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La construcción de la segunda planta de celulosa de UPM en el centro del país, el proyecto de un megapuerto chino o la reconstrucción del emblemático Hotel San Rafael de Punta del Este podrían dar a futuro una inyección de capital extranjero a la economía uruguaya, quizás incluso cambiando el signo negativo que tuvo en los últimos tres años.
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En 2018, la baja de la inversión extranjera directa (IED) se reflejó, por ejemplo, en una menor utilización de los beneficios otorgados por la ley de inversiones: el monto de los proyectos de capitales foráneos recomendados fue cercano al 30%, bastante por debajo del promedio de 2009-2018 (44%). Pero, además, las empresas devolvieron un monto mayor —en comparación con años anteriores— de los préstamos que habían recibido de sus filiales fuera de fronteras. Eso surge de un reciente informe del Instituto Uruguay XXI que analiza el comportamiento de la IED y describe las oportunidades de inversión que ofrece el país.
En el documento, esa oficina paraestatal que promociona las inversiones, exportaciones y la imagen del país destaca que Uruguay registró un crecimiento económico de 16 años, aunque “moderado” en 2018, mostrando “resiliencia a la inestabilidad” de la región. “La solidez macroeconómica, políticas prudentes, la diversificación de las exportaciones, menores vulnerabilidades del sector bancario y amplias reservas le permitieron preservar la estabilidad en un entorno” externo “más turbulento”.
IED en salida
Muestra que el año pasado Uruguay tuvo un saldo neto negativo de IED por US$ 626 millones, lo que significa una desinversión equivalente a 1% del Producto Bruto Interno.
Al clasificar los flujos por modalidad desde 2012 a 2018, destaca que en la parte “más genuina” —los aportes de capital por parte de las empresas— han sido “positivos en todo el período”. En 2018 alcanzaron US$ 727 millones, 30% más que en 2017, aunque estuvieron bastante por debajo del promedio anual del lapso analizado (US$ 1.200 millones). En tanto, la reinversión de las firmas fue por US$ 1.838 el año pasado (US$ 711 millones más que en 2017). En cambio, los préstamos arrojaron un saldo negativo de US$ 3.191 millones; eso se interpreta como una devolución de los créditos que las empresas habían recibido de sus propias filiales en el exterior, explica Uruguay XXI.
Para el instituto gubernamental, “más allá de los vaivenes de corto y mediano plazo, Uruguay continuará siendo un destino atractivo para la IED en la medida en que se mantengan los factores estructurales” que ofrece, como reglas de juego “claras”, estabilidad macroeconómica, infraestructura adecuada, capital humano calificado, etcétera.
Entre las oportunidades de inversión en Uruguay, en su informe menciona al sector agropecuario, el forestal y de infraestructura, entre otros. Sobre este último indica que el plan de obras por US$ 12.300 millones previsto para este período de gobierno alcanzó hasta 2018 una ejecución del 72%. Recuerda que, adicionalmente, el Poder Ejecutivo se comprometió a invertir unos US$ 1.500 millones en el mejoramiento de la red ferroviaria como condición requerida por UPM para la instalación de su segunda planta de celulosa en el país.