A fines del siglo XV, en la batalla de Bosworth, el rey Ricardo III cayó de su caballo y quedó a pie, desesperado, viendo cómo su caballo y sus tropas huían y se le escapaba entre sus dedos el gobierno de Inglaterra.
A fines del siglo XV, en la batalla de Bosworth, el rey Ricardo III cayó de su caballo y quedó a pie, desesperado, viendo cómo su caballo y sus tropas huían y se le escapaba entre sus dedos el gobierno de Inglaterra.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáFue cuando —según la leyenda, inmortalizada por William Shakespeare— pronunció la célebre frase: “¡Un caballo! ¡Mi reino por un caballo!”.
Mientras cenaban, Fortunato les contaba esta historia a sus hijos, al tiempo que comentaban la absurda e inexplicable batalla por la posesión y el gobierno de la Unidad Agroalimentaria Metropolitana (UAM) entre el gobierno nacional y el departamental de Montevideo.
Un desafortunado artículo del proyecto de ley del Presupuesto Nacional, pergeñado por el ministro Carlos María Uriarte, (a) Desprolix, el cual aparentemente pasó desapercibido por el presidente, Luis Lacalle (Manga querido, si no los leés todos, al menos que alguno de tus lugartenientes más próximos te los lea antes, para evitarte estos disgustos…), ha generado esta pulseada, que más parece una disputa entre dos hermanitos por el control del Playstation que un enfrentamiento institucional entre gente adulta y seria.
El MGAP quiere ser el mandamás y alega el respaldo de los granjeros, pero la IM retruca y le recuerda quién es el dueño de la tierra, entonces el MGAP le propone a la IM compartir la gobernanza de la entidad, y vale cuatro, la IM rebautiza al proyecto con el viejo apelativo del Mercado Modelo y le encaja tremendos carteles en la puerta del precioso y amplio edificio nuevo, aclarándole al MGAP que ahora la UAM es una cáscara vacía que no representa a nadie.
¡Gente grande, che! —decía Fortunato, mientras daba por terminada la cena y se disponía a su sobremesa personal mirando el informativo de cierre de la tele.
—Continúa el encarnecido enfrentamiento entre las autoridades nacionales y departamentales en torno a la Unidad Agroalimentaria Metropolitana —arrancaba el informativista, mientras Fortunato ya empezaba a bostezar, porque el día había sido muy duro y cansador.
Ni bien pestañeó, le cayó encima la más inesperada de las noticias sobre el tema.
—Los ataques entre las fuerzas enfrentadas en torno a este tema ya están tomando proporciones impensadas —continuó el periodista—, de las declaraciones han pasado a los hechos. Tras los anuncios de desalojos, demandas penales, reclamos e insultos de toda especie, un grupo de hombres armados avanza ahora de manera tan inesperada como amenazante sobre el moderno inmueble de camino Pérez casi Ruta 5.
Fortunato no podía creer lo que creía estar viendo. Decenas de camionetas 4x4 cargadas de mercenarios de Un Solo Uruguay al servicio del MGAP (contratadas por el ministro Uriarte, viejo militante de la causa) junto con cientos de granjeros de a pie, armados de guadañas, hoces y rastrillos, avanzaban a paso firme por la Ruta 5 en dirección al edificio de la UAM.
—Se presume que si lo que planean es un asalto —decía el informativista— encontrarán resistencia, pues uno de nuestros enviados especiales, que se encuentra en estos momentos dentro del edificio, nos informa que decenas de empleados y obreros municipales pertenecientes a Adeom, armados de hoces y martillos, enfrentarán a los presuntos atacantes si se atreven a ingresar al predio. Los funcionarios municipales han sido contratados especialmente por el intendente Di Candia, quien les ha prometido el pago de tres aguinaldos más, según nos lo informa en esta grabación el delegado de Adeom, Braulio Elgrancu Rero.
—Sí, señor periodista —dice el funcionario, entrevistado por el enviado especial—, lo nuestro siempre es por plata, porque la defensa de los puestos de trabajo y de la gestión municipal se hace cobrando bien, ¿viste? La justicia es la justicia, acá gratis no labura nadie. ¿Vos laburás gratis? Bueno, nosotros tampoco —afirmó el entrevistado.
Fortunato estaba seguro de estar soñando, porque aquello era una verdadera pesadilla. Mientras, el informativista del canal proseguía con novedades.
—El ministro Uriarte, consultado hace instantes por este informativo, ha brindado una desconcertante noticia. Nos ha confirmado que le solicitó al Ec. Ernesto Talvi, a cuyo grupo político pertenece, que actúe como mediador en esta crisis, a efectos de evitar un derramamiento de sangre en lo que luce como un inminente enfrentamiento por la posesión y el gobierno de la UAM. Estamos en contacto con el ministro Uriarte.
—¿Ha recibido la respuesta del economista Talvi? —pregunta el periodista.
—Efectivamente —responde el ministro—. Lo he ubicado al Ec. Talvi en Sidney, Australia, donde se encuentra pasando unos días de descanso, invitado por los pasajeros del Greg Mortimer. El Ec. Talvi agradeció el ofrecimiento de mediación, pero alegó estar muy lejos de todo lo que está pasando en Uruguay.
—¿Agregó algo más? —inquirió el periodista al ministro.
—Sí —replicó este—. Me dijo: “Esto no es lo mío”. —Y se cortó la comunicación.
Se informa que los representantes de Un Solo Uruguay han reclamado al ministro un suministro gratuito de 1 millón de litros de gasoil de acá a fin de año para poder seguir participando de esta aventura, mientras que los granjeros, que ya han llegado a la parte exterior del edificio, han ocupado los locales que dan hacia la parte de afuera, en los cuales han instalado puestos de venta de frutas y verduras, que están vendiendo a los vecinos de la zona con el fin de financiar las actividades revolucionarias que han emprendido. Algunos funcionarios de Adeom, que mantenían la ocupación interior, han salido a comprarles a los granjeros su producción, ya que han encontrado que los precios son muy convenientes.
—Como todos los conflictos en este país, desde la Guerra Grande, esto va a terminar sin vencidos ni vencedores —se dijo Fortunato para sus adentros, mientras se restregaba los ojos y se dirigía a dormir en su cama, antes de que su esposa se lo reclamara.