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    Mirá que llamo a Canal 4

    Es la varita mágica. El instrumento de Harry Potter. Si el Estado permanece omiso ante las denuncias de ciudadanos perjudicados por el mal funcionamiento del Gran Aparato, entonces existe una solución. Se llama para quejarse ante Canal 4.

    Sus periodistas registran el desastre y lo presentan en el informativo con el estilo tremendo que lo caracteriza.

    El hipopótamo que bosteza sumergido, el gordo Estado repleto de funcionarios y asesores, entonces, actúa. Los vecinos, contentos.

    Días atrás, haciendo zapping, me detengo en unas imágenes impúdicas. Un arroyo repleto de basura, llantas de camión, perros muertos, pedazos de coches hurtados y descuartizados… El olor que destila el arroyo infecto sale de la pantalla y se me mete en las narices.

    ¡No, no es la India! ¡No, no es el Riachuelo que todos le recordábamos a Néstor Kirchner cuando se puso ecologista con las papeleras! ¡No es una viñeta que acompaña noticias sobre la cumbre del cambio climático!

    ¡Es el arroyo Las Piedras! ¡Acá nomás!

    Un curso de agua que se convirtió en un vertedero de basura de una zona pobladísima. Los vecinos denunciaron el atentado terrorista contra la naturaleza y la salud de la población, durante años.

    Pero el lento paquidermo del Estado no manifestaba rapidez, esa misma rapidez que lo caracteriza para recaudar, para llenar su barriga de impuestos. (Continuando la metáfora, los hipopótamos son animales muy peligrosos; pese a su aparente quietud devoran lo que venga, por ejemplo a los cachorros de la hembra recién parida).

    Entonces, los desesperados llamaron al informativo de Canal 4. Muchas veces mis amigos de toda la vida me han comentado que jamás lo miran, por su amarillismo, su sensacionalismo. Y yo tampoco. Pero aquel día, haciendo zapping, confirmé otra vez mi teoría de la efectividad de una llamadita a Canal 4. Tiempo después de que las cámaras denunciaran la mugre del arroyo Las Piedras, ¡al parecer se limpiará!

    Viví algo similar en carne propia. Hace un tiempo, la OSE trabajó en mi vereda. A partir de entonces, en el cubículo de las bombas de agua de mi antiguo edificio, una pared (que tiene más de cien años) se convirtió en caudaloso manantial. Manaba de ella un chorro de agua límpida, cadenciosa, eterna. Mis protestas a OSE contenían todo tipo de argumentos: les hablaba del deterioro de las muy caras bombas eléctricas y también del desperdicio de agua potable que todos pagábamos.

    Pero durante 15 días la voz del teléfono me decía que “ya habían pasado el aviso”. La última vez le dije a la señora que iba a llamar a Canal 4.

    Diez minutos después, sonó mi timbre. Bajé a abrir: era una cuadrilla de OSE que al final reparó un añejo caño en la vereda, habilitado por error, y que entraba a mi casa.

    Al rato sonó el teléfono. Una funcionaria de OSE preguntó preocupada si había llegado a llamar a Canal 4.

    El gobierno acaba de reconocer que nuestra abundante agua uruguaya es cada vez menos potable. Alarma.

    Pero no creo que eso se arregle con una llamadita a Canal 4.

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