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    Montevideo es el departamento que tiene “la menor presión tributaria” en relación al ingreso de los hogares, dice jerarca

    En su amplio despacho en el segundo piso del Palacio Municipal, el director general de Recursos Financieros de la Intendencia de Montevideo (IMM), Juan Voelker, baja el volumen a la música clásica que suena en su computadora. “Me ayuda a concentrarme”, explica, antes de comenzar la entrevista.

    El economista, que se integró al equipo de gobierno departamental en 2015, es uno de los responsables de que la comuna alcanzara un superávit en 2016, tras casi una década de números rojos. Hoy sostiene que las cuentas siguen “equilibradas”, por lo que la tendencia positiva se mantiene. Asegura que el déficit acumulado de la comuna en relación a los ingresos también está a la baja, e inclusive que en el último año se llegó a los niveles previstos para el final del quinquenio. “Venimos bien, obviamente la película sigue y todavía faltan algunos capítulos más”, afirmó.

    El director hizo un repaso de la gestión a la mitad del período de gobierno, y habló de sus inquietudes sobre la morosidad y la recaudación. Sostuvo que la comuna sigue de cerca a los deudores, pero que también le importa premiar a los que pagan en fecha. Proveniente del ámbito privado, a Voelker le preocupa cómo lograr que la administración sea “más eficiente”, sin pasar por alto los procesos de control que se le exigen al sector público.

    Por otra parte, el jerarca afirmó que el peso de los impuestos montevideanos es de los más bajos del país en relación con el ingreso de sus habitantes.

    Voelker aseguró que se siente respaldado por el intendente de Montevideo, Daniel Martínez, con quien “comparte una gran cantidad de valores” y afirmó que el objetivo ahora es consolidar los logros obtenidos.

    A continuación, un resumen de la entrevista que mantuvo con Búsqueda.

    ¿Qué evaluación hace de la gestión a la mitad del período de gobierno?

    —Venimos avanzando en forma positiva respecto a los objetivos que nos habíamos trazado, sobre todo en lo que refiere a la sostenibilidad económico-financiera de la intendencia. Cuando arrancamos el período de gobierno tuvimos que hacer un planteo en cuanto a la importancia de ese punto, que supone tener cuentas equilibradas. Es decir, gastar únicamente los fondos que uno tiene y no incurrir en déficits. Lo que nos planteamos fue transformar la planificación y ejecución del presupuesto como un tema central, y hemos avanzado porque logramos hacer un presupuesto creíble. Eso quiere decir que cuando asignamos los recursos, se entienden los criterios de legitimidad sobre los cuales se establecieron esas asignaciones, mientras que los objetivos reflejan un criterio de responsabilidad: solo gastemos la plata que tenemos y seamos cautos a los efectos de estimar los ingresos.

    ¿Los datos de 2017 son positivos?

    —En 2016 generamos un resultado muy importante, de más de $ 1.118 millones. Y este año pensamos seguir una tendencia también positiva, aunque de menor dimensión, en la medida que las inversiones se están acelerando. Al hablar de sostenibilidad fiscal también nos referimos a ratios importantes para el seguimiento, como es el déficit acumulado en relación con los ingresos: pasamos de tener un 22% de déficit en 2015 a tener un 14% en 2016. Y si bien todavía no tenemos cerrado 2017, también vamos a tener una nueva baja importante hacia niveles que ya están en el entorno de los que nos habíamos planteado a los efectos de llegar al final del quinquenio. Por otro lado, teníamos un ratio de endeudamiento neto que estaba en un 65% en 2015 y bajó a 51% en 2016, y este año también sigue a la baja. Creo que venimos bien, obviamente que la película sigue y todavía faltan algunos capítulos más, pero estamos confiados de que estamos en una senda de responsabilidad y de equilibrio de esas cuentas que seguramente vamos a mantener de cara al cierre del quinquenio.

    ¿Cuál es hoy el nivel de morosidad de los montevideanos? ¿Le genera inquietud?

    —La recaudación está en el entorno de los U$S 600 millones. Y la morosidad siempre es un tema de atención, porque pequeñas variaciones pueden generar grandes cambios en la recaudación, pero hemos tenido buenos resultados. Si miramos la gestión de la morosidad que realiza la intendencia en forma directa, es decir, todo lo que no tiene que ver con el Sucive (Sistema Único de Cobro de Ingresos Vehiculares), tenemos una trayectoria descendente: pasamos de un 12,4% en 2015 a 11,6% en 2016, y en 2017 estamos cerrando con 11,1%. En cuanto a la patente de rodados, sin embargo, tuvimos primero una baja, de 17,8% en 2015 a 16,7% en 2016, y en 2017 asistimos a un leve incremento (17,5%). Muchas veces está la idea de que las intendencias únicamente piensan en los deudores y se olvidan de aquellos que siempre pagan en fecha, que son la gran mayoría. Entones revisamos una exoneración que ya existía y reformulamos un premio a los buenos pagadores. También hacemos un seguimiento más cercano de los deudores, que está acompasado por una política de regularización de adeudos que otorgue facilidades para aquellas personas que cayeron en un efecto bola de nieve. Redujimos la tasa de recargos anual, llevándola de un 27% en 2016 a 16% en 2017, y ahora en 2018 está en el entorno del 13%. De esta forma la deuda se hace mucho más fácil de pagar, aunque quien pague en fecha siempre va a pagar menos. La intendencia no es un banco, no está para cobrar intereses.

    —En cuanto al plan de regularización del Sucive ¿por qué piensa que hubo posiciones tan dispares?

    —Lo que se negoció en 2016 fue hacer un plan de regularización y luego fiscalizar, pero lo segundo nunca se hizo. Si fuera por nuestra perspectiva, seguramente hubiéramos generado una situación diferente. Para empezar, defendíamos la tesis de que no es necesario realizar un nuevo plan de regularización, porque lo que necesitamos priorizar es fiscalizar, cumplir con nuestras propias palabras. Pero sin perjuicio de eso, creemos que fue importante la actuación de Montevideo. Porque si uno mira la película, desde lo que se estaba planteando inicialmente, donde había topes a las deudas de un 30% del valor de los vehículos, se generaban reducciones que hacían que las personas que pagaran tarde pudieran abonar hasta un 56% menos que quienes lo habían hecho en fecha. Eso era una situación que no podíamos acompañar y por eso salimos tan fuertemente con esa posición que a la luz de los resultados fue positiva, porque generó que quien pague en fecha pague menos.

    ¿Cuáles son las áreas de la IMM que insumen más recursos?

    —Claramente limpieza es el área que demanda mayor cantidad de recursos. Tiene una asignación presupuestal de casi $ 2.100 millones. Después tenemos cultura con $ 1.300 millones, que es un rubro muy vasto. Y en saneamiento tenemos $ 750 millones, que es de esos gastos que son muy importantes pero invisibles, literalmente. Por otro lado, tenemos subsidios a la tarifa del transporte, por ejemplo, para estudiantes o jubilados, que en 2016 implicó casi $ 600 millones.

    —Hay quienes cuestionan que la Intendencia tenga competencias tan amplias, pero no cumpla adecuadamente con sus responsabilidades básicas ¿Deberían priorizarse las áreas fundamentales, como limpieza, calles, alumbrado?

    —Lo que pasa es que cuando uno simplifica y plantea que la intendencia se dedique solo al alumbrado o al barrido de veredas, no puede dejar de desconocer que a uno le gusta ir al Solís a ver una obra de teatro. Y el Solís es de la intendencia. ¿Entonces qué hacemos? También tenemos más de 20 policlínicas y eso también se podría cuestionar. Pero esas policlínicas están en lugares donde ya son parte de la identidad territorial, donde los habitantes prefieren ir ahí porque se sienten más a gusto. ¿Y qué hacemos con eso? Si bien la cantidad de tareas que se realizan hoy es muy vasta, son competencias que ha ido adquiriendo la IMM y que son necesarias. Cuando hablamos de calidad del gasto y de vincular el presupuesto con los lineamientos estratégicos, nos enfocamos en tener presente cuál es el impacto en la ciudadanía, cuáles son los resultados para la gente. Si hay resultados que son positivos que están demandados, es una obligación mantener ese nivel de servicios.

    ¿Crees que los impuestos que pagan los montevideanos son acordes a los servicios que reciben?

    —Los impuestos que se pagan siempre hay que ponerlos en relación con algo. Cuando uno lo mira con respecto al ingreso de los hogares y hace una perspectiva histórica de los últimos 10 años, pasamos de 4,6% de los ingresos de la intendencia sobre los ingresos de los hogares montevideanos, a un 3,6%. Y a su vez, cuando uno lo mira comparativamente con otras intendencias, la IMM es la penúltima en la lista, es la que tiene casi el menor ingreso con respecto al ingreso de los hogares. Y está a la mitad del promedio nacional, que se sitúa en un 7,5%. Desde esa perspectiva los ingresos de la intendencia no parecen muy elevados. Además, el único que está por debajo es Canelones, pero la comparación no es del todo correcta, porque Montevideo tiene bajo su responsabilidad el saneamiento, algo que en el resto del país es competencia de OSE. Si uno le resta eso, claramente Montevideo es el departamento que tiene la menor incidencia con respecto al ingreso de los hogares, que tiene la menor presión tributaria.

    —¿Cuáles son los planes para estos próximos dos años? ¿Dónde estará el foco?

    —Estamos en una fase donde es importante consolidar parte de los objetivos que ya hemos logrado, por ejemplo, lo que es la sostenibilidad económico-financiera de cara al cierre del ejercicio. También vamos a seguir avanzando en la mejora de la tecnología y la eficiencia, por ejemplo, en lo que refiere a la fiscalización electrónica de patentes. Se están haciendo las revisiones correspondientes al mes de febrero. Tenemos más de 40.000 fotografías que fueron contrastadas con una base de datos y arrojan que esos serían deudores de patente pasibles de que se les aplique la multa. Quizás el desafío más grande ahora es la capacidad de ejecutar el volumen de inversiones que se ubica en el entorno de los U$S 700 millones. El objetivo de la política es transformar la realidad, es hacer que la gente viva mejor, y eso supone pensar más allá y tener presente las complejidades que implica. El desafío es que todas las obras se desarrollen de la mejor forma en relación con la convivencia. Queremos que las molestias sean las mínimas posibles para poder pensar en la siguiente fase, que es la más inspiradora y motivadora, que es acercarnos a ese mejor Montevideo que nos prometió Daniel Martínez.

    ¿En qué áreas cree que la intendencia sigue en el debe?

    —Uno siempre tiene temas pendientes. Cuando uno quiere que los resultados estén antes de lo que están, cuando tiene que batallar contra los procedimientos administrativos que llevan muchísimo tiempo... pero es parte del trabajo que tenemos que hacer. No creo que sea un debe, quizás es un desafío a futuro: cómo hacemos para transformar la administración en una administración más eficiente, pero que guarde las debidas garantías. Porque los procesos públicos son mucho más complejos y demoran mucho porque están cuidando lo público. Entonces necesariamente hay que respetar la transparencia, pero siempre mejorando para que todo sea más rápido y más fácil.

    —¿Extraña la agilidad del sector privado?

    —Hay una gran diferencia en el marco normativo que rige el sector privado, que puede hacer todo, y el público, que puede hacer lo que está dicho en las normas. Entonces sí hay veces que uno extraña, en el sentido de, por ejemplo, poder negociar con los proveedores y ejecutar rápido. Pero eso no guardaría las debidas garantías que tenemos en un sistema público. Vas aprendiendo que las reglas del juego son muy diferentes y por qué las cosas llevan los tiempos que llevan. El desafío es cómo hacemos aun dentro de estas normas, para hacer el juego lo más rápido posible.

    ¿Cómo ve la imagen del intendente Martínez? ¿Cree que el Frente Amplio se mantendrá en el gobierno de la IMM?

    —Al inicio, cuando me ofrecieron venir a este cargo, vi en Daniel a una persona llena de dinamismo, muy proactiva, con el que compartimos una gran cantidad de valores y de formas de encarar desde el punto de vista de la gestión. Y eso se dio en la práctica, donde muchas veces hemos tenido instancias en las que estamos muy alineados y he sentido mucho respaldo por su parte. Y lo que espero es que logremos los objetivos que nos habíamos trazado para esta administración. Creo que venimos bien y estamos a mitad de camino, la meta está cerca, pero tenemos que seguir metiendo para llegar cada vez mejor.