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Un piano embalado espera en el centro de la sala rodeado de músicos, autoridades, curiosos y periodistas. Hay ansiedad en sus rostros. Un par de operarios desenvuelve el instrumento. El negro reluciente del Steinway & Sons D274 de gran cola traído de Hamburgo contrasta con la madera clara que recubre la sala de ensayos del Sodre. Parece un Mercedes Benz en el salón de exhibición. Cada centímetro atrapa la mirada y se refleja como un espejo hipnótico. Algunos lo acarician. La mayoría no se atreve. La máquina interna está trancada por seguridad. El afinador Sebastián Gossio asume la responsabilidad de destrabarla, en medio de la tensión contenida. Y emerge la pequeña y encorvada figura de Nibya Mariño.
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Impávida, a sus 93 años, camina con pasos cortos pero seguros. Se acomoda en la banqueta y se convierte en una encantadora de serpientes con el “Nocturno” de Chopin y el “Arabesco” de Schumann: alivio y aplausos deslumbrados ante su destreza y su gracia.
Un camarógrafo realiza tomas cortas de su rostro inmutable y de sus manos, ligeras como plumas. El director artístico Ariel Cazes justifica la compra de un piano de primera: los pianistas uruguayos tendrán una herramienta óptima y ya no se quejarán los extranjeros. Informa que costó 170.000 dólares y que se piensa restaurar el viejo y baqueteado piano de conciertos. “Por fin podemos tener un buen instrumento. Steinway es mundial. Todos queremos un Steinway, No hay piano mejor que este”, dice Mariño a Búsqueda. Antes de dar su próximo concierto en el Sodre, pasará con él varias semanas para “moldear” su sonido: “Hay que trabajarlo, matizar los sonidos, ligarlos. El piano toma el color de uno. Lleva varias semanas que los martillos se amolden a las cuerdas. Además, está todo desafinado”, asegura, aunque solo su oído lo perciba. Cazes lo explica en términos automovilísticos: “Como un motor nuevo, requiere un proceso de ablande”.
La tarea de afinar y mantener el nuevo piano fue asignada a Gossio. “Por suerte apareció este muchacho, que estudió. Porque si se lo damos a alguien que no sabe, nos quedamos sin piano”, asegura Mariño, quien ya no está para la diplomacia. “Después de Bentancor, los afinadores son todos unos incompetentes que dejan los pianos a la miseria”, sentencia, y vuelve a la banqueta para continuar el moldeado de martillos y cuerdas, antes de pasarle la responsabilidad a Barry Douglas, quien lo estrenó oficialmente frente al público uruguayo el sábado 16 (ver nota principal).