En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Gideon Raff fue el productor ejecutivo de Homeland, la serie que arrancó en 2011 y sigue tan campante con su octava temporada anunciada para 2020, totalizando así 82 episodios, en otra demostración de que los alargues y reiteraciones poco importan si la vaca sigue dando leche. Ahora Raff aparece como director de El espía (Francia-EE.UU., 2019), la serie coproducida entre Netflix y Canal+ de Francia, con un despliegue de mayor austeridad en una única temporada de seis episodios. La obra está basada en el libro El espía que vino de Israel, de Uri Dan y Yeshayahu Ben Porat, que a su vez descansa sobre hechos reales ocurridos entre 1960 y 1965, que catapultaron a Eli Cohen a la categoría de héroe nacional de Israel y lo hicieron ganarse un lugar en el Museo Internacional de Espionaje en Washington.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Para quienes carezcan de una información mínima y básica sobre qué son los Altos del Golán y qué estaba pasando en los años 60 en esa zona entre los países fronterizos, el primer capítulo de la serie luce como algo oscuro, en parte por una sintaxis narrativa poco feliz. En un claro traspié comienza por el final, contándonos sin necesidad el desenlace de la historia. Un spoiler con todas las letras. Mucho más útil y menos dañino al relato habría sido emplear esos cinco minutos iniciales en explicar que los Altos del Golán es una meseta ubicada en las fronteras de Israel, Líbano, Jordania y Siria, uno de los varios territorios disputados entre países en el multifacético conflicto árabe-israelí. Es una zona estratégica que cuenta con un riquísimo yacimiento de petróleo y sobre todo representa una vital fuente de agua para Israel por medio del río Jordán y del lago Tiberíades.
El verdadero comienzo de la acción en El espía es en Tel Aviv, Israel, a principios de los 60. Eli Cohen (Sacha Baron Cohen), un judío de origen egipcio, es un empleado de oficina común y corriente. Está casado con Nadia (Hadar Ratzon Rotem) y ha intentado sin éxito en dos ocasiones ingresar al Mossad, el servicio secreto israelí. Pero los filtros y la desconfianza en estas cuestiones son tan grandes que en ambas oportunidades fue rechazado por presentarse como voluntario. El servicio no quiere a los que se ofrecen sino a los que él detecta y va a buscar; son más confiables. Como las hostilidades entre Israel y Siria crecen, el Mossad necesita infiltrar urgente a un agente en Damasco para que le cante la justa de lo que planean los sirios. Buscan a un árabe para que sea menos sospechoso y entonces desentierran la carpeta de Eli Cohen, lo prueban, lo adiestran y lo mandan al frente transformado en Kamel Amin Thaabet, un acaudalado comerciante que llega a Damasco para invertir en una empresa de exportación e importación. Es 1961 y Eli Cohen debuta en el espionaje como Kamel, un bon vivant, un hombre con clase, elegancia y dinero, que comenzará a resquebrajar recelos y a fraguar amistades hasta acceder al estamento militar que en Siria es sinónimo de acceder a la clase dirigente. En la búsqueda de información y en el cultivo de las relaciones públicas, Kamel actúa con una dosis de audacia sorprendente, que más de una vez remitirá a la advertencia de su instructor Dan (Noah Emmerich), cuando le anunció que “los espías notables acaban muertos”. Pero Kamel va y va. Y hace cosas que lo transforman en héroe nacional y que no corresponde revelar para no arruinar el pastel.
El espía aborda las peripecias de Eli como espía, y abunda en el drama personal que supone su conversión en Kamel. La transición de un humilde empleado contable de Tel Aviv a exitoso hombre de negocios en Damasco que se codea con la elite política siria, le va minando el carácter. Las operaciones de espionaje requieren nuevas identidades; requieren convencer a personas que sospechen de esas identidades, lo que implica una entrega absoluta al nuevo rol; el paso del tiempo en ese juego de ida y vuelta Kamel-Eli-Kamel confunde la mente y de pronto se ve que el espía que comenzó su misión no es el mismo hombre que la termina. Esta angustia de andar a cuestas con dos personalidades puede verse en las cortas visitas que Eli hace a su esposa Nadia en Tel Aviv. Es atinada la opción del realizador de acentuar por igual las andanzas y logros del espía con las angustias de su intimidad de hombre de dos mundos. Pero en su estreno en cuerda dramática, Sacha Baron Cohen, ese originalísimo comediante y creador entre otros personajes de Brüno y Borat, consigue un resultado más bien descolorido. La composición del personaje queda solo en la superficie. Se habría necesitado un actor de mayor voltaje interior, un intérprete dramático que tradujera y transmitiera con más fuerza y sutileza esa superposición alienante de identidades.
Filmada en Hungría y Marruecos, esta miniserie marca un punto alto en el diseño de producción de Michel Barthelemy. Vehículos, uniformes, vestuario, interiores, nada hay dejado al azar y todo confluye en una soberbia recreación de época. La fotografía de Itai Ne’eman utiliza una paleta de colores apagados que ocasionalmente genera la ilusión de una película en blanco y negro muy de los años 60.