Es lunes 25 de marzo y el teléfono no para de sonar en el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV). La gente pregunta cuánto sale y dónde se compra la entrada; cuál es el horario, cuándo son las visitas guiadas. Un señor mayor después de recibir la información necesaria le dice a quien lo atiende: “Tengo 85 años y nunca pensé que iba a ver una muestra de Picasso en Montevideo. Ahora me puedo morir tranquilo”. No todos se lo toman con tanto dramatismo, pero sí es cierto que la muestra Picasso en Uruguay, ha despertado un entusiasmo y expectativa como pocas veces se dio en el ámbito de la plástica.
Es lunes y el museo está cerrado al público, pero el movimiento es continuo dentro y fuera. Hay jóvenes de camisetas negras y de guantes de látex que abren enormes cajas y manipulan con delicadeza los cuadros; otras personas toman medidas en las paredes o examinan con cuidado la pieza que llega a sus manos. “Uno controla la emoción porque es profesional, pero hoy cuando comenzaron a abrir las cajas y a salir las obras tuve que controlarme más porque la experiencia sensorial de estar frente a un Picasso es muy grande. Me pasó cuando apareció Busto, un trabajo preparatorio de Las señoritas de Avignon, fue impresionante, podemos estar meses hablando solo de esa obra. Estamos frente a los pliegues de un artista que redefinió el arte en el siglo XX y para siempre”, dice Enrique Aguerre, director del MNAV, a Búsqueda.
Las 45 obras que integran la muestra llegaron a Montevideo en tres viajes espaciados bajo estrictas normas de conservación y vigilancia. Tres de esas piezas pertenecen al Museo Picasso de Barcelona, las demás al Museo Picasso de París, que tiene la mayor colección del artista en el mundo. Las obras viajaron en cajas que mantuvieron la misma temperatura de París a Montevideo. Al llegar, se las dejó descansar unos días antes de abrirlas. Deben permanecer a una temperatura de entre 21 y 23 grados y con la luz adecuada. Todo esto lo cuenta Emmanuel Guigon, director del Museo Picasso de Barcelona y curador de la muestra, mientras va y viene por el salón donde algunos cuadros están en el piso, contra la pared, esperando su turno para ser colgados.
“El de Barcelona es el único museo que quiso el propio Picasso. Él vivió allí su juventud, pero durante toda su vida tuvo contacto con su ciudad de adopción. A pesar del franquismo y a pesar de Guernica él quiso hacer un museo en Barcelona”, explica el curador. Justamente por la movida artística de esa ciudad a comienzos del siglo XX la primera sección de la muestra se llama Barcelona modernista.
Es el 21 de setiembre de 1895 y Pablo Ruiz Picasso (Málaga, 1881-Mougins, 1973) llega con su familia a Barcelona. Se encuentra con una ciudad en auge económico y cultural. En la bohemia catalana fermentan las corrientes artísticas y el modernismo. Picasso se hace amigo de Jaume Sabartés, quien se convertirá en su secretario personal y vivirá en Montevideo en 1928. En sus años en Barcelona, Picasso coincide con un artista uruguayo: Joaquín Torres García.
“Sabartés había querido hacer una exposición en Montevideo de Picasso, pero su proyecto nunca se concretó. Picasso es el gran genio del siglo XX en pintura y también como escultor, poeta, ceramista, grabador es enorme, es un gran mito universal”, dice Guigon. También recuerda que la idea original para esta muestra fue de un coleccionista que vive en Uruguay: Jorge Helft.
Fue Sabartés quien donó al Museo Picasso de Barcelona la serie Las Meninas de Picasso que, a diferencia de la pieza única Las Meninas, de Velázquez, se integra por 56 pinturas. El museo que dirige Guigon tiene 54 de esas piezas, “la única suite completa que hay en el mundo”, explica. A la muestra en Montevideo llegaron dos de esas pinturas.
Guigon es francés y está radicado en España desde hace muchos años. Se ha especializado en las vanguardias históricas españolas. Antes de encargarse del Picasso de Barcelona, dirigió el Museo de Arte Moderno de Estrasburgo, donde hizo una gran retrospectiva de Torres García. Sobre la relación entre el artista uruguayo con Picasso y la cultura catalana escribió para el catálogo de la muestra, que tendrá una versión breve en la inauguración y una ampliada que saldrá dentro de 15 días.
Es 1904 y Picasso está instalado en París. Es su época rosa, con figuras de caras alargadas y gran influencia de El Greco; también pinta arlequines y jinetes. Dos años después comienza sus primeros bocetos de Las señoritas de Avignon, una obra que significará un quiebre en su arte y el paso hacia el cubismo. En el proceso va abandonando la perspectiva, fragmenta los planos, juega con los contornos. Su atelier es un centro de encuentros y debates. Se relaciona con los surrealistas, fuma opio e intercambia cuadros con Braque y Matisse. En 1908, Picasso y Braque formulan las bases del cubismo, corriente artística que influyó en el resto de las vanguardias.
“Toda la vida de Picasso se puede seguir a través de su obra”, comenta Aguerre. Para el director, Picasso es un artista que sigue generando polémica y maneras de ver y entender el mundo, de allí su convocatoria. “Es algo más que una exposición de arte por lo que significa Picasso para la gente. En ese sentido, es la más importante que seguramente me toque, porque exposiciones de este tipo se hacen una vez cada tanto. La última de estas dimensiones fue la de la colección del Vaticano, en 1998”.
Para lograr esta muestra, hubo un entendimiento entre los tres museos implicados y entre los gobiernos de Uruguay y Francia. Y una decisión política del gobierno uruguayo que destinó a través del Ministerio de Economía una partida especial (ver recuadro).
El Museo Picasso de París eligió a Montevideo como única sede para esta muestra. “Es tan grande la escala de esta exposición que tiene varios niveles de entendimiento. Es un proyecto que durante dos años se elaboró con el compromiso de los dos países y de los tres museos, por eso hay tantos aspectos técnicos y políticos para lograrla”.
Inversión y entradas. Hay 18 funcionarios del MNAV trabajando para esta muestra entre tareas de montaje e iluminación, a los que se suman conservadores y técnicos que vinieron de París y de museos nacionales. Además hay personal de seguridad de una empresa privada que opera en el museo y que ahora se reforzó con funcionarios del Ministerio del Interior, y una empresa privada de traslado. El museo también tiene un convenio con Interpol, que interviene en caso de robo. “No tiene por qué pasar nada, pero es nuestra obligación y compromiso con el Picasso de París de mantener seguridad permanente. Estas obras son patrimonio francés, y de allí nos visitaron expertos en seguridad e incendio. Nos dieron el permiso, pero tuvimos que invertir en seguridad, en infraestructura y en iluminación perimetral”.
Con la inversión en infraestructura el MNAV va a tener la habilitación de Bomberos más completa del país. Esto implicó la instalación de 15 bocas hidráulicas, más extintores en las salas de exhibición y un tanque de 10.000 litros de agua.
El conjunto de la muestra de Picasso —integrada por pinturas, esculturas, cerámicas, dibujos, un grabado y una acuarela, además de fotografías y documentos— está tasada en 280 millones de euros. Los precios de los seguros son acorde al valor de las piezas. “Se hizo un convenio con Picasso París para que los precios de las pólizas fueran los más adecuados. Esta exposición implica un impacto grande y, si sale bien, es un ejemplo de cómo hacer las cosas”, dice Aguerre.
La entrada al museo es libre para ver otras muestras, como la de Pedro Figari, Nostalgias africanas, que irá hasta el domingo 26 de mayo, pero para visitar la exposición de Picasso hay que pagar entrada. Como museo estatal, el MNAV no puede cobrar directamente, por eso las entradas se sacan en Tickantel o Redpagos, con día y hora para la visita. Salen $ 250 y $ 150 para jubilados y docentes de Primaria y de educación media. Los menores de 12 años entran gratis, y los martes la entrada es libre para todo público.
Entre 1931 y 1934, Picasso realizó una serie de esculturas que tuvieron como modelo a la joven Marie-Thérèse, con quien tuvo a su hija Maya. Una de estas esculturas, concebidas como “dibujos en el espacio” estará presente en la muestra. Se llama Tête de femme. También llegan piezas de cerámica, un arte que produjo intensamente entre 1947 y 1948.
Picasso en Uruguay se despliega hasta los últimos días del artista en Mougins, donde pintó Musicien en 1972, obra que cierra la exposición, que irá hasta el 30 de junio. El malagueño murió a los 91 años, dejó un legado de 45.000 obras y varios relatos oscuros sobre su vida. Pero eso es motivo de otra historia.
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