El tema internacional de los últimos días ha sido la desaparición y el incierto destino del periodista saudita Jamal Khashoggi, misteriosamente esfumado tras su visita al Consulado de su país en Estambul, adonde había concurrido para un sencillo trámite, previo a su casamiento con una joven turca.
Fortunato no había escapado a esa morbosa curiosidad, que llevó a todo tipo de especulaciones, desde las más inocentes a las más truculentas.
—Fíjense que dicen que lo disolvieron en ácido, después de cortarle los dedos, cercenarle la tráquea, y, aún vivo, le extrajeron los intestinos, trenzándoselos en forma de canasto delante de sus ojos, los que le arrancaron después con una navaja desafilada, momento en el que el corazón le dejó de latir —dijo Fortunato durante la cena, lo que provocó que su esposa se levantara de la mesa haciendo arcadas y no volviera a sentarse, mientras sus hijos le criticaban la crudeza de su relato.
—Viejo, no podés decir eso mientras tenemos los ravioles en el plato, podías al menos esperar hasta el postre —sugirió uno de sus muchachos, mientras el otro trataba de atenuar el impacto diciendo que para Trump, lo que le había pasado a Khashoggi era que se había resbalado en una alfombra, se había caído de espaldas y se había desnucado al golpear contra un escalón.
—Eso no se lo cree nadie —insistió Fortunato, a quien sus hijos lograron acallar antes de que contara los detalles de los frascos con ácido conteniendo los restos disueltos del pobre tipo, que habían sido trasladados a Arabia Saudita para dárselos como merienda a los cocodrilos que el príncipe Mohammed Bin Salman, mandamás del reino, tiene en una piscina destinada a sus huéspedes no deseados.
Frustrado por no poder completar su relato, que había seguido al pie de las redes sociales (antes era al pie de la letra, pero ahora las cosas han cambiado), Fortunato se fue a ver el informativo de cierre de la tele. Capaz que todavía aparecía alguna monstruosidad que él no había registrado en este apasionante episodio.
—No hay más novedades del caso Khashoggi, salvo las que se han revelado hasta ahora —decía entonces el informativista en el momento que él agarró el noticiero empezado— pero como noticia de último momento podemos informar que ha desaparecido el exvicepresidente Raúl Sendic, quien ingresó hace horas a la sede central del Frente Amplio, y no se le ha vuelto a ver, generando inquietud y preocupación entre sus allegados.
El periodista se explayó luego sobre el curioso caso, informando que Sendic había concurrido a la sede de la fuerza política a solicitar el permiso habilitante para la impresión de las listas con las que pretende presentarse en las elecciones como candidato al Senado, quedando afuera en la vereda, esperándolo, su fiel escudero, el diputado de la 711 Felipe Carballo, dando por sentado que se trataba de un trámite breve, pero que desde hacía horas que lo esperaba, y Sendic seguía sin salir.
Las imágenes mostraron a Carballo dialogando con los porteros-security de la sede del FA, unos grandotes vestidos de negro, quienes obstinadamente le negaban el acceso al diputado para ir a buscar a su compañero, alegando que tenían órdenes de no dejar entrar a nadie hasta nuevo aviso. Sin embargo, se vio que, subrepticiamente, la ministra de Educación y Cultura María Julia Muñoz hacía su ingreso al edificio, sin que nadie la detuviera.
—¿Qué tiene Marita que yo no tenga? —vociferó Carballo ante cámaras, con el rostro desencajado por la angustia, pero las respuestas de los guardaespaldas afortunadamente no llegaron a escucharse al aire. La puerta volvió a cerrarse a cal y canto tras el ingreso de la secretaria de Estado.
Minutos más tarde, la Dra. Muñoz asomó por la puerta, y no solo Carballo, sino las decenas de periodistas que se habían arremolinado junto a la entrada la rodearon en procura de novedades.
—Raúl está muy bien, se ha demorado en salir porque ha decidido retomar sus estudios de medicina, y lo vi muy entusiasmado, rodeado de libros y apuntes, concentrado en las materias de primer y segundo año —explicó con su habitual sonrisa la ministra—. Y agregó mientras se alejaba en el auto oficial:
—Creo que se va a quedar adentro hasta que termine de leer los libros de tercero, cuarto y quinto, tengan paciencia, ya lo reencontrarán.
Las horas pasaban, y nadie recibía noticias de Sendic, con lo que la inquietud aumentaba. Pocos minutos después del alejamiento de la Dra. Muñoz, llegó a la sede del FA el Ing. Daniel Martínez, intendente municipal de Montevideo. Mismo caso. A Carballo no lo dejaban pasar, pero Martínez se mandó para adentro sin problemas.
Tardó en salir, pero al verse rodeado de periodistas, que vociferaban pidiendo datos, con la calma habitual, el intendente procedió a dar su versión del retraso (en salir, claro) del exvicepresidente.
—Raúl es muy bailarín —dijo Martínez—. Lo encontré meneándose con una cumbia en la que se escuchaba “un pasito palante, Raulito, un pasito patrás”. Una versión adaptada por Los Fatales, está buenísima —concluyó.
En seguida llegó el Pepe Mujica, a quien Carballo le pidió que lo dejara entrar con él, pero Mujica alegó que solo tenía un pase individual.
Cuando salió, les dijo a todos:
—Tamo viendo, y esho, y ya vamoaver cómo hashemo, pero tuavía no tamo lijto pa ver cómo la sheguimo, ¿ta? —y, como de costumbre, nadie entendió nada.
La visita de Astori tampoco logró aclarar más las cosas, y Fortunato ya dudaba de que todo aquello fuera una tragedia como la de Khashoggi, o que fuera otra de sus pesadillas.
—Estamos con indicios de revisión acerca de las pautas electorales del compañero, sin parámetros mensurables aún acerca de las expectativas —dijo Astori y se marchó.
Más miedo causó la llegada del presidente del FA. El Dr. Miranda portaba un gran bidón de plástico con un líquido transparente. Le preguntaron qué contenía, y él explicó que era ácido que le habían pedido unos operarios que estaban haciendo unos arreglos, y que lo necesitaban para destapar unos caños obstruidos. Ahí Carballo se echó a llorar, presintiendo lo peor.
Pero al final los tranquilizaron a todos. El portavoz del FA salió a la puerta a informar que a Sendic le habían conseguido unas cajas viejas llenas de papeles en un sótano de Ancap, y él estaba demorado buscando los comprobantes de sus gastos con las tarjetas corporativas. Parece que la tarea sería larga, y se estimaba que volvería a salir de la sede para noviembre de 2019.