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    miércoles 12 de junio de 2024

    Marilyn hecha pedazos

    Sobre la fama, Marilyn Monroe reflexionaba: “Cuando sos famoso te topás con la naturaleza humana de una manera cruda”. La idea la planteó en una entrevista publicada en la revista Life el 17 agosto de 1962, menos de dos semanas después de la muerte de la actriz y modelo por una sobredosis de fármacos.

    En el texto de Richard Meryman, La última charla de una chica solitaria, disponible, en parte, en el sitio del diario The Guardian, Monroe detallaba sus intentos por pasar desapercibida en Los Ángeles. Salía a las calles abrigada, de lentes y sin maquillaje. Nunca logró camuflarse con éxito. Su fama, relataba, les daba a los transeúntes “un privilegio” para acercarse y decirle “cualquier cosa”, sin considerar sus sentimientos. “Siempre te encontrás con el inconsciente de la gente”, concluía.

    Rubia, una película de Netflix ya estrenada en la plataforma, propone un recorrido por la vida y carrera de Marilyn Monroe a través del encuentro entre dos mentes. Por un lado, está la de la escritora estadounidense Joyce Carol Oates, autora de la novela Blonde, publicada en 2000 y convertida en best seller. Por otro, y con predominio, se encuentra la del cineasta australiano Andrew Dominik, responsable de la obra maestra El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (2007). Tras dirigir dos documentales en torno al cantautor, y su amigo, Nick Cave, y un par de episodios de la serie Mindhunter (también disponible en Netflix), Rubia significa el regreso de Dominik a la ficción en cine.

    La aclaración es pertinente para empezar a desentrañar los motivos detrás de una idea como Rubia, una película a medio camino entre el accidente y el éxito. Tanto la producción de Netflix como la novela original de Carol Oates son presentadas como relatos ficcionales sobre Marilyn Monroe, quien nació bajo el nombre Norma Jeane Baker en 1926. La película, que tuvo su estreno mundial en setiembre en el Festival de Venecia, se prende de elementos de la vida de la actriz para imaginar un relato sobre la infancia bajo abusos de Norma Jean y su transformación en ícono sexual primero y estrella de Hollywood después, una vez ya aceptada bajo su nueva identidad.

    “Rubia desdibuja las líneas de realidad y ficción”, anuncia la comunicación oficial de la película, y es allí que reside la intención de su director y guionista, que en casi tres horas hace a Marilyn sucumbir bajo el peso de su propia fama. Si bien se puede percibir la reverencia como el punto de partida emocional de la obra, no es fácil remover la crueldad a la que uno es sometido al posicionarse, cada segundo, en el lugar de la protagonista. Compuesta de retazos de una vida que, ante Dominik, solo merece ser narrada como tragedia, esta ficción es un drama sin matices, sin lugar para sonrisa alguna y cuyo afán por la provocación hará que más de uno abandone el visionado por la mitad.

    Quienes se dispongan al recorrido completo se toparán con una actuación para el recuerdo de Ana de Armas. La actriz, de origen cubano, que creció en España y maduró profesionalmente en Hollywood tras sus papeles de reparto en Blade Runner 2049 (2017), Entre navajas y secretos (2019) y Sin tiempo para morir (2021), se transforma por completo en Marilyn. Más que la recreación de un personaje, se da la apropiación de la persona. Tras este papel, lo de Austin Butler en Elvis queda reducido a un homenaje mientras que lo de Rami Malek, ganador del Oscar por su papel como Freddie Mercury, está ahora más cerca de un sketch de comedia.

    De Armas y Dominik elaboraron una versión de Marilyn que a pocos les resultará fácil de digerir. La película parte de una premisa que hará agua la boca de cualquier psicoanalista: el trauma en la infancia como una carga ineludible en la vida adulta. Maltratada por su madre (interpretada por Julianne Nicholson) en un comienzo que avizora que la única felicidad alrededor de la película sucederá cuando termine, Norma Jean estará sujeta a una vida de sufrimiento físico y psicológico desde el momento que pasa de ser una niña a una modelo de revistas.

    De ahí en más, Rubia se aferra a una narración fraccionada que se compone de momentos en la vida profesional y romántica de Marilyn, variando entre formatos cinematográficos y hasta en su presentación cromática, con una alternancia entre el blanco y negro y el color sin un sentido de claridad. Pese a su apuesta por lo caleidoscópico, Dominik se aferra a una intención única: explorar la división entre una mujer que creció como una niña abandonada y su construcción, tal vez como escape de esa ausencia de cariño, en una de las personas más deseadas en la historia del entretenimiento moderno.

    La convivencia, a fuerza de choque, entre una dualidad opuesta también se percibe en los dos impulsos que la película manifiesta.

    A nivel estético, Dominik y su equipo han elaborado escenas que reproducen a la perfección los ambientes que las películas y fotografías de Marilyn atestiguan. Las historias del detrás de escenas de Rubia, una película filmada en solo 45 días, revelan una misión por construir con fidelidad cada uno de los espacios en donde la actriz puso pie. Se filmó, incluso, dentro de la casa en la que vivió y murió, en California.

    Excluyendo esa obsesión por reproducir lo real en la ficción, Dominik toma a la obra de Carol Oates como el manifiesto ideal para compartir, desde el artificio, su principal idea sobre Marilyn Monroe: nada en su vida debe ser celebrado. Con la inclusión de violaciones, abusos sexuales, violencia doméstica y tres abortos, es el paseo por la casa del terror de Marilyn más largo que ese parque de atracciones llamado Hollywood tiene para ofrecer. Planteado desde un impresionismo con tintes alucinatorios, el relato se vive como una pesadilla que se va alejando de lo terrenal a medida que la protagonista se acerca a sus últimos días y la búsqueda por un padre ausente se convierte en el principal motor de su vida.

    En esta película la empatía que el director había demostrado en la construcción de protagonistas apáticos a lo largo de su carrera se ve reemplazada por una obsesión aparente hacia el impacto, ya sea en la repetición de escenas en las que Marilyn dialoga con un feto parlante (la discusión sobre el mensaje antiabortista de la película es solo una de las tantas polémicas que han rodeado a la obra) o bajo la reproducción de un encuentro sexual entre Marilyn y John F. Kennedy, filmado de manera violenta, gráfica y sin un objetivo más que el de llevar el sufrimiento de la protagonista bajo los hombres de su vida a un punto sin retorno para el espectador.

    La película, cuya propuesta audiovisual y actuación principal sin dudas merecen reconocimientos, deja como resultado un experimento que funciona en paralelo a la idea que Dominik quiere transmitir de Marilyn: una existencia condenada a la búsqueda de algo mejor que nunca, pero nunca, llegó.

    Vida Cultural
    2022-10-05T23:56:00