entre la oposición y el gobierno de Maduro, en Uruguay, pero también en Washington y en otras partes del mundo, las críticas hacia el secretario general de la OEA fueron en aumento.
Almagro, buscando una “reducción de daños” ante lo que algunos analistas ven como un “globo sonda” de una operación detrás de la cual pueden estar Estados Unidos, Canadá y Colombia, emitió un video con seis minutos de explicaciones en el tono pasional que lo caracteriza. No pidió disculpas y comparó el drama migratorio de Venezuela con los genocidios pasados en Camboya, la ex Yugoslavia y Ruanda, pero corrigió el desaguisado que, entre otras cosas, lo había enfrentado a la postura histórica uruguaya de no intervención.
Pero ya bastante antes de este episodio, para algunos de sus excompañeros Almagro “se vendió” a los Estados Unidos y por lo tanto es sencillamente “un traidor” que incluso pudo haber sido reclutado antes de residir en Washington.
Los más prudentes entre los dirigentes del MPP consultados sostienen que “no entienden” el cambio y que lo “desconocen”, mientras otros afirman que se está ante “un cadáver político”.
Fuentes de la Cancillería recordaron a Búsqueda que en los dos primeros destinos había cosechado sendos sumarios que luego se encargó de sepultar: primero en Alemania por un divorcio no pacífico con una colega y luego en Irán por un contenedor de alfombras persas.
Otro tema polémico fue el oso que pintó y presentó a concurso bajo el seudónimo de Hiram Cohen.
El exministro de Relaciones Exteriores Álvaro Ramos, sin embargo, partió una lanza por su excolaborador.
“Mi amigo Luis siempre fue igual: buena gente, bastante bohemio y solidario, y afectuoso con los demás. Buen profesional, más creativo e intuitivo que sistemático, pero un colaborador muy leal y eficiente”, dijo el exministro a la diaria el 22 de abril de 2017.
La exsubsecretaria de la Cancillería Belela Herrera opina que la gestión de Almagro en el Palacio Santos fue “muy buena”.
Aunque no quiso hacer comentarios acerca de la situación actual, Herrera confirmó a Búsqueda que el excanciller Reinaldo Gargano no lo había considerado a la hora de armar su equipo en 2005 pero que la exdirectora Susana Izquierdo, que había actuado en defensa de los derechos humanos durante la dictadura, lo había recomendado a Mujica.
El entonces ministro de Ganadería lo designó director de la Unidad de Asuntos Internacionales de la Secretaría de Estado, algo que coincidió con una penetración en los mercados asiáticos que “causó sensación”, según analistas europeos.
Fue ese embale de Mujica con Almagro el que llevó a proponerlo como embajador en China.
Allí se lució más que en los destinos previos y eso lo convirtió en el canciller una vez que el veterano tupamaro, que siendo una florista de Paso de la Arena había visitado China, llegara a la botonera del poder.
Mujica había contado en su entorno que era valorado por los líderes chinos debido a que era el único de los presidentes de ese momento que había conocido personalmente al exlíder Mao Tse-tung.
El nuevo jefe del Palacio Santos, que tuvo como colaboradora directa a Graciela “Chela” García, de confianza directa de Mujica, logró procesar cambios pero también irritar al cuerpo diplomático.
Para empezar, mientras Gargano había designado cuatro embajadores políticos, su sucesor nombró a 30 y en total llevó a 52 cargos de confianza frente a apenas seis del ministro anterior.
“Se me escapó el canciller”, comentó Mujica con cariño casi paternal en el segundo año de gobierno, cuando Almagro quedó enfrentado a su “hermano del alma” Eleuterio Fernández Huidobro, por la cuestión de la norma interpretativa de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado.
Menos cariñosa fue la situación que se presentó a la interna del gobierno en 2012, cuando Mujica aceptó el ingreso de Venezuela al Mercosur. La entrada se produjo aprovechando que Paraguay estaba suspendido luego del juicio político mediante el cual el Senado de ese país destituyó al expresidente Fernando Lugo. Almagro salió entonces a los medios a dar su opinión contraria, aunque luego rectificó.
Según reveló poco después el semanario Brecha, con el antecedente del golpe de Estado en Honduras de junio de 2009, la presidenta de Brasil Dilma Rousseff aceptó contrabandear el ingreso de Venezuela para evitar que Hugo Chávez quedara aislado en vísperas de las elecciones.
Horas antes de que se tomara la decisión en una cumbre en Mendoza, la presidenta de Brasil llamo a Mujica y luego envió especialmente un avión para discutir el asunto personalmente con un enviado del jefe de Estado.
Al regreso de Brasilia, el enviado contó al presidente otras razones: los empresarios brasileños estaban presionando fuerte porque se disputaban el apetecible mercado venezolano con sus colegas de Colombia.
Lo peor fue que en la cumbre de Mendoza Almagro quedó fuera de juego porque Mujica no le había dicho nada antes.
Ese domingo 1º de julio, al regreso de Argentina, el canciller llamó a varios canales de televisión para expresar su opinión contraria a que se aprovechara la suspensión de Paraguay para lograr el ingreso que esperaba desde 2006. Cuando le preguntaron por la razón de la prisa para hablar un domingo, Almagro respondió que tenía que hacerlo antes de la reunión del Consejo de Ministros del día siguiente, porque entonces sería disciplinado por el presidente.
En el libro “Almagro. Una trayectoria política singular”, que se publicó en 2013, el periodista Mario Mazzeo resume ocho entrevistas con el entonces canciller y futuro senador del MPP en las que este se presentó como un actor dispuesto a profundizar los cambios en la sociedad uruguaya en un sentido socialista.
En las conversaciones, Almagro se presentó como “un hombre de partido, de disciplina, del colectivo” dispuesto a acatar lo que sus compañeros decidieran.
Algunas de las afirmaciones del secretario general de la OEA son recordadas ahora para reprochar la actitud ante Venezuela que considera una verdadera obsesión y una injusticia con el resto, aunque Almagro insiste en que actúa igual con todos los países.
“La política tiene que ser esencialmente parte del fenómeno colectivo, si te salís de eso, terminás mal. Si mañana tenés una agenda personal perdés pie completamente, te ahogás. Es como ir caminando por la playa sin ver el acantilado, de repente pac, perdés pie” declaró a Mazzeo.
Y siguió: “En la altura hay menos oxígeno, hay otros gases. Y es bravo respirarlos” y entonces “hay gente que se prostituye muy fácil” a cambio de “ascensos y destinos”.
Quienes visitaron a Almagro en su casa de Washington, la vieja residencia oficial del secretario general, afirman que el exvecino de Cerro Chato (Paysandú), que se hizo vegetariano en China, es el mismo de siempre: Hincha de Nacional, desordenado y bohemio pero responsable padre que se ocupa de cocinar para sus hijos y atender a su educación.
Desde Montevideo, en cambio, sus excompañeros, perciben que Almagro fue ganado, entre otras cosas, por el glamour y los más de 20.000 dólares mensuales de sueldo y que además comenzó a frecuentar el lobby cubanoamericano de Miami y la oposición venezolana que tanto irritan a los ocupantes del Palacio Miraflores, incluso antes de asumir el cargo para el cual recibió apoyo casi unánime.
En esa posición de tomar distancia de Almagro se colocó el médico Leonel Briozzo, que hasta fines de 2016 fue su asesor en temas de salud sexual y reproductiva.
El exsubsecretario del MSP dijo que Almagro estaba muy interesado en ese aspecto de la agenda pero que de golpe cambió de posición. El prosecretario de la Presidencia durante el gobierno de Mujica, Diego Cánepa, también abandonó a Almagro y se dedicó a la actividad privada.
No obstante, al menos otros cuatro uruguayos continúan en relaciones contractuales en la OEA.
El economista Luis Porto, que fue subsecretario en el ministerio, ocupa el cargo de responsable de la consejería estratégica de la cual depende, entre otras, la dirección de prensa y comunicación en la que trabaja el periodista Sandino Martínez.
En calidad de asesor del secretario general está contratado Gabriel Bidegain, mientras que el exministro de Defensa Luis Rosadilla actúa como delegado en una mesa de diálogo para Nicaragua.
El cuestionado gobierno de Daniel Ortega, alineado con Caracas, ha pedido la renuncia de Almagro y otros gobiernos del Grupo de Lima han tomado cierta distancia en una declaración.