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Uno de los primeros grandes textos de Marx es también uno de los que más polémica han desatado. Quizás, incluso, el que más polémica ha desatado. Me refiero a su ensayo sobre los judíos (Sobre la cuestión judía), publicado en 1844 como respuesta directa al trabajo de Bruno Bauer, un teólogo, historiador y filósofo hegeliano de izquierda.
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En su libro La cuestión judía, de 1843, Bauer había sostenido que la emancipación de los judíos pasaba por el abandono de su religión. Su idea fundamental era que la emancipación política de los judíos exigía la existencia de un Estado secular. Allí no había espacio alguno para la religión como elemento de identidad social.
Bauer había desarrollado su tesis a partir de la situación de los judíos en los Estados alemanes de la época, pero también tomando en cuenta cuestiones generales tales como la relación entre la religión y el Estado y entre el ciudadano y el Estado.
El grueso del escrito de Marx fue, pues, una respuesta a los planteamientos de Bauer, sobre todo en lo que tiene que ver con los puntos de vista de este a propósito de la emancipación de los judíos. Sobre esa parte inicial de su ensayo se han ocupado mayormente los especialistas en la materia, siendo hoy un tema arcaico (o más bien arqueológico…) debido al profundo desinterés que el marxismo despierta actualmente en todo el mundo.
Sin embargo, lo que sí ha concitado la atención de un público más amplio han sido las páginas finales de la obra, en las cuales Marx definió su visión de “los judíos terrenales”, es decir, aquellos judíos que “vivían y actuaban” en la vida cotidiana de Alemania, en contraposición con “los judíos sabáticos”, abocados principalmente a la práctica de su religión.
Los motivos por los cuales estos puntos de vista de Marx han generado tanto alboroto en las últimas décadas están relacionados con el horror del Holocausto.
Los críticos del marxismo han usado el ensayo de Marx sobre los judíos como una prueba fehaciente de su antisemitismo, mientras que los marxistas han intentado prodigiosos saltos mortales verbales y otras prestaciones acrobáticas dialectales de escalofriante altura en su esfuerzo por demostrar que Marx —judío y descendiente de una estirpe de rabinos por parte paterna y materna— no era antisemita.
En 1964, Schlomo Avineri (profesor de ciencias políticas polaco-israelí, uno de los principales especialistas en la obra de Marx y Engels y miembro de la Academia israelí de Ciencias y Humanidades) les asestó un duro golpe a los defensores de Marx al argumentar detalladamente por qué este había sido un decidido antisemita. No obstante, aún siguen apareciendo teóricos marxistas que, cual Quijotes digitalizados, se enfundan la abollada armadura y la emprenden contra todos los molinos de viento que encuentran en su camino.
En su crítica al pensamiento de Bauer, Marx insiste en que la cuestión fundamental no era la emancipación de los judíos como un grupo específico, sino de toda la humanidad “de las garras de la sociedad burguesa y capitalista”. Marx subraya reiteradamente que el judío que verdaderamente importa no es el sabático —el religioso practicante— sino el real, el de carne y hueso, es decir, la persona que convive con sus vecinos.
Marx formula y responde algunas preguntas retóricas en torno a ese judío cotidiano: “¿Cuál es el fundamento secular del judaísmo? La necesidad práctica, el interés egoísta. ¿Cuál es el culto secular practicado por el judío? La usura. ¿Cuál es su dios secular? El dinero”.
En razón de ello, el judaísmo era para Marx “un elemento antisocial”. En consecuencia, la emancipación de los judíos solo era posible si abandonaban la práctica de la usura y el culto al dinero: o sea, si dejaban de ser judíos. Para decirlo con las palabras del propio Marx: “La emancipación de los judíos es, en última instancia, la emancipación de la humanidad del judaísmo”.
La idea de que la humanidad debía liberarse del judaísmo ha sido madre de una enorme prole de postulados, cuestionamientos, loas y diatribas. Hoy, quienes sostienen que Marx, en realidad, se refería a la esencia capitalista del judaísmo en cuanto forma de vida cotidiana, son una notable minoría. La opinión que prevalece es que Marx era un antisemita puro y duro.