“Dale, viejo, sacá la bandera que ya está el general”, dice la señora militante, que es todo entusiasmo, mientras Guido Manini Ríos abandona la Radio RBC de Piriápolis, rodeado por una treintena de simpatizantes en la tarde del viernes 7. El exmilitar, devenido en político, saluda y esboza media sonrisa, con la frente arrugada y el entrecejo fruncido. “A ver si gana este, porque si no, andá a saber qué pasa”, murmura la mujer, mientras Manini se sube a un auto gris. “Ahora habrá que hacer una caravana en este pueblo que está lleno de comunistas”, anima un militar jubilado del Regimiento de Caballería N°8, de Melo. La caravana de veinte autos transita por la rambla desolada y fría de Piriápolis, como en una escena de la película Whisky.
Recién lanzado a la política, Manini aseguró a Búsqueda: “A mí me queda difícil hablar del presidente, porque yo ocupé un cargo de confianza suyo durante cuatro años, pero el manoseo que ha hecho, la falta de respeto que él ha tenido con el Ejército en estos días (por las actuaciones del Tribunal de Honor que juzgó a José Gavazzo y Jorge Silveira), a mí me habilita a decir que el presidente, para eludir su propia responsabilidad, actuó con total ligereza”.
Tras sus 27 años en el Ejército, Manini exhibe convicción católica y tradición política. Es nieto de Pedro Manini Ríos, exministro de José Batlle y Ordóñez y fundador del Partido Colorado Riverista, y sobrino de Carlos Maini Ríos, director de La Mañana, embajador de la dictadura en Brasil y luego ministro del Interior del primer gobierno de Julio María Sanguinetti.
Los Tatuces y Chicotazo
Llega a la hora exacta, pantalón oscuro, camisa clara, abrigo verde oliva y campera beige. Camina con el mentón alzado, el rostro huesudo, ojeroso. Manini saluda uno a uno. Su estrategia política es recorrer el país hablando “cara a cara” con la gente, dice, y en cada localidad visita los llamados “círculos” o “sedes” artiguistas, cuya misión es formar “cabildos” para recibir al “caudillo del siglo XXI”, como lo llaman algunos. Y él sonríe.
Son las 19:30 y un galpón de la estancia Los Tatuces, próxima a la ciudad de Pan de Azúcar, está repleto. Manini se acomoda frente a cincuenta sillas de plástico ocupadas y otros tantos militantes de pie, en su mayoría del interior, varios militares y agropecuarios de la zona. El promedio de edad es alto.
El lugar es grande, presidido por una bandera con el logo de la Sociedad de Criadores de Caballos Criollos del Uruguay, y la acústica es deficiente. “La gente está descreída del sistema político y cada vez más les retira la confianza a los políticos de toda la vida”, comienza Manini, con cierta aspereza marcial.
Su carrera electoral se enfocará del 1º de julio al 27 de octubre, dice. Y se explica: “Queremos darle oxígeno a esta democracia que ya está colapsando o languideciendo en el descrédito de la gente”, que decidirá “si quiere continuar en este tobogán sin final, cada vez más deteriorado” o “recuperar sus raíces”.
Para este licenciado en Historia, influido por la idea de la patria grande latinoamericana, Cabildo Abierto levanta las “viejas banderas”, y se distancia de quienes lo definen como “el Bolsonaro” o “el Chávez” uruguayo.
Para este licenciado en Historia, influido por la idea de la patria grande latinoamericana, Cabildo Abierto levanta las “viejas banderas”, y se distancia de quienes lo definen como “el Bolsonaro” o “el Chávez” uruguayo. “Artigas no era ni de derecha ni de izquierda”, aclara, sin entrar en más comparaciones. “Artigas convocaba a la gente a cabildos abiertos que era esto, la reunión de su gente con el conductor”.
Enseguida, evoca al “caudillo rural” Benito Nardone, Chicotazo, que a mediados del siglo XX “resucitó” los cabildos abiertos. “Y vaya si participó el pueblo uruguayo cambiando la política de aquellos años”, aunque, lamenta, nuevamente desaparecieron. Nardone fue un periodista y político de tradición batllista, un personaje carismático con llegada al medio rural a través de sus audiciones radiales y que alcanzó la presidencia del Consejo Nacional de Gobierno entre 1960 y 1961.
El exmilitar se ceba en su diagnóstico. “Hoy el Uruguay es un país fundido” que “vive de prestado” y “el Estado es un relajo”. “Tenemos la misma tasa de faltas al trabajo que un país que acaba de terminar una guerra… Hay mucha corrupción, pero más aún negligencia” e “incapacidad” de las autoridades, dice, y entusiasma al público.
“El presidente de la República debe ejercer la autoridad que le confieren la Constitución y las leyes” para ejecutar medidas urgentes, dice, y anuncia “una ley de ordenamiento del Estado”, con topes a los sueldos en empresas públicas, entre otras ideas. “El Ministerio de Ganadería debe estar en el interior y el de Turismo tendría que estar acá, en Maldonado”. Y entonces suelta un latiguillo de campaña: “No queremos este país de la especulación ni de la bancarización ni de los bonos a altos intereses”. Más aplausos.
También dice que “el sistema de enseñanza pública está colapsado”. “Yo soy partidario de más liceos militares. En mi cargo anterior —de jefe de la Fuerza— abrimos un liceo militar nuevo en Tacuarembó, con recursos propios de la institución. (Pero) con apoyos del Estado se pueden abrir perfectamente otros liceos en la zona este y en la zona oeste” del país. Ya como comandante, Manini había propuesto que el Ejército se encargara de formar a los jóvenes que no estudian ni trabajan, una posibilidad que entusiasmó en su día al expresidente José Mujica, pero que al final no prosperó.
“Hoy mandan los presos”
Ni bien acaba su discurso, Manini da pie a un militante veterano que pronto lo abraza y se quiebra. “Yo pasé dos meses en la cárcel, injustamente. Ta, yo le tiré tres tiros al marido de una nieta mía, pero la prisión mía no era para cárcel, era para prisión domiciliaria por todas las patologías que yo tengo… La cárcel es un centro de corrupción y de tortura; éramos siete en mi celda; allí la droga la vende la dirección de cárceles…”, cuenta el hombre, mientras Manini se lleva las manos a la cintura, asiente con la cabeza pero mantiene el rictus serio. “Lo que dice aquí Guerra es una muestra de la vergüenza que son las cárceles”. De los 11.000 presos del país, dice, “un par de miles salen de vuelta a delinquir… bueno, en realidad, delinquen todos, porque la única que les queda es volver al delito”.
Aunque aún no presentó su programa de gobierno, Manini dice que creará una prisión de máxima seguridad custodiada por las Fuerzas Armadas. “Vamos a crear una cárcel militar para todos los más peligrosos delincuentes, y ahí van a estar totalmente aislados”, porque “hoy mandan los presos”, dice, seco y serio. Sin embargo, no adhiere al plebiscito impulsado por el precandidato nacionalista Jorge Larrañaga, que entre otros temas plantea la creación de una Guardia Nacional integrada por militares.
Su prioridad es “terminar con la oferta de la droga legal”, porque “la droga es la mitad del problema de la seguridad”. “¡Hay que terminar con la droga!”, machaca, y remite a “la estadística que dice que cada mes que pasa son asesinados 40 uruguayos”. Además, dice que la Policía está “de manos atadas” y “mal organizada”, “no se hace respetar”, y por eso es necesario “restablecer su cadena de mando”.
Aunque aún no presentó su programa de gobierno, Manini dice que creará una prisión de máxima seguridad custodiada por las Fuerzas Armadas. “Vamos a crear una cárcel militar para todos los más peligrosos delincuentes, y ahí van a estar totalmente aislados”, porque “hoy mandan los presos”.
El Poder Judicial “está mal”, sigue. “El noventa y pico de los delitos quedan sin resolver”, porque “la Justicia no está a la altura de las circunstancias”, “no da abasto” y “no cumple con su función”. Por eso aboga por un nuevo Código del Proceso Penal que establezca “penas más duras” y “evite esas negociaciones que se hacen para apurar los trámites”.
“¡Y si tienen que ir presos mil, dos mil, o tres mil más, que vayan!”, grita, entre aplausos. “El código que vamos a impulsar va a tratar a los narcotraficantes como asesinos, y se les van a aplicar sanciones mucho más graves, porque es lo que son: asesinos”, eleva el tono y es ovacionado.
Acercándose a otro asistente, preocupado por la situación de los militares, afirma: “Con los soldados hay un trato injusto y vamos a hacer justicia, créame que eso lo tengo bien claro, estuve muchos años conviviendo con ese problema y desde el gobierno vamos a llevar justicia a los soldados”. Manini ingresó a la Escuela Militar en 1975, se formó en el Batallón de Infantería paracaidista N°14 y fue ascendido a la jerarquía de general luego de haber sido director del Hospital Militar.
Transcurridos cuarenta y tantos minutos, vitoreado, se despide con la mano levantada. Sin mirar a nadie, aún más serio, dice: “Es importante que todos vayan a votar por Cabildo Abierto el 30 de junio”. Luego pide paso entre el amontonamiento. Aprieta las manos de otros simpatizantes. Varios le dicen: “¡Vamos, mi general!”. Él se ríe; ellos también.
Información Nacional
2019-06-13T00:00:00
2019-06-13T00:00:00