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Luego de las muy recomendables Tóxico y Horror en Coronel Suárez, que permanecen en cartel, El Galpón apostó fuerte en esta temporada con un clásico mayor de William Shakespeare, un título desafiante como Rey Lear. Con el apoyo del Programa para el Fortalecimiento de las Artes de la Intendencia de Montevideo, y tras cuatro meses de ensayos, se estrenó esta superproducción para los cánones del teatro independiente montevideano, digna de los grandes montajes de la Comedia Nacional. Doce actores en escena y otro tanto en los rubros técnicos, una puesta “actualizada” con gran despliegue de vestuario, decorados, luces, efectos visuales y sonoros, combate con espadas y proyecciones de video.
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Rey Lear es un título recurrente del teatro occidental que desde 1953 ha conocido una docena de versiones de cine y TV, de maestros como Andrew McCullough, Peter Brook, Akira Kurosawa y Jean-Luc Godard, con protagónicos de Orson Welles, Laurence Olivier, Woody Allen y Richard Harris. Eduardo Schinca dirigió en 1996 la anterior puesta local, en El Anglo, con traducción en prosa de Taco Larreta, quien interpretó el protagónico. “Su papel más conmovedor desde su retorno luego del exilio en España”, escribió la crítica María Esther Burgueño.
Esta nueva versión, dirigida por Sergio Pereira, combina el texto de Larreta con la célebre traducción en verso de Idea Vilariño, mezcla que vuelve más cercana la oralidad isabelina. Por lo demás, presenta serios problemas que atentan contra su recomendación.
En el mundo literario y teatral, este rey demente es un símbolo del ocaso del poder, de la traición familiar que se plasma en la rebelión de los hijos contra los padres. La historia, inspirada en añejos relatos de un monarca de Bretaña, también habla de la purificación espiritual a través de la locura, de un hombre que pierde su poder por errores propios y se encierra en su laberinto para redimirse. Un gobernante veterano, ciego de soberbia, que desmembra su reinado en favor de sus tres hijas, Goneril, Regan y Cordelia, destierra a una de ellas —la más fiel— y es despreciado por las otras dos, las traidoras.
Shakespeare describe la decadencia moral en la que cae un sistema de poder cuando el caos entra a regir los vínculos. También se mete con el tema de la ancianidad humillada por sus descendientes. Y por si no bastaran tantas lecturas, el genio mayor del teatro traza un posible camino hacia la sabiduría: el hombre solo, despojado de sus bienes, sus cargos y su pasado, decrépito y humillado, desnudo como vino al mundo. El poeta y su voz.
De lo poco rescatable que el espectador puede encontrar sobre el escenario, además de la obvia lucidez del texto, están las actuaciones de Walter Rey, Dardo Delgado y Luis Four-cade, los veteranos galponeros que llevan dignamente sus papeles. El resto del elenco transita sin norte, fruto de un planteo que confunde modernidad con un vestuario parcialmente actual o el uso de la imagen en la pantalla. Pero la teatralidad que plantea Pereira tiene muy poco de contemporánea y se parece mucho más al viejo teatro al que la juventud da la espalda desde hace más de 30 años: los actores hablan demasiado fuerte, la vieja premisa obligatoria del teatro de grandes salas, superada hace mucho tiempo por la lógica intimista de las salas pequeñas. Lo mismo sucede con la gestualidad, ampulosa y exagerada como para ser captada desde la última fila, pero carente de esa riqueza expresiva que explota en el escenario cuando el espectador capta los matices de una mirada, o la diferencia entre una sonrisa falsa, irónica, y una auténtica. Una teatralidad pobre que reduce el espectro de emociones.
La propuesta intenta ser “dinámica e impactante”, según se anuncia en el texto promocional, pero ni los grandes e inocuos decorados ni las escenas de combate ni la supuesta sensualidad ni las imágenes resultan impactantes, sino que todo es pesado y aburrido, y lo que es peor, vetusto. Se anuncia un “ritmo intenso y desenfrenado” que resulta “atractivo a los jóvenes acostumbrados a la estética de series televisivas como Juego de Tronos”. Por más que se hable rápido, no hay vértigo sino más bien tedio y no alcanza con una escena sexual aislada para parecerse a la serie de HBO. Lamentablemente, aquí el único impacto ocurre cuando uno mira el reloj y cae en la cuenta de que aún faltan tres cuartos de hora para el final de la función.
Rey Lear, de William Shakespeare, por Teatro El Galpón. Dirección: Sergio Pereira. Elenco: Walter Rey, Dardo Delgado, Luis Fourcade, Nadina González Miranda, Soledad Frugone, Analía Gavilán, Marcos Zarzaj, Claudio Lachowicz, Cristian Amacoria, Gerardo Begérez, Bernardo Trías y Santiago Aguiar. Vestuario: Verónica Lagomarsino. Escenografía: Gerardo Egea. Luces: Álvaro Pozzolo. Música: Juan Agüette. Sala César Campodónico (18 de Julio 1618). Viernes y sábado, 20 h; domingos, 19 h. Hasta el 9 de agosto. Entradas: $ 300 y $ 160 (TJ y jubilados). Socio Espectacular Gratis.