En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En un lugar destacado en las paredes del despacho del senador blanco Carlos Camy se puede ver a un Jorge Larrañaga enmarcado en bronce. Es raro. Hace algo más de un mes podía estar sentado, conversando y tomando mate en uno de estos sillones de cuero del Palacio Legislativo. Hoy es otro cuadro en esa galería de caudillos del Partido Nacional con que los políticos blancos suelen decorar sus lugares de trabajo. En esa difícil transición, entre el duelo y el futuro, se encuentran los dirigentes de Alianza Nacional. Larrañaga se va transformando en bronce mientras un sector imprevistamente huérfano de su líder intenta rearmar piezas que estaban ya bastante desordenadas y plantarse como una opción sólida al herrerismo. La otra ala del partido, el wilsonismo.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Camy parece haberse cargado al hombro esa tarea de juntar lo que quedó tras el terremoto que significó la muerte del exministro del Interior. Es un proceso que empezó con retrospección, con largas charlas entre dirigentes veteranos sobre qué es ser wilsonista, si es una cuestión afectiva o si hay un proyecto común que los aglutine a todos. Y con una pregunta incómoda sobrevolando cabezas: ¿quién será la figura que comandará este proceso, el líder, el candidato?
“Es difícil un proyecto político sin liderazgo”, asume Camy en diálogo con Búsqueda. “Puede no haber un liderazgo natural, entonces al menos se tiene que pactar”, agrega. Y reconoce que hay una “atomización” en Alianza. La presencia de Larrañaga era demasiado pesada y es muy pronto para que su sombra desaparezca y deje ver lo que hay abajo.
Camy está recorriendo todo el Uruguay. Le dedica dos días a cada departamento. Arrancó por Lavalleja, Colonia y Durazno. En esas recorridas hay una pata institucional que incluye la visita a intendentes y jefes de Policía. Y otra política, que abarca a dirigentes del sector de todas las líneas. Tiene una lista de 387 personas con las que quiere hablar. “El propósito es reorganizar Alianza después del cimbronazo”, insiste. Y anuncia que habrá un congreso en primavera para hacer una puesta a punto. En estos días ha recibido mensajes, incluso de dirigentes que estaban distanciados, que coquetean con volver bajo el paraguas de Alianza. Y que además repiten una y otra vez que Larrañaga estaba en su mejor momento y se encaminaba a ser el candidato del wilsonismo. La muerte es un gran sponsor, dijo alguna vez el músico Horacio Buscaglia. Y en Alianza Nacional eso lo tienen más que claro. “Afloró un reconocimiento que vos decís: ‘Qué lástima que no lo pudo ver’. Sobre todo alguien que sufrió traiciones dentro del partido”, dice Camy. Hay gente cercana al senador Juan Sartori que ya exploró la posibilidad de un acuerdo pensando en lo que viene. El exjefe comunal de Colonia, Walter Zimmer, se desvinculó hace unos días del grupo de los intendentes, un sector que se formó con dirigentes del interior del país que se fueron del larrañaguismo.
"A partir de hoy me acompañaras en el despacho. Tus ideas también", escribió en su Twitter.
Un wilsonismo amplio
Pero el wilsonismo no empieza ni termina en Larrañaga. Y tampoco en Alianza Nacional. Esto también lo saben en el sector del exministro. Aunque Camy dispara: “Alianza reúne dos cosas, el wilsonismo y el larrañaguismo”. Y también es una agrupación que tiene representación en todo el territorio.
El senador Jorge Gandini, que estaba distanciado de Larrañaga, es otro que disputa la bandera de Wilson Ferreira. Gandini es cauto. Pide tiempo. “Asentar las aguas”. “Sigo creyendo lo que ya creía antes del suceso. Y ahora más”, señala en referencia a “vertebrar una corriente que exprese las diferencias históricas que hay dentro del partido”. Habla de un espacio abierto, amplio. Y remarca que en la política “no hay herencias”. “Wilsonistas hay por todos lados, wilsonismo no hay”. Asegura que está trabajando para formar “algo nuevo”. Pero elude hablar de liderazgos. “El wilsonismo tiene reservado un nombre para que alguien lo ocupe”, profetiza.
Hay otro nombre que sonó fuerte a las pocas semanas del fallecimiento de Larrañaga. Lo pusieron los politólogos encima de la mesa. La vicepresidenta Beatriz Argimón puede ser la que articule y, quizás, termine liderando este proceso de reorganización de la otra ala del Partido Nacional. Argimón también es cauta. Asegura y se afirma en que es necesario un “partido ancho” y que así se lo ha hecho saber en las reuniones periódicas con el presidente de la República, Luis Lacalle Pou. Asume que va a trabajar para eso, para generar diálogo, acercar partes. Pero le escapa, al menos por ahora, a asumir un liderazgo en el wilsonismo. Eso sí, al igual que Gandini, también evalúa que las etiquetas deberán cambiar, que quizás los dirigentes de Alianza deban admitir que no tendrán el monopolio de esta pata del partido.
De pie
En Alianza de todas formas quieren hacer saber que están y que son parte del gobierno. Hace unas semanas le pidieron una reunión al presidente Lacalle Pou para señalar que están “de pie” tras la desaparición de su líder y le recordaron los senadores, intendentes y directores de entes que tiene la agrupación en esta administración. Y que si bien comprenden que el contexto obligó al mandatario a designar en el Ministerio del Interior a un político de su confianza como Luis Alberto Heber, dejaron constancia que perdieron un lugar en el gabinete.