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    Maratones extraordinarias

    La celebrada La flor y otras películas de El Pampero Cine se encuentran disponibles para ver gratuitamente y on demand

    Antes de la pandemia, el compromiso de tiempo exigido por la película argentina La flor sonaba extravagante. Una ficción de casi 14 horas de duración, seis historias disímiles, relatos sin finales y una presencia escurridiza en los cines. La propuesta colosal del director Mariano Llinás solía encontrarse solo en festivales extranjeros o mediante proyecciones esporádicas a lo largo del territorio argentino entre 2018 y 2019. En Uruguay, La flor tuvo su estreno en abril del año pasado en el Festival Cinematográfico Internacional organizado por Cinemateca. Fue exhibida en tres partes y durante tres días, siguiendo un cronograma estricto concebido por Llinás y su productora, El Pampero Cine, como parte de las exigencias para permitir la proyección del largometraje. La flor tuvo otras exhibiciones en mayo, aunque un poco a contrarreloj de los horarios de oficina. También hubo una oportunidad fugaz sobre fines del año pasado, al ser incluida dentro del repaso de las mejores películas del año vistas en la Cinemateca. En todas las instancias, el largometraje demandaba algo que hoy parece utópico: una visita extensa y reiterada a una sala de cine.

    Con el Covid-19 asentado, los cines cerrados hasta nuevo aviso y los espectadores sujetos al entretenimiento hogareño, las reglas del juego cambiaron para la industria y su consumo. Se pospusieron los grandes lanzamientos de Hollywood, los rodajes se detuvieron y la televisión y los servicios de streaming comenzaron a sacar pecho con el calendario de novedades mensuales.

    Dentro del sector audiovisual rioplatense, los realizadores enfrentan restricciones similares pero optaron por un accionar radical ante el alto de las actividades. Mientras que en Estados Unidos se buscan estrategias para atajar las pérdidas que el cierre de las salas traerá a los estudios —Universal, por ejemplo, mandó varios de sus estrenos grandes a plataformas pagas y, por lo tanto, a merced de los piratas—, cineastas uruguayos y argentinos impulsaron una distribución, principalmente gratuita, ocasionalmente paga, de estrenos, películas recientes y títulos guardados en algún disco duro. La flor encontró así un nuevo hogar en línea y terminó encabezando la “liberación” de la filmografía completa de El Pampero, en un movimiento paradigmático para el cine de este rincón del continente en lo que va del año.

    El Pampero fue fundada entre Llinás y los realizadores Laura Citarella, Agustín Mendilaharzu y Alejo Moguilansky. La compañía se estableció en 2012 con el propósito de “experimentar y renovar los procedimientos y las prácticas del cine hecho en la Argentina”, según se remarca a través de un manifiesto biográfico. Ese anhelo creativo se ubica dentro de la ampliación de las posibilidades narrativas y comerciales que el cine argentino tomó a partir de la segunda mitad de la década de 1990, dentro de un movimiento hoy conocido como el Nuevo Cine Argentino. Realizadores como Llinás siguieron a una ola encabezada, en parte, por la consolidación de cineastas como Lucrecia Martel, Pablo Trapero y Daniel Burman y continuada por la llegada de nuevas voces como Martín Rejman, Gabriel Medina y el uruguayo Israel Adrián Caetano. Mientras que en Uruguay el éxito de taquilla de En la puta vida era acompañado por la llegada de 25 Watts y el cine de Control Z en 2001, El Pampero empezó a dar los primeros pasos en un camino de producción de un cine independiente disruptivo, peculiar y celebrado.

    Desde la concepción y ejecución de su primera película, Balnearios (2002) —en donde el documental y la comedia se mezclan en una exploración de las tradiciones y la nostalgia—, Llinás y compañía decidieron oponer su forma de hacer cine al resto del Nuevo Cine Argentino. Una de sus medidas tajantes fue intentar concebir películas sin contar con los fondos provistos por el Instituto Nacional del Cine y el Audiovisual de Argentina (INCAA), que provee una vía de financiación que hasta hoy alimenta al cine vecino, así como al uruguayo, gracias a los mecanismos de coproducción. La búsqueda por un financiamiento alternativo, que llegó en gran parte por fondos internacionales y becas culturales y educativas, decantaron en otras formas de distribución de las películas de El Pampero, que encontró audiencias de cine en lugares donde antes no los había, como en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.

    El resultado de esas casi dos décadas de experimentación y labor colectiva puede apreciarse hoy en su totalidad por streaming. Desde fines de marzo y a raíz de la cuarentena, tanto La flor como la anterior gran película laureada de Llinás (Historias extraordinarias, de 2008, con una duración de cuatro horas), al igual que el resto del catálogo de largometrajes de El Pampero, se encuentran disponibles en YouTube y la plataforma artística Kabinett para ser vistas en línea, on demand y de forma gratuita.

    La iniciativa tomada por El Pampero en la era del distanciamiento social llamó la atención, en particular, por la cruzada que Llinás había promulgado: su película debía ser vista únicamente en la pantalla de un cine. Sin embargo, en algún punto de la pandemia, el discurso cambió, como suele suceder en estos tiempos. En conversaciones con El País de España y la revista argentina Rolling Stone, Llinás dejó entrever que las condiciones que ataban a La flor a las salas de cine se volvieron cuestionables en una situación de encierro obligado masivo. La pregunta a propósito de qué es el cine cuando no hay salas sobrevoló al realizador hasta que comenzó a ceder frente a sus propias convicciones. El director argentino hoy cree que la cuarentena ha creado “microcines” en los hogares, con varios miembros de una misma familia obligados a pasar un tiempo que de otra forma no existiría. Las viejas posiciones férreas perdieron entonces ante una mera necesidad: la de mostrar la película. “Era el momento”, dijo el director a Rolling Stone. “Había como una especie de concentración. Una situación que podía pensarse parecida a la que se generaba en el cine o la televisión vieja. Esa idea de ver algo en un momento particular. Y con todo el mundo junto”, agregó.

    La flor no tuvo un camino fácil para llegar a su nuevo hogar virtual. El equipo de El Pampero tuvo que lidiar con algunos problemas vinculados a los derechos internacionales de distribución vendidos a países como Francia, en donde el peso de los dueños de las salas de cine aún se siente. Tras un intento frustrado en el que solo un segmento de la película llegó a YouTube, hubo que hacer borrón y cuenta nueva.

    Como alternativa, encontraron un hogar en la plataforma Kabinett, que pertenece a Eduardo Costanini, hijo del empresario homónimo. El emprendimiento se presenta como sitio anti-Instagram que rechaza las selfies y las fotos de comidas. Imparte una declaración antimillennial que, a primera vista, no tiene nada para diferenciarse del uso que esas generaciones le dan a Internet. De todas formas, sí tiene a su favor el involucramiento de artistas como Patti Smith, Juana Molina y Sean Lennon. Logra, además, cumplir con algunos requisitos de Llinás, al permitir que La flor fuera subida en ocho partes, manteniendo así el espíritu de serial que la productora quería a la hora de narrar el manojo de historias protagonizadas en su totalidad por las actrices del colectivo teatral Piel de Lava: Pilar Gamboa, Elisa Carricajo, Laura Paredes y Valeria Correa.

    Con un propuesta tan heterogénea, entretenida y megalomaníaca que incluye historias con espías, una momia maldita, romances a la sombra de grandes conspiraciones, un uso recurrente de la voz en off y hasta un homenaje al director francés Jean Renoir, La flor presenta cierta atemporalidad, incluso en su nueva vida on line. Se siente un impulso que acarrea a toda la obra, en donde el hecho de hacer, de poder filmar y filmar, prima sobre cualquier punto de reflexión o cuestionamiento social que sus historias o protagonistas puedan tener. Gracias a su extensión atípica, cierto folklore en torno a un rodaje de nueve años en múltiples países y el reconocimiento cosechado en festivales, La flor originó un renombre internacional para El Pampero.

    La mudanza, hasta ahora, parece ser un éxito. Desde su estreno on line a fines de marzo, La flor lleva 320.000 visualizaciones y va en aumento, según la Rolling Stone. Y mientras los ojos de los comensales toman el extenso largometraje como el plato principal del banquete propuesto por El Pampero, la productora amplió el menú. Durante el tiempo en que la compañía demoró en completar el proceso de subida de La flor, decidió liberar una serie de películas que permiten atestiguar por qué algunas voces del llamado Nuevo Cine Argentino de principios del milenio todavía tienen cosas para decir.

    La primera película en ser subida fue La mujer de los perros (2015), codirigida entre Laura Citarella y la actriz Verónica Llinás, hermana del director, quien la protagoniza. Casi sin diálogos, el relato transcurre durante las cuatro estaciones del año en la vida de una mujer solitaria, a excepción de los animales del título, que vive en una choza en los suburbios de Buenos Aires. Una versión urbana, femenina y naturalista de Náufrago. De Citarella también puede verse su ópera prima Ostende (2011). Laura Paredes, quien se luce en cada segmento de La flor, está al frente de una historia sobre una joven, estancada en un resort vacacional en la fecha equivocada del año para ir, que se obsesiona con las rutinas misteriosas de uno de los residentes.

    Como contraoferta se encuentran también los trabajos de Moguillansky, recomendables si se desea conocer un aspecto más lúdico y relajado de este grupo de cineastas. De Moguillansky se pueden ver en YouTube sus dos películas como director. El escarabajo de oro (2014) podría considerarse un derivado de La flor. No solo porque varios de los miembros de ambas películas aparecen interpretándose a sí mismos, sino por su interés al permitir que lo verbal y la narración de la historia jueguen un rol vital en ella. La vendedora de fósforos (2017) es presentada como un cruce entre documental y ficción en torno a la puesta en escena en el Teatro Colón de una versión del relato de Hans Christian Andersen.

    La selección, sumada a la presencia de Balnearios y las cuatro horas geniales de los periplos de Historias extraordinarias, hacen de El Pampero un rincón valioso para conocer durante la cuarentena. Por un lado, al haber apostado a YouTube, la reunión de las películas en un mismo lugar carece de un sentido estético, además de que puede perderse entre los algoritmos y recomendados de la plataforma. Sí resulta interesante que los videos cuenten con un espacio libre y público para realizar comentarios, una característica que Netflix supo tener y decidió suplantar por un pulgar para arriba y otro para abajo.

    Tanto en YouTube como en Kabinett, la productora argentina se adaptó y derrumbó sus propias creencias. No está establecido hasta cuándo las películas seguirán disponibles o si los futuros estrenos tendrán el mismo destino. Al describir sus intenciones con La flor, Llinás ha dicho que aspira a constituir cierta esperanza en los espectadores al ver cómo la carrera de una serie de actrices “sucede ante sus ojos”. Con la obra completa de El Pampero Cine ahora disponible, la experiencia puede trasladarse hacia la evolución completa de un colectivo de artistas. Suena a un compromiso extravagante, sí, pero también duradero.

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