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¿Cuándo nació el concepto América Latina? Si anteriormente se había hablado de América hispana o de Iberoamérica, en el caso de que Brasil estuviese incluido en el paquete, la idea de América Latina representó un cambio ideológico significativo. Una verdadera revolución conceptual. América Latina era más que iberoamérica. ¿Pero qué motivó el nuevo nombre?
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La idea de este concepto triunfal (hoy casi no se dice Hispanoamérica, América hispana o Iberoamérica) surgió en Francia durante el gobierno de Napoleón III, sobrino de Bonaparte. Primero presidente de la República y luego, a partir de 1852, emperador de los franceses (Segundo Imperio), Napoleón III intentó reconstruir la gloria perdida de su antigua nación. Por oposición a la clásica enemiga Inglaterra, “la raza latina” fue motivo de cariños por parte de Francia, que ante la notable debilidad de Portugal, España e Italia en esos momentos se dio a sí misma el rol de abanderada de la latinidad. De esa manera, la Inglaterra que había sido derrotada por los independentistas americanos se acercaron a Washington mientras que la Francia revolucionaria tomó distancias de la gran república de Norteamérica. Paradojas de la realpolitik.
El próximo paso de París fue anteponer América Latina a la América anglosajona, creando un conflicto de vida o muerte entre el mundo anglosajón y el mundo latino. Así haciendo, además, Napoleón III le dio a Francia una injerencia y un peso en el Nuevo Mundo que no tenía en la vida real. Pero no fue solamente una cuestión retórica o cultural: en 1863 el ejército francés puso en el trono del recién inventado Imperio Mexicano a un príncipe europeo al servicio de París: el ingenuo Maximiliano. Tres años más tarde, Napoleón III necesitó las tropas que tenía en México y las repatrió: fue el fin del Imperio y de Maximiliano, que murió fusilado por los rebeldes mexicanos apoyados por Estados Unidos.
El concepto América Latina tiene un par de presuntos inventores (Michel Chevalier y Francisco Bilbao) pero quien primero lo puso en el papel fue el poeta colombiano José María Torres Caicedo, quien vivía en París y terminó al servicio del emperador galo, escribiendo, por dos monedas, furibundas obras de propaganda antibritánica. Este hito en la historia del continente tiene incluso sitio y fecha determinada: Venecia, 26 de setiembre de 1856, cuando Torres Caicedo publicó su extenso poema “Las dos Américas”.
Luego de un comienzo auspicioso, en el cual la puritana República del Norte es halagada por su amor a la justicia, el cuarto verso marca otro tono: “México al Norte. Al Sur las otras hijas / que a la española madre rechazaron, / de Washington la patria contemplaron / como hermana mayor, como sostén; / copiaron con fervor sus sabias leyes, / por tipo la tomaron, por modelo; / buscaron su amistad con vivo anhelo, / y su alianza miraron como un bien. / Ella, entre tanto, altiva desdeñaba / la amistad aceptar de sus hermanas; / el gigante del Norte, como enanas / miraba a las Repúblicas del Sud”.
A partir de ese verso, el ideal de justicia e igualdad de los primeros estadounidenses se convirtió en mera codicia y ansias de despojos: “La moral de ese pueblo es relajada; / sólo el comercio salva su existencia; / mas, lleno de ambición, en su demencia, / para sí la confianza va a destruir. / La América del Sur sus puertos le abre, / de sus riquezas a gozar lo invita, / ¡y él, entre tanto, pérfido medita / privarla de su bello porvenir!”.
Frente al despotismo que reinaba en Europa y el egoísmo que caracterizaba e identificaba a Estados Unidos, Torres Caicedo antepuso el límpido ideal de la América hispana, desunida y debilitada: “Mas aislados se encuentran, desunidos, / esos pueblos nacidos para aliarse: / la unión es su deber, su ley amarse: / igual origen tienen y misión; / la raza de la América Latina, / al frente tiene la sajona raza, / enemiga mortal que ya amenaza / su libertad destruir y su pendón. / La América del Sur está llamada / a defender la libertad genuina, / la nueva idea, la moral divina, / la santa ley de amor y caridad”.
El poema de Torres Caicedo, en el cual aparece escrito el concepto América Latina por primera vez, fue un llamado a la unidad de los pueblos hispanoamericanos, herederos de las glorias de España, para enfrentar la amenaza de su enemiga, “la América sajona”.
De estos versos bebieron todos los que luego, con el correr de los años, clamarían por la unidad de los pueblos hispanoamericanos. Torres Caicedo es hoy solamente conocido en el estrecho mundo de los especialistas, su poema forma parte del archivo miscelánico, pero el espíritu antiestadounidista y el sueño de la Patria Grande que plasmó en su obra es cultivado con incansable frenesí por muchos millones de latinoamericanos.