Se los citó a entrevista al día siguiente y ratificaron su decisión. Dijeron que, de acuerdo con su interpretación, Lucio mostraba “resistencia con la figura femenina de la familia”. También plantearon que les preocupaba que la progenitora del niño fuera “violenta y querellante”. Así, sin más, el 30 de julio Lucio volvió al INAU.
Sede central del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay.
Mauricio Zina / adhocFOTOS
Qué falló
El reintegro de este niño al sistema de protección generó desolación en el instituto, como es natural. Por su historia, por la expectativa de que mejorara, por el poco tiempo que duró, por la huella que esto dejará en su vida.
Aunque es de los casos más impactantes, no es el único ni el primero. En agosto, El Observador informó que se habían registrado tres procesos excluyentes —así se le llama a la interrupción de la integración adoptiva— en un breve lapso, algo que había llamado la atención de las autoridades. En ese momento, dijeron que estaban revisando los expedientes para determinar qué había ocurrido y cuáles habían sido las fallas.
Según pudo saber Búsqueda, el examen de los expedientes sigue en curso y, como observación preliminar, se entiende que en varios de ellos hubo factores imponderables. Es decir, no se podría haber evitado el fracaso de la adopción. En uno de los casos se detectó que hubo fallas en la valoración de la familia adoptiva y que, una vez que se definió que era “idónea” (a pesar de ciertas dudas), se debería haber trabajado mejor la integración del niño.
Para el vicepresidente del Directorio del INAU, Mauricio Fuentes, “hay un montón de factores que se ponen en juego” en esos procesos y “sería imposible atribuir (el fracaso) a una sola gestión”. En diálogo con Búsqueda, puso el ejemplo de una familia que, luego de integrar a un niño, empezó a revivir una situación traumática que uno de los integrantes había transitado y creía superada.
“El 90% de las cosas que hace INAU implican decisiones que son cuestionables. El margen de error existe. Nada es infalible, son procesos con seres humanos. A veces la línea es recontradelgada”, consideró Fuentes. Y agregó: “A priori no me preocuparía la cifra de procesos excluyentes, sino el motivo por el que se generaron esas definiciones. Si son decisiones fundadas en las que la integración estuvo bien valorada o no”.
De acuerdo con los datos del Departamento de Adopciones, brindados por el organismo, en uno de los casos eran dos hermanos que, tras la interrupción de la adopción, se integraron “inmediatamente” a otra familia del RUA. En los otros dos casos se trata de niños “solos” que volvieron a hogares de 24 horas. Uno de ellos es Lucio.
Lo ocurrido no difiere demasiado de años anteriores.
En 2025 fueron tres situaciones, y dos de los niños pudieron insertarse luego en familias adoptivas. En 2024 ocurrió exactamente lo mismo. En 2023, en tanto, hubo más procesos excluyentes, pero también hubo más adopciones. De 11 procesos frustrados, nueve niños fueron finalmente adoptados y dos siguen en el sistema de protección.
Expresado en términos porcentuales, en lo que va de este año se frustró el 4,3% de las integraciones. En 2025 y 2024, la tasa fue de 2,2%. Y en 2023, alcanzó el 7,1%.
“De estos procesos excluyentes, en su amplia mayoría llegaron a convivir con la primera familia seleccionada un promedio de entre un mes y un año, existiendo tres situaciones que convivieron entre dos y nueve años”, dice el informe con los datos proporcionado a Búsqueda. En dos casos, “fue decisión del equipo de Adopciones la salida de esa familia y el pasaje inmediato a otra familia del RUA por constatación de violencia”.
Fuentes explicó que, cuando las adopciones se frustran, por lo general se determina la no idoneidad de la familia adoptiva que antes había sido considerada idónea. Transcurrido determinado tiempo podría volver a inscribirse en el RUA, aunque lo habitual es que no lo haga.
En tanto, para el niño o el adolescente involucrado, se busca el reintegro a un núcleo familiar lo más rápido posible, lo cual debería poder ocurrir con celeridad en la medida que ya tiene la condición de adoptabilidad determinada por la Justicia. A veces se busca que no vuelvan a proyectos del INAU, sino que sean recibidos por una familia de acogida hasta que se resuelva su situación. Cuando son adolescentes o niños con discapacidad, esto resulta mucho más complejo.
Menos postulantes
De acuerdo con la información proporcionada por el INAU, hasta el 30 de setiembre de este año se produjeron 92 integraciones familiares. Los años anteriores culminaron con entre 135 y 154.
Es posible que en los meses que quedan se concreten suficientes adopciones como para que la cifra final no implique una baja sustancial. De hecho, Fuentes aclaró que en el último trimestre suele darse un impulso porque es cuando culminan más valoraciones a las familias postulantes.
De todas formas, el dato más llamativo es la cantidad de familias que ingresaron al RUA este 2026. En lo que va del año fueron 53 familias solamente. Y la tendencia a la baja es notoria: de 243 ingresos en 2022, se pasó a 145 en 2023, 106 en 2024, y 93 en 2025.
Actualmente, además de las 53 familias que están en el registro, hay 30 que comenzaron el proceso, 56 en valoración psicosocial y 16 que solicitaron reserva por un tiempo por situaciones particulares (mudanza, viaje al exterior, problema de salud, entre otras).
En un análisis preliminar y de corte “intuitivo”, Fuentes comentó que hay un “boca a boca” que se transmite respecto al sistema: hay una gran cantidad de familias inscriptas que todavía no tienen niños integrados. Lo cierto es que hay muchos niños y adolescentes en condición de adoptabilidad (más de 500), pero sus perfiles no coinciden con lo que buscan las familias (unas 200). “Eso tiene un efecto, si se quiere, de desmotivación”, consideró.
El vicepresidente del INAU aclaró que no se han rechazado más familias que otros años (de hecho, 2026 fue récord de “no idoneidades”). Ocurre que, directamente, hay menos familias postuladas. “Eso es parte de muchas cuestiones y factores que operan simultáneamente. Hay que hacerse cargo de la valoración negativa que tiene el proceso de adopción de INAU”, expresó.
Sistema en revisión
Las autoridades actuales del INAU entienden que hay que revisar el sistema de adopciones.
Uno de los aspectos que se quiere analizar y eventualmente modificar es el plazo de preparación y evaluación de las familias aspirantes al RUA. La Ley de Urgente Consideración lo fijó en un máximo de 18 meses con el objetivo de agilizar el proceso, pero en el organismo entienden que esa determinación conlleva complicaciones.
“Creo que, si bien se hace con intención de poder dar garantías y celeridad a los procesos, y que es saludable pensar que no se extiendan, trae la contracara de que a los 18 meses se debe hacer una valoración sí o sí”, opinó Fuentes. El directorio entiende que “poner un plazo estricto que hay que cumplir a rajatabla no necesariamente es el mejor camino”, porque puede obligar a rechazar a una familia con la que se podría haber trabajado más, o a aceptar a otra “con dudas razonables”.
Mauricio Fuentes, vicepresidente del INAU, en la Cámara de Diputados del Palacio Legislativo.
Mauricio Zina / adhocFOTOS
En el tiempo estipulado “las familias realizan talleres, los asistentes sociales trabajan con ellos, se valoran posibles escenarios respecto de una adopción, se plantean historias ficticias de gurises para ver si tendrían voluntad de integrarlos, se trabajan preferencias de un núcleo familiar…”, describió el jerarca. Aunque pueda parecer mucho tiempo, un año y medio “no necesariamente” alcanza para “tomar una definición que es bastante definitoria”.
Por otro lado, se está trabajando junto con la Oficina Nacional de Servicio Civil para “valorar cuál es el lugar del Departamento de Adopciones en la estructura institucional”, dijo Fuentes. Con el fin de jerarquizarlo, el gobierno pasado lo dejó bajo dependencia del directorio, pero la actual administración entiende que el funcionamiento de la oficina podría ser “más fluido” si tuviera como referencia inmediatamente superior a otro programa y no al directorio. Además, se está pensando la forma de que Adopciones tenga más coordinación con otras áreas del instituto.
En tanto, la Institución Nacional de Derechos Humanos creó un grupo de trabajo sobre el sistema de adopciones y allí se están pensando modificaciones al protocolo general de integración familiar. Por el INAU participa la directora general, Andrea Venosa. El objetivo es elaborar un documento con recomendaciones que luego se deberán discutir con los técnicos del organismo. Según supo Búsqueda, ya existe un borrador avanzado. Una de las observaciones que surgió es la ausencia de protocolo de trabajo con los niños y adolescentes que están en un proceso de adopción. Fuentes consideró que es una carencia “importante” que no se había puesto sobre la mesa antes.
Este año se sustituyó al director de Adopciones, Darío Moreira, tras una serie de cuestionamientos y un caso particular que impactó en la opinión pública: el de una bebé que había sido dada en adopción y cuya tenencia fue revertida tras el reclamo de su tío biológico. Desde abril, la titular es Nair Ramos.
La vida de Lucio
Para Lucio, ha sido muy doloroso volver al INAU.
En el hogar El Andén, adonde regresó, se dispuso que el equipo de psicólogos tuviera espacios semanales con él para acompañarlo a transitar el proceso y que pueda entender lo que le sucedió. También está recibiendo ayuda de sus educadoras referentes y retomó la asistencia al CAIF.
Los técnicos intentaron, junto con el Departamento de Adopciones, contactar a la mamá de Lucio para explicarle la nueva situación y marcar encuentros con el niño. La citaron cuatro veces y las cuatro faltó, pese a haber confirmado su asistencia, según pudo saber Búsqueda. La última vez fue ella la que quiso coordinar una visita, pero en el hogar le respondieron que debía presentarse en el juzgado para solicitarla.
Por la información que surge del expediente de Lucio, su madre trabaja en una panadería y vive en pareja, aunque sigue sin recibir la atención psiquiátrica que se le había indicado como condición para mantener la tenencia del niño. Alega que no consigue hora con el especialista, pero las veces que se le facilitó el acceso en ASSE, no concurrió. Sigue manifestando que quiere recuperar a su hijo.
El Departamento de Adopciones se encuentra en busca de otra familia para Lucio que, a pesar de todo, tiene apertura para volver a intentarlo.