—Uno de los grandes logros de esta gestión es el proceso de descentralización. Veníamos de un modelo donde teníamos extremadamente centralizada la administración. No había una estructura real intermedia. Y ese proceso de descentralización se llevó a cabo. Una buena forma de conocer el estado real de la educación es recorrer las comisiones departamentales descentralizadas de la ANEP. En paralelo, hoy existe un sistema de información sobre la trayectoria del alumno que permite saber en tiempo real si, por ejemplo, se apuntó en UTU o en Secundaria. Eso hace dos años no existía. Y en 2017 este sistema informático integrado abarcará a colegios privados y de educación no formal. Otro cambio importante es el tránsito de una educación uniforme, para algunos, a una educación que contempla la singularidad de todos. Hay una inclusión de decenas de miles de jóvenes al sistema.
—¿Ahí puede verse el “cambio de ADN” de la educación?
—Hay cambios muy importantes. Teníamos fundamentalmente una educación media que era solo para algunos, uniforme y centralizada. No había un sistema con capacidad de desafiarse y reconocer la singularidad de las personas. Ahora ha comenzado un proceso de descentralización importante. A veces los términos pueden confundirse o tener encuentros… Muchas veces se habla de reforma, por ejemplo, y nosotros hablamos de una transformación profunda y progresiva. Estamos dejando atrás un sistema en el que cada uno hacía como que hacía, porque había una estructura piramidal que lo permitía para justificarse uno a otro. Cuando asumimos este desafío dijimos que el centro iban a ser las personas. Y seguimos pensando eso. El problema está en que no es posible alcanzar las metas que nos propusimos en este período si el sistema no se transforma.
—¿Cuáles son esas metas?
—Universalizar el acceso de la educación a tres años; mejorar los aprendizajes en Primaria, sobre todo en los primeros ciclos; que todo joven hasta los 17 años esté dentro el sistema educativo en una propuesta formal o no formal; y duplicar el número de egresados de educación media superior. Una quinta meta es contribuir a la universalización de la educación terciaria.
—¿Hay margen para lograr que el 100% de los jóvenes de hasta 17 años integre el sistema educativo en 2020?
—Cuando hablamos del 100% de los jóvenes nos referimos a una serie muy compleja de situaciones de orden personal. Está estudiado que los 15 años de edad es el punto crítico. Ahí se profundiza la desmotivación de quienes se alejan del sistema educativo. La administración tiende a universalizar su presencia y evita naturalizar ese derrame de chiquilines. Eso lo estamos revirtiendo. ¿Pensamos alcanzar esa meta? Sí. Y en 2017 habrá avances en ese sentido.
—¿Y la aprobación en los liceos llegará al 75% en este período?
—También confiamos en que eso es posible.
—Con educación de calidad…
—… Si hay algo en lo que seguro no está la administración es en querer mejorar los números para decir que mejoró su gestión. Calidad quiere decir capacidad de que los conocimientos realmente se socialicen. Hay una diferencia entre el docente trasmisor y el docente socializador. No está en la agenda del gobierno de la educación bajar los niveles de calidad para mejorar los números. No todos van a aprender lo mismo, en el mismo tiempo y bajo la misma metodología. Y menos con una única propuesta. Aquel modelo que quería garantizar la equidad dejó a decenas de miles de jóvenes fuera del sistema.
—¿Cómo se explica el llamado “pase social”, según el cual 400 alumnos pasaron de la escuela al liceo solo porque ya tenían 15 o 16 años?
—¡Estamos hablando del 1%! Tenemos entre 44.000 y 45.000 niños que salen al año de la escuela, y estos son 400 chicos donde se mezclan situaciones de discapacidad y debilidades de distinto tipo. Un chiquilín a los 15 años ya agotó la posibilidad de trabajo de primaria.
—¿Pero la solución es que pase al liceo?
—La discusión no es si pasa o no pasa. Acá hay que ver cómo esos chicos, que evidentemente tienen dificultades severas, continúan en otras propuestas de formación que le aporten algo.
—¿El caso del alumno que acumulaba 124 faltas y fue promovido de Primaria a Secundaria se debió a un error informático?
—También se trata de una situación puntual. Ese es un caso aislado en más de 40.000 y en el marco de un sistema nuevo para el que hay que coordinar muchas cosas entre Primaria, Secundaria y UTU. Lo interesante acá es que existe el dato, que hoy existe un procedimiento para detectar estas cosas. Ese es un cambio positivo. Antes no existía la posibilidad de conocer el dato. Lo otro es un caso razonable entre más de 40.000.
—Desde el punto de vista presupuestal, ¿qué se ha hecho para mejorar la eficiencia del gasto?
—Podemos coincidir o no con las políticas, pero si nos vamos a poner a discutir qué se hizo con el dinero o si se puede mejorar su eficiencia, hay que analizar lo siguiente: el 85% del presupuesto se vuelca a la masa salarial; eso significa que se aplicó una fuerte línea de política educativa en salarios. Además se ha incorporado un número muy importante de personas a nivel educativo y se conformaron miles de grupos que permiten la descentralización. A eso hay que sumar un 5% que se destina fundamentalmente a inversiones de infraestructura: entre 2005 y 2015 se construyeron 354 edificios, y proyectamos para 2015-2020 más de 439, de los cuales 150 se harán por régimen de participación público-privada (PPP), lo que no debe confundirse con privatización. Otro 5% corresponde a gastos de funcionamiento de los 2.800 centros. Y después está toda la logística de desarrollo de gestión que engloba la totalidad del presupuesto.
—En su reciente gira europea, Vázquez dijo que su visita a Finlandia tuvo como un eje principal la educación. ¿Qué avanzó? ¿Y por qué no viajaron autoridades de la educación?
—Ya estamos trabajando con Finlandia. Ya hemos enviado a nuestros técnicos y estamos conectados, hay un equipo en eso hace tiempo. No era necesario en este caso que viajara otra delegación específica. Como dice el presidente, no se trata de trasplantar un sistema de educación, aunque haya elementos dignos de considerar. Por ejemplo, ellos son grandes promotores de la educación pública y centran sus políticas en el profesionalismo docente, no en un grupo de tecnócratas que dicen lo que hay que hacer y el resto de la plebe docente va y lo hace. Cuando se pone como referencia a Finlandia, uno puede decir que empezaron a ocuparse de la educación media en los años 70. Y nosotros estamos en un proceso acelerado de un país que estuvo medio siglo distraído en no atender este tema.
—El senador independiente Pablo Mieres condicionó su apoyo a la Rendición de Cuentas a la remoción del Codicen que usted encabeza, ¿qué responde a eso?
—Sería muy interesante ver cuál es su propuesta. Yo puedo dar cuenta de lo que estamos haciendo. Lo otro son titulares de prensa. En esta mesa nunca estuvieron. Más allá de planteos sueltos, no hay nada. Titulares. Las rendiciones de cuentas siempre son complicadas. Nosotros aspiramos al 6% del Producto Bruto Interno (PBI) para la Educación, sujeto al proyecto original. Seguimos estratégicamente distintos caminos vinculados a un programa nacional.
—¿Qué opina del libro escolar “Uy-Siglo XXI” que emplea como metáfora la vida en comunidad de Los Pitufos para explicar el comunismo?
—Ese libro entró a Primaria en diciembre para su estudio, y después vinieron las vacaciones. Saltó el tema ahora, en febrero, cuando recién se estaban instalando los grupos y el equipo técnico no llegó a estudiarlo. La administración hoy oficialmente no tiene una postura porque el equipo técnico todavía no estudió el texto. Afortunadamente tenemos equipos técnicos que generan un informe preliminar sobre los textos para que las autoridades políticas resuelvan en todos los casos.
—Aunque esa bibliografía no sea obligatoria ni recomendada, ¿igual puede enseñarse en colegios habilitados por la ANEP?
—Una cosa son los textos oficiales en función de la habilitación que tengan los centros privados, y otra es la diversidad de la bibliografía que tengan en sus bibliotecas. Es como que uno compre un libro y lo ponga en la biblioteca de su casa. La administración no está abocada a revisar biblioteca por biblioteca de cada institución privada. Hay una bibliografía recomendada para los colegios habilitados. Este texto no ha sido aún analizado por la administración. Ahora, hay algo más importante. Si yo detecto que ese libro se está usando en algún lugar y tengo una responsabilidad social o política, lo primero que hago es pedir un informe a las autoridades de la Educación. No lo pongo en las redes ni hago un planteo público. Rápidamente se hubiera contestado que el libro entró en diciembre para su estudio, que los equipos técnicos aún no lo han analizado y que una vez que lo hagan recibirán la opinión oficial. Era tan fácil como eso. Pero no. Saltó a las redes y en crónica roja.
—Y del contenido del libro, ¿qué dice?
—Me parece que con los temas relevantes que estamos manejando… la manera en que se procedió en este caso no resulta la adecuada. Esta no es una justificación para no entrar en el contenido. Dejemos eso a los técnicos y después veremos la postura de la Administración. Mientras tanto, es un desgaste gratuito.
—¿Qué piensa sobre la comparación de la ministra entre usted y Varela y la repercusión que eso generó?
—Yo creo que fue algo sacado de contexto. Y me parece fantástico que el ingenio nacional no se pierda. Es fantástica la capacidad de creatividad que tiene el uruguayo.
—¿Le sorprendió?
—En realidad la frase fue sacada de contexto. Lo que se quiso expresar ahí fue que en este período dirigiendo la educación claramente estoy yo, al frente del Codicen, y los pasos que se están dando para avanzar en la universalización de la educación media. Creo que eso es lo que quiso plantear la ministra, y se sacó un poco de contexto. De todos modos, está muy alejada de mí la construcción de esa imagen. Lo digo porque yo trabajo en forma colectiva. Por eso no hablo de reforma educativa. Hablamos de una transformación profunda y progresiva.
—¿Pero qué sentido o intencionalidad tuvo decir eso?
—Bueno. Por eso digo, cuando todo se saca de contexto... Hay que hablarlo con la persona implicada y no hacer interpretaciones con base en terceros.
—¿Lo habló con la ministra?
—No, para nada. En absoluto.
—¿Y qué concluye de esto?
—Que el ingenio popular no descansa y eso es bueno… A ver, el Uruguay tiene íconos que todos respetamos: Varela, Artigas... Son referentes absolutos y están fuera de todo análisis y discusión. Ninguno de nosotros pretende ni siquiera acercarse a ellos. Sí creo que la educación está extremadamente politizada y que se debe trabajar en una sociedad basada en valores, en la buena convivencia y en el respeto mutuo. Pero no en todos los niveles de la sociedad se promueve esto. Se le exige a la Educación, pero luego se trabaja con soberbia, con descalificación, con el grito y con titulares de prensa que no significan nada. Hay una especie de show mediático permanente donde se presenta a la educación en crónica roja.
—Ahora, esta caricaturización tampoco contribuye en ese sentido…
—No, no contribuye. Yo creo que no contribuye. Pero, bueno, eso no quiere decir que uno no reconozca el ingenio popular que el uruguayo siempre tuvo y que no lo tiene que perder.
—Mejor tomarlo con humor.
—No. ¿Saben lo que pasa? Uno sabe muy bien lo que hace, sabe muy bien cómo lo hace, sabe muy bien qué proyecto de vida tomó. Entonces hay mucha cosa en el entorno, por la exposición que uno tiene, que prácticamente no la puede atender, porque además uno no tiene tiempo para atenderla.
Información Nacional
2017-02-23T00:00:00
2017-02-23T00:00:00