El principal dirigente invitado a conversar en la tarde del 25 de agosto en el comité de base de Belvedere era Juan Castillo, que además de secretario general del Partido Comunista es expresidente del club Rampla Juniors.
El principal dirigente invitado a conversar en la tarde del 25 de agosto en el comité de base de Belvedere era Juan Castillo, que además de secretario general del Partido Comunista es expresidente del club Rampla Juniors.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCon la llegada de Castillo la charla entre los militantes que lo esperaban se desvía hacia temas de fútbol, primero local y luego internacional.
—Si hay un jugador que no eclipsó a nadie y fue para mí el más grande fue Maradona. Hizo que jugara Valdano, hizo que jugara Burruchaga, Batista. ¿Eh? ¿O no? Porque aquella selección del 86… —dice Gabriel Otero, alcalde del Municipio A, quien minutos antes había reconocido que no sabía nada de fútbol.
—Le dio cabida a la prensa, le dio vida a todos —acota el más veterano del grupo.
—Después la vida de él fue… —reflexiona Otero.
—El único problema de Maradona es que habla, todo lo demás lo hace fenómeno —interrumpe Castillo.
—¡Seguro! Que no hable —apoya el veterano.
—Pero vos viste que lo que dice Maradona es bien simple. Tiene una inteligencia natural —dice otro militante, que peinaría canas si no fuera calvo, mirando al dirigente comunista.
—Ah no, tiene agallas. Tiene agallas —cede Castillo.
—Pero aparte lo que dice, pega. No habla dos horas —insiste su interlocutor.
—No, no. Dice una oración. Es una síntesis —acota Otero y pone los dedos índices de ambas manos a una distancia muy corta.
—Vo, se debatía el mundo sobre Venezuela, qué hacer, y dice: Alístenme que yo estoy para lo que ustedes quieran. ¡Pac! —dice Castillo. Y se ríe.
—Gol —apoya Otero.
—Dudaban con Fidel, con que murió, que lo iban a sacar y todo. Fidel es lo más grande del mundo y se tatuó a Fidel —prosigue Castillo animado por su ocurrencia, y se golpea el hombro derecho, en alusión al lugar elegido por Maradona para tatuar el rostro de Castro—. Eso lo pueden hacer muy pocos.