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    domingo 23 de junio de 2024

    Maltrato animal

    Sr. Director:

    Desde mi casa puedo ver el maltrato que viene sufriendo una perrita de una casa próxima,

    En efecto, desde hace aproximadamente un año y medio, ladra permanentemente, primero ladraba y se paraba con sus manitas apoyadas en una ventana, seguramente queriendo entrar o buscando a alguien.

    Ante esos ladridos y aullidos, una voz femenina gritaba  a todo  volumen: “¡Basta, perra!”. Como la perrita seguía igualmente con sus ladridos desesperados y mirando a través de esa ventana, un día, una voz masculina le gritó: “¡Se acabó, perra!”, y la pasó a otra parte del patio (la casa en cuestión da a dos calles) donde está en un patio abierto y jamás la soltaban ni la sueltan. Día y noche, con sol, lluvia, frío o viento, sus ladridos eran y son desgarradores.

    Un día que pasé, vi a un señor pintando una reja de uno de los frentes de la casa y le pregunté por los ladridos de la perrita, su respuesta fue: “Yo no tengo perra, tengo un perro. La perra es del señor de al lado que acaba de llegar, pregúntele a él”. Obviamente sabía  que no era del señor de al lado porque no sentía ladrar ningún perro de su casa ni tampoco veía a ninguno. Si los tiene, los tiene dentro o los suelta a su patio de a ratos y no los veo, y además, si bien no veo el sexo, si el “perra” dicho decenas y decenas, o mejor dicho gritado, decenas de veces.

    Otro día conseguí el número de teléfono por medio de consultas de guía de Antel y me atendió la señora cuya voz era la inconfundible del “¡basta, perra!”: su respuesta fue la misma que me dio quien pintaba la reja. Que tenía un perro, no perra.

    Antes no observaba esa casa y por ello no puedo decir si estaba o no la perrita: Sí que por todo lo que veo ahora esa casa estaría sola y va esa señora todos los días entre una a dos horas, cuelga ropa en la azotea y abre los postigones de algunas ventanas.

    Cuando ella está no escucho a la perrita porque es el momento del día en que se calla un poco.

    No puedo decir si tiene o no agua y comida suficiente porque eso no lo veo.

    En todo este período la vi suelta una vez —en ese patio— en que había una señora mayor sentada en un banquito y la perrita se dirigió hacia ella, quien le acarició la cabeza.

    Eso me hizo presumir que esa señora  podría ser la dueña de la casa y que ya no vive ahí y quizás era a ella a quien la perrita buscaba desesperada cuando se asomaba a una de las ventanas (siempre a la misma), a la que ahora no puede acceder.

    Me dirigí a tres ONG con las que colaboro regularmente pero no tuve éxito, por lo que decidí hacer la denuncia en el INBA vía internet, que es la única forma que aceptan.

    A los días, envié un correo electrónico al INBA. Del mencionado instituto me respondieron vía correo electrónico: “Estimado/a. Se reenvía al área correspondiente. Un cordial saludo. Instituto Nacional de Bienestar Animal”, y a continuación su dirección y números telefónicos. Al igual que en las comunicaciones siguientes, que han sido muchas, no da cumplimiento al decreto 500/91 y modificativas, al no establecer oficina de la que parte ni nombre del funcionario actuante.

    Como la situación seguía igual, comencé a llamar por teléfono. La segunda vez me dijeron que habían “intimado” a la señora a que presentara documentación de la perra y que esperarían a su cumplimiento.

    La situación continuaba igual y por ello volví a llamar. Me dijeron que seguían a la espera.

    En esos días, se produjo una novedad: vi en el  otro patio (este semicerrado), donde primero estaba la perrita, otro perro/a muy parecido (son de color beige con manchas blancas en la cara y peludos) pero un poco más chico, que estaba acostado sobre la baldosa marrón de ese patio semicerrado. Tenía cierta dificultad al caminar. Tanto que primero pensé que era la perrita en cuestión y volví a llamar al INBA a decirlo porque pensé que quizá se debía a la intervención de ellos. Pero me dijeron que no habían vuelto a actuar ni recibido la documentación solicitada. De todas formas, en mi  creencia primera que era la perrita y que estaba tan desmejorada por lo que había pasado, me quedé relativamente conforme.

    Pero grande fue mi sorpresa cuando a los pocos días volví a ver a la perrita “basta, perra” en el otro patio, pero suelta y en el patio semicerrado a la otra /o perro.

    En los días sucesivos el nuevo can siguió en ese patio, sobre el piso pero sin ladrar o si ladra lo hará esporádicamente y la otra perrita volvió a su cautiverio.

    Entonces nuevamente llamé al INBA y manifesté la situación. Me dijeron que la señora no había presentado la documentación y que “tendrían que ir”.  Me dijeron también que toda información que quisiera agregar la dirigiera al correo electrónico de ellos: [email protected]

    Eso hice repetidas veces pero la respuesta fue idéntica a la que puse más arriba. Caminos que no conducían a nada, mientras la perrita seguía sufriendo con vientos fuertes, frío y lluvia.

    Pregunté al INBA cuál era el área correspondiente pero no se expidieron. Jamás estaba el nombre ni la oficina de donde partía.

    En un correo fechado el 5 de setiembre de 2022 me contestaron:

    “Comprendemos su molestia en cuanto a nuestro accionar pero debido a que no hay riesgo de vida comprobable aún no hemos podido agendar una visita.

    De igual forma la denuncia ha sido derivada a nuestra área jurídica para seguir trabajando la misma.

    Desde ya pedimos disculpas por las molestias ocasionadas,

    Cordial saludo”.

    Llamé por teléfono por enésima vez para saber si para dar la  respuesta de que no había “riesgo de vida comprobable” habían ido a la vivienda. La respuesta fue que no y repitieron que debía comunicarme por escrito.

    O sea,  el ida y vuelta de enviar un correo y recibir que se enviaba al área correspondiente.

    Una burocracia terrible que indigna porque, en primer lugar ¿qué entienden por riesgo de vida comprobable si no fueron? Segundo, ¿no es riesgo de vida pasar un año y medio sufriendo y en esas condiciones? Tercero, las intimaciones son con plazo. Hace meses que envié la denuncia referida y la inacción es total.

    Envié un nuevo correo preguntando cuál era la oficina del INBA y nombre del funcionario actuante y me enviaron un correo que decía INBA, dirección y teléfono: Eso fue todo.

    Llamé  pero volvimos a la calesita: que tenía que enviar un correo electrónico. ¿Para qué? Esto no es una broma. Estoy poniendo en conocimiento del instituto que aparentemente tendría las funciones de bregar por el bienestar animal de la situación de sufrimiento de un animal para  que cumpla con la intimación que dijeron habían  realizado, que vayan a la casa y lo constaten.

    Tienen la dirección de ambas entradas de la casa, el número de teléfono y todos mis datos.

    Lo que hice fue enviar un correo con el ladrido de la perrita grabado.

    Han pasado meses pero la perrita sigue exactamente igual.

    Me pregunto para qué entonces existe el mal llamado Instituto de Bienestar Animal. Sería mejor destinar los recursos a alguna ONG que realmente se preocupara del bienestar animal y aquí no puedo menos que recordar a la inolvidable Esc. Olga Baldomir, quien dio su vida, su fortuna y su profesión a los animales en situación de abandono o sufrimiento. Colaboré con ella durante varios años en su tan  sacrificada tarea, que extendió a varios países del continente, donde obtuvo varios premios, pero en Uruguay somos muy pocos quienes nos acordamos de ella y de su maravillosa obra.

    Dra. Diva E. Puig

    Cartas al director
    2022-10-05T22:35:25