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Lo primero que hizo Barry Marshall tras salir del Aeropuerto de Carrasco fue pedir que lo llevaran al estadio Centenario. Era febrero de 2012, el calor se hacía notar y le esperaban varias horas de trabajo. Es lo que tiene ser el mánager de Paul McCartney. Por lo general, cuando acepta un show para su representado, ya sabe lo que le espera, pero en este caso era un destino nuevo y había que examinarlo al detalle. Siete horas le llevó estudiar el recinto deportivo para finalmente dar su aprobación a un show que, para muchos, terminó situando a Uruguay en el circuito de espectáculos internacionales. “Se hizo McCartney, el músico se fue muy contento de nuestro país, dos años después volvió y las puertas se abrieron definitivamente. El problema de Uruguay no es que sea más o menos que el resto. Es que mirado de afuera es un país de tres millones de personas y este tipo de artistas grandes piensa que acá no hay poder adquisitivo como para poder cerrar un acuerdo y que venga a tocar. Con él, se probó que se puede hacer y bien”, le aseguró a Búsqueda Alfonso Carbone, organizador de ambos shows.
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Para muchos, la presencia del exbeatle y la posterior llegada de los Rolling Stones terminaron por confirmar la buena salud de la que goza la música en vivo en Uruguay. Sin embargo, no todo lo que reluce es oro. Las quejas de los productores por los elevados impuestos que hay que pagar por cada espectáculo y la sobreoferta de conciertos, hacen que el negocio, muchas veces, sea riesgoso. Un relevamiento de Búsqueda entre algunos de los principales promotores musicales locales deja claro ambas problemáticas.
Rubén Yizmeyián lleva produciendo eventos internacionales desde hace 25 años. Tiene claro que “si bien Montevideo se posicionó y la gente se acostumbró a salir, ya que hubo una mejora en el poder adquisitivo y en la calidad de la oferta, no hay mercado para tantos shows. La saturación hace que no le vaya bien a la mayoría de los conciertos en lo económico”. Un claro ejemplo de esto fue Rubén Blades. Mientras que en su visita en 2010 el artista fue declarado Visitante Ilustre de la ciudad y llenó el Velódromo Municipal, en 2014 tuvo que cancelar el show que iba a dar en el Teatro de Verano alegando una saturación de la plaza y de los bolsillos de los aficionados.
“Desde hace cinco o seis años, Montevideo empezó a estar en esa plaza top ten de artistas con posibilidades de venir. Sin embargo, los artistas que vuelven a Uruguay no están tirando lo mismo que tiraban antes. Un mismo intérprete que vino hace dos o tres años y vendió 10 mil entradas, ahora vende cinco mil. Arjona, por ejemplo”. Así, Andrés Szafrán, CEO de Red UTS, describe la coyuntura del negocio de los espectáculos en vivo en Uruguay y saca una radiografía de cómo va 2017 y lo que vendrá. “En lo que va del año, hasta mayo, venía bastante bien el mercado. En junio se empezó a desplomar. De ahí hasta lo que resta del año ha decrecido fuertemente. Hay muchos eventos pero la gran mayoría están con problemas y para el año que viene la mano viene dura”, pronosticó.
Así es que varios productores comienzan a ir hacia otras vetas del negocio. Por ejemplo, la música electrónica. A eso dedica su tiempo Claudio Picerno, con vasta experiencia como mánager de Buitres y encargado de organizar la mayoría de los grandes festivales de rock de los últimos 15 años. Tras desilusionarse con la oferta actual de ese género y la saturación del mercado, decidió cambiar. “En los últimos años se dio un vuelco bastante importante de gustos y creo que es absolutamente visible la identificación del público joven hacia la música electrónica, separándose ya de muchas ramas de otros géneros que nosotros mismos desarrollamos”, asegura.
Impuestos y desarrollo.
Este año, de los conciertos de primer nivel que anduvieron por la vuelta, ninguno se realizó acá. Ni Metallica, ni U2, ni The Who, ni Coldplay, ni los Guns originales… nada. Y para el año que viene se espera confirmar si finalmente Roger Waters hará una escala en Montevideo. McCartney puso a Uruguay en el mapa, pero es una realidad que llevar a cabo un megaconcierto es muy arriesgado. “El mercado uruguayo no soporta los grandes shows. Son muy riesgosos, hay muchas variables que si te fallan te dan vuelta como una media”, aseguró a El Observador, el pasado setiembre, Atín Martinez, director de AM Producciones y responsable de la llegada a Uruguay de los Rolling Stones y el Cirque du Soleil.
Una de esas variables son los impuestos. “Se hace cuesta arriba para los productores, más que nada porque a la larga esa carga impositiva se traslada a la gente. Cuando el público se pregunta ‘¿por qué vale tres mil pesos una entrada?’, bueno, porque hay unos tributos que son los más altos de toda Sudamérica y eso no es menor, ya que se pierde competitividad con tus vecinos”, aseguró a Búsqueda uno de los productores consultados.
El empresario que quiera traer al Centenario al ex Pink Floyd en el último trimestre del año que viene deberá pagar un 12% de IRNR (Impuesto a las Rentas de los No Residentes), un 22% de IVA, un 10% que va a manos de Agadu, un 5% al Fonam (o un 3% si el espectáculo tiene telonero uruguayo) y un 9,09% en impuesto municipal. Para el productor Leandro Quiroga “es una tortura, no existe ciudad en el continente que tenga un impuesto municipal del 9,09%, es demencial”. Por eso, “cuando salió el proyecto de Landia (centro de espectáculos del Parque Roosevelt) llevé todas mis producciones para allá”. Landia está en Canelones y tributa mucho menos que la comuna capitalina. En Montevideo, Quiroga solo produce en la Sala Zitarrosa y en el Museo del Carnaval “porque no pagan el tributo de la Intendencia”.
Quejas como las de Quiroga llevaron a la Intendencia capitalina a reducir el impuesto a los espectáculos realizados por artistas uruguayos, pero los productores también piden que la rebaja sea para los tributos estatales, ya que los espectáculos generan trabajo, turismo y cultura.
Nicolás Fervenza es el mánager de No Te Va Gustar. Ha viajado por todo el mundo con la banda y asegura que en Uruguay “falta que los artistas nacionales en desarrollo crezcan, que tengan acceso a un mayor público y a una mayor difusión. Y que los lugares de conciertos pequeños tengan mayores facilidades, como pasa en todas las ciudades del mundo, desde quita de impuestos hasta ayuda en infraestructura”.
En los últimos 10 años, La Trastienda, Bluzz Live, BJ Sala, MMBoX y la sala del Museo del Carnaval se han posicionado en el mercado como referentes privados. Según Camilo Sequeira, que gestiona los shows en la sala del Museo, este crecimiento se debe a que “hay un poder adquisitivo que la gente está destinando al consumo de cultura, a que las propuestas artísticas nacionales que tenemos son de muy buena calidad y a que Uruguay está entrando en el circuito fuerte de artistas internacionales”.
La Sala Zitarrosa es el espacio que más espectáculos programa en el año en todo el país, cerca de 450. Para su director, Jorge Schellemberg, “si el Estado no participara en nada, probablemente habría menos espectáculos y menos variedad”. Por eso está “a favor” de todo aquello que facilite la circulación de la cultura. “Uruguay es un país caro, es un país viejo, mucho pasivo y poca gente trabajando, en donde tener servicio de calidad implica sacar dinero de algún lado”.