Grajeda dijo que el fenómeno, aunque es multicausal, se explica en parte por la oferta excesiva de alimentos ultraprocesados. “La gente con poder adquisitivo tiene más acceso a los alimentos, pero los consume menos nutritivos. Lo mismo ocurre en la población de bajos ingresos: el bajo poder adquisitivo los hace comprar alimentos de menor calidad: aquellos que son altos en azúcar, sal y grasa, los llamados ultraprocesados”.
El médico dijo, además, que se está generando una sustitución del agua pura por bebidas azucaradas, que es uno de los principales factores de riesgo para el sobrepeso y la obesidad.
Grajeda recordó qué tipo de comidas es positivo reforzar. En una alimentación que debe ser muy variada se debe privilegiar la comida fresca y preparada en el hogar, con abundantes frutas y verduras. También debe incrementarse el consumo de cereales de grano entero y diariamente leguminosas como frijoles y garbanzos. Se le baja el pulgar al exceso de carne, que puede ingerirse en porciones pequeñas, y a las grasas.
En cuanto a las políticas públicas para atacar este problema, el médico destacó positivamente a Uruguay, que ya tomó medidas. “Es pionero en esto, al mejorar los programas de alimentación escolar. Tenemos información de grandes avances en Uruguay”. El especialista agregó que otra política que se puede impulsar son los impuestos a las bebidas azucaradas, que ya se ha hecho en México, Barbados y Dominica. “Hoy hay un reporte fuera del continente americano, en Alemania, que muestra que este impuesto es efectivo”, sostuvo Grajeda.
Otra política posible es la de regular la publicidad de alimentos, a la que se suma el etiquetado frontal nutricional, que ya se usa en Chile y Ecuador. “Y por supuesto las políticas que aumenten la disponibilidad y el acceso a los alimentos, entre ellos la agricultura familiar”, señaló.
La carga impositiva apunta a reducir la compra de determinados productos, como impacto de más corto plazo, para reducir el consumo y la ingesta calórica y de esa manera modificar el índice de masa corporal. “Una vez que afectamos estos indicadores de peso, estaríamos previniendo el sobrepeso y la obesidad y, a más largo plazo, la diabetes, la hipertensión y otras enfermedades no transmisibles”.
Grajeda afirmó que comenzar a revertir la “epidemia de la obesidad” va a llevar un tiempo. “Los cambios no van a ocurrir de un día para el otro, así que tenemos que ver la manera de implemenar diferentes políticas e intervenciones y darle a cada una su tiempo. La educación alimentaria nutricional es otra estrategia que hay que impulsar, pero también tomará su tiempo educar a la gente, darle información para que cuando haya adquirido los conocimientos tome una decisión saludable”.
Niños con sobrepeso.
Uruguay presenta indicadores por arriba del promedio regional. La prevalencia de sobrepeso en menores de cinco años fue de 7,7% en 2011, en tanto que en 2013 subió a 10,5% (de acuerdo a la Encuesta de Nutrición, Desarrollo Infantil y Salud del Instituto Nacional de Estadística), muy por encima del promedio de América Latina, que se ubicaba en 7,1%.
En relación con los adultos, la prevalencia de sobrepeso en 2014 fue del 61,7% y la prevalencia de obesidad en ese segmento fue del 2,7%. Además, Uruguay supera el promedio regional de consumo de productos ultraprocesados, que es de 129,6 kilos per cápita al año. Con 149,5 kilos anuales per cápita, el país está en la cuarta posición regional en consumo de este tipo de comidas.
Entre las medidas que adoptó el gobierno uruguayo estuvo la edición de la “Guía de Alimentación para la Población Uruguaya”, presentada el 8 de diciembre, con apoyo de la FAO, la OPS y Unicef. También se hicieron avances para abordar la necesidad de incluir advertencias sanitarias y etiquetado sobre el excesivo consumo de sal, azúcar y grasas.
Chile y México a la cabeza.
Salvo en Haití (38,5%), Paraguay (48,5%) y Nicaragua (49,4%), el sobrepeso afecta a más de la mitad de la población en todos los países de la región. Chile (63%), México (64 %) y Bahamas (69%) registran las tasas más elevadas.
La obesidad afecta a 140 millones de personas (23% de la población regional) y las mayores prevalencias se encuentran en países caribeños: Bahamas (36,2%), Barbados (31,3%), Trinidad y Tobago (31,1%) y Antigua y Barbuda (30,9%).
El aumento de la obesidad impactó más a las mujeres: en más de 20 países de América Latina y el Caribe, la tasa de obesidad femenina es 10 puntos porcentuales mayor a la de los hombres.
La directora de la OPS, Carissa F. Etienne, explicó que “la región enfrenta una doble carga de la malnutrición que se combate con una alimentación balanceada que incluya alimentos frescos, sanos, nutritivos y producidos de manera sostenible, además de abordando los principales factores sociales que determinan la malnutrición, por ejemplo, la falta de acceso a alimentos saludables, a agua y saneamiento, a servicios de educación y salud, y programas de protección social”, entre otros.
Según el Panorama, la región redujo el hambre en forma considerable, y hoy solo 5,5% de la población está subalimentada. El Caribe es la subregión con la mayor prevalencia (19,8 %), en gran parte debido a que Haití detenta la prevalencia de subalimentación más alta del planeta: 53,4%.
La desnutrición crónica infantil (baja talla para la edad) en América Latina y el Caribe presentó una evolución positiva: cayó de 24,5% (1990) a 11,3% (2015), con una reducción de 7,8 millones de niños. A pesar de este gran avance, hoy 6,1 millones de niños todavía viven con desnutrición crónica: 3,3 millones en Sudamérica, 2,6 millones en Centroamérica y 200.000 del Caribe.
En Guatemala el 70% de los menores de cinco años de hogares de bajos ingresos padecen desnutrición crónica. En Bolivia es el 45,9% y en Perú el 37,6%. En El Salvador, Guyana y Haití cerca del 30% de los niños más pobres se encuentran afectados por esta condición.
Los registros más altos de desnutrición de la región se observan en Guatemala (2014-2015), Bolivia (2008) y Ecuador (2012-2013), mientras que Chile y Santa Lucía registran las tasas más bajas. La desnutrición crónica presenta niveles superiores en las zonas rurales de todos los países analizados.
Además, el informe alertó sobre la “trayectoria actual del crecimiento agrícola regional” que es “insostenible” por las graves consecuencias que está teniendo “en los ecosistemas terrestres y el cambio climático”.
“La sostenibilidad de la oferta alimentaria y su diversidad futura se encuentran bajo amenaza, a menos que cambiemos la forma en que hacemos las cosas”, explicó durante la presentación la representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe, Eve Crowley, quien destacó que 127 millones de toneladas anuales de alimentos se pierden o se desperdician en América Latina y el Caribe.
Ciencia, Salud y Ambiente
2017-01-26T00:00:00
2017-01-26T00:00:00