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    miércoles 12 de junio de 2024

    Mujeres al extremo

    El domingo 9 concluyó la séptima edición del Festival Internacional de Artes Escénicas (Fidae) y hay mucho para destacar. Lo principal, además de la buena calidad de la grilla, fue la buena respuesta del público, que llenó las salas de Montevideo y los restantes siete departamentos que fueron sedes.

    También es preciso observar que el Fidae engrosó su grilla con espectáculos de otros ámbitos, como los estrenos de la Comedia Nacional y el ciclo de dramaturgia local Nuestra, una práctica de programación ya usada en ediciones anteriores.

    Triple Vega

    En la grilla extranjera sobresalieron tres títulos cuyo denominador común es la actuación de Lorena Vega, una de las grandes noticias de la escena argentina de los últimos años. El exitoso drama documental Imprenteros, basado en la historia de su propia familia (de trabajadores gráficos), exhibió sus tres facetas: actriz, directora y dramaturga. Las otras dos obras en las que actuó fueron escritas y dirigidas por Mariano Tenconi Blanco, autor de La fiera, obra muy aplaudida cuatro años atrás. La vida extraordinaria, sobre dos mujeres que encuentran en la lectura una forma de dar emoción a sus vidas (con Vega y Valeria Lois), recibió generosos elogios.

    El último fin de semana subió a escena en la sala Nelly Goitiño Las cautivas, una gran muestra de talento en todos los rubros: texto, dirección, puesta en escena y, por supuesto, las actuaciones de Vega y Laura Paredes, otra de las buenas (se la puede ver en el filme Argentina, 1985). Este relato rural ambientado en la convulsa Argentina del siglo XIX cuenta la historia de una joven mujer francesa (La Elegida, interpretada por Paredes) que es secuestrada en su casamiento por un malón de indios y es rescatada por una joven indígena (La Mensajera, a cargo de Vega), con quien vive una intensa historia de amor. Escrito en verso, el texto de Tenconi combina el aura tradicional decimonónico con una abundante dosis de humor, que proviene mayormente del choque de esa tradición con ciertas claves culturales y sociales del presente. La guiñada que descontextualiza el pasado desde la mirada del aquí-ahora funciona en forma muy aceitada.

    Tenconi también desafía al espectador evitando la coincidencia de ambos personajes en escena. Durante la mayor parte de la obra, cada una cuenta su versión de la historia, en monólogos jugados con maestría. Vemos a una de las dos con la otra siempre aludida y muy presente. Para redondear una estupenda experiencia teatral, el músico Ian Shifres interpreta la banda sonora en vivo, al piano, volviéndose un tercer personaje. El cuarto es, sin dudas, ese fascinante retablo con decorados corredizos, manipulados por las actrices, que nos trasladan a las extensas planicies argentinas del siglo XIX. Pura creatividad, belleza e inteligencia.

    Ya no me quiere.

    Entre los varios estrenos locales incluidos en el segmento Nuestra se destaca Yo soy Fedra, una singular creación de Marianella Morena que continúa en cartel este fin de semana. La acción tiene lugar en Casa Caprario, una vieja edificación construida a fines del siglo XIX situada en Soriano 922 (contigua a la Sala Verdi, en cuya órbita funciona como espacio experimental). Para la trivia, allí se firmó el acta fundacional del Club Nacional de Fútbol, en 1899. Una de las habitaciones de la casona es el espacio escénico de la obra donde 20 espectadores son ubicados en sillas y sillones en torno a una gran cama llena de ropa. Estamos en el dormitorio de Fedra, el personaje mítico que encarna el rechazo que sufrió de los hombres significativos en su vida. Noelia Campo aborda un personaje harto exigente, pues atraviesa el duro trance de masticar la derrota. Ha envejecido, su espíritu está herido y su cuerpo experimenta el inexorable deterioro (la actriz modificó su habitual imagen física dejando de depilarse y de hacer ejercicio). He doesn’t fuck me anymore, canta al inicio, en referencia a un Teseo muy mencionado pero ausente. El que está presente es Hipólito, el otro personaje clave de esta historia, aunque está corporizado en la anatomía de Lautaro Moreno, el músico que ejecuta la banda sonora en escena, en un rincón del cuarto, y que ocasionalmente ocupa el centro de la escena. No actúa, solo es un cuerpo bajo los focos.

    Campo estremece y conmueve en su despliegue interpretativo, físico y performático. Logra dominar a piacere un amplio espectro emotivo y refleja con gran potencia el calvario depresivo que atraviesa su personaje cuando debe asumir que se ha extinguido el deseo que antes provocaba. Interactúa con el público, recurso infrecuente en la obras de Morena, jugando sabiamente al filo de la incomodidad, aunque sin llegar a violentar o forzar situaciones no deseadas. Y también juega en la cuerda del humor, indispensable catalizador para digerir el trago más amargo. Lo que es seguro es que Yo soy Fedra puede resultar muy incómoda y perturbadora por el juego de espejos que propone al espectador, que en el fondo es desafiado a escarbar en su mundo privado, en su propia intimidad. Aquello de… “¿y por casa, cómo andamos?”. Las últimas funciones, con entradas en Tickantel, son este viernes 14 y el sábado 15 a las 20.30 y 22.

    Vida Cultural
    2022-10-12T23:28:00