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    Más adelante se deberá discutir una reforma laboral, un área percibida como “regular deficiente” o “deficiente”

    A mediados de este año integrantes de la Academia Nacional de Economía (Adeco) se entrevistaron con el presidente Tabaré Vázquez y le acercaron varios estudios elaborados por su centro de análisis (Pharos) y le contaron sobre otros que tienen en carpeta. El mandatario se entusiasmó y propuso poner a trabajar a algunos ministros junto a académicos y especialistas en proyectos de participación público-privada, uno de los temas de investigación. “Esa es la manera de trabajar”, sostiene María Dolores Benavente, la presidenta de esa organización.

    Benavente se queja porque en Uruguay se politizan todas las discusiones y eso, dice, frena los cambios. “¡Si para firmar un TLC con Chile hay todo este problema…! No puede ser”, dijo. También cree que el país “peca de sobrediagnósticos”. En ese sentido, además de una reforma en la educación y un impulso fuerte a la infraestructura física, entiende que, más adelante, se deberán rever aspectos de las relaciones laborales. Aludiendo a la posición 121ª que ocupó Uruguay en “eficiencia de su mercado laboral” en el último ránking del Foro Económico Mundial, alegó: “Cuando el boletín de calificaciones muestra una nota de regular deficiente, o deficiente, está diciendo que algo no está bien”.

    La Adeco, que está cumpliendo 60 años, tiene como cometido estudiar la economía y proponer las acciones que estime útiles. En su Consejo Directivo figuran varios exjerarcas de gobierno (Ignacio de Posadas, Ricardo Zerbino, Luis Mosca, Carlos Steneri, Ricardo Pascale, etc.), mientras que Vázquez y los expresidentes­ Julio María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle son académicos de honor. A continuación una síntesis de la entrevista que Benavente —economista y gerenta de UniónCapital AFAP— mantuvo con Búsqueda.

    —La Academia acaba de entregar su premio anual a un ensayo sobre la contribución del Dr. Ramón Díaz, expresidente­ del Banco Central. ¿Cómo ve el pensamiento liberal actualmente en Uruguay y la región?

    —Sobre el pensamiento de Díaz y de las medidas de Végh Villegas prácticamente hoy no hay discusión. Podrá haber una visión más radical, pero ya no se discute que no es bueno tener déficit fiscal, que hay que tener la inflación controlada, que un país chico debe abrirse al mundo, que debe tener la mayor cantidad posible de tratados. Y los deberes que está haciendo Uruguay respecto a la OCDE, son ahora una cosa normal. Es bueno que se preserven los macroequilibrios.

    —¿Está también zanjada la discusión en cuanto al rol del Estado en la economía?

    —No. La intervención del Estado adormece la mentalidad empresarial, en el mejor de los casos, y en el peor, lleva a buscar privilegios y a lobbies mal entendidos.

    La reforma del Estado está por hacerse. Por eso el primer trabajo que hicimos desde Pharos fue sobre empresas públicas. La gente piensa enseguida: “privatizar”. ¡No, no, olvídese, no privaticemos nada! ¿Pero qué tendríamos que hacer para que funcionen bien dentro del ámbito estatal? El estudio dice que de 16 recomendaciones de la OCDE solo una requiere sanción legal y todas las demás precisan de voluntad. ¡Si se podrá avanzar en materia de reforma del Estado sin necesidad de hablar de privatización! Hay un problema estructural de cómo se gobierna, falta control, coordinación y transparencia… cada vez que aparece información es horroroso enterarnos de las cosas que pasan.

    Por el lado del funcionamiento del gobierno, el próximo trabajo de Pharos va a ser sobre cómo diseñar un presupuesto de acuerdo a la estrategia del país. Y no de acuerdo a quién patalee más o haga la huelga más larga.

    —Todos esos cambios requieren de voluntad política.

    —Obviamente que una reforma del Estado es difícil de hacer. Pero se requiere establecer un horizonte, un cronograma, aunque sea de 10 años, no importa. Es como la Ley Forestal, que se aprobó en los años ochenta y hoy se están viendo los beneficios.

    En el caso de las empresas públicas es mucho más fácil, porque las herramientas legales y las cartas orgánicas ya están. Ya prevén que haya una idoneidad de los directores o que haya una rendición de cuentas, es simplemente aplicarlas de modo más eficiente. Hoy, tanto en la designación como en la evaluación y la dimisión de los jerarcas, no hay un criterio técnico sino político.

    —¿Percibe un deterioro en la gestión de las empresas públicas o siempre pasó lo mismo?

    —No lo sé. Ahora nos enteramos gracias a la ley de acceso a la información… capaz que antes ni siquiera nos enterábamos.

    —Dijo que se ha ido internalizando que un déficit fiscal alto es malo. ¿Es una fragilidad tener un desequilibrio que ronda el 3,5% del Producto Bruto?

    —La Academia rara vez hace comunicados, pero cuando hay alguna cosa que rompe los ojos, se pronuncia: en su momento fue la necesidad de contar con una regla fiscal. La regla ata las manos del gobernante, porque es humano y político. Y la historia de Uruguay es una historia de inconducta fiscal; esto no tiene color político. Normalmente el gasto público crece y el que hace el ajuste es el sector privado, el propio y el del Estado; es injusto, ¿no?

    —Ya va más de medio período de gobierno y se acercan los tiempos electorales. ¿Qué expectativas tiene en materia de mejoras en la educación y en la infraestructura física?

    —Todos los cambios que se den, no se verán en este período porque se procesan lentamente.

    Respecto a la infraestructura, hay cosas que mínimamente hay que hacer porque es un clarísimo cuello de botella para el desarrollo. ¡Y el problema de la educación está tan sobrediagnosticado! Uruguay peca de sobrediangósticos, por eso los trabajos de Pharos son un diagnóstico cortito y propuestas. ¡Ya sabemos que la educación está mal, ya sabemos qué tenemos que hacer! Basta. Un trabajo de Claudio Sapelli de hace varios años planteaba medir la autonomía de los directores para contratar, evaluar y despedir, para armar la currícula. Y luego el sistema de voucher, para que cada uno pueda enviar a sus hijos al centro educativo que quiera, a un privado o uno público de excelencia.

    —Algunos sectores pueden interpretar que lo que se está proponiendo con eso es privatizar la educación…

    —No. Es como decir que porque haya salud pública y salud privada, o universidad pública y privada, se privatiza. Es cuestión de que ambas convivan y tengan sinergia. Todas estas experiencias de liceos públicos de gestión privada son excelentes.

    —¿Hay una ideologización excesiva de estos temas?

    —¡Se politizan hasta las vacunas! Es tremendo este país. En la medida que se mire si se va a estar a favor o en contra de algo en función de quién lo dijo, estamos en el horno. Hay que sacarse el balde y escuchar al otro. Esto aplica también para las reformas en lo que resta del gobierno. No importa que no las disfrutemos o si el gobierno cambia de signo: hay que tener la generosidad de empezar a hacerlas. ¡Si para firmar un TLC con Chile hay todo este problema…! No puede ser.

    Otro gran tema es el Diálogo Social, porque es allí donde hay que dirimir las diferencias políticas. Acá son un manual de cómo no hacerlo.

    —¿Habría que discutir cambios en las relaciones laborales?

    —Es un tema que hoy está contaminado por el tema de la robotización y el cambio tecnológico, cuando en realidad Uruguay tiene problemas más elementales que eso. Al mirar el informe del Foro Económico Mundial se ve que son enormes los problemas de falta de cooperación entre el empresario y el trabajador, de productividad, de flexibilidad, por lo que hablar de robotización… El tema también se politizó por la reforma que hizo Brasil.

    No es el momento, pero más adelante Uruguay debe encarar este asunto. Cuando el boletín de calificaciones muestra una nota de regular deficiente, o deficiente, está diciendo que algo no está bien.

    Economía
    2017-11-23T00:00:00