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Una tarima repleta de instrumentos, la mayoría de percusión. Hay infinidad de maderas, metales, lonjas y variedad de pequeños objetos sonoros. Hay tambores de todo tipo, cajones, pandeiros, platillos, campanas, cencerros, güiros, racimos de pezuñas. También hay pedaleras, filtros, plug-ins y otros dispositivos digitales. Y, por supuesto, están los hangdrums, esos platos voladores metálicos que al ser apenas acariciados con las yemas de los dedos, suenan como un teclado psicodélico y celestial. También hay instrumentos melódicos, como un acordeón. Todo está al alcance de la mano del intérprete y, tal como indica el título del show, Superplugged, todo está minuciosamente microfoneado y amplificado, para ser escuchado al detalle, a través de auriculares de alta fidelidad. Un foco central ilumina al percusionista. A su alrededor, dispuestos en ronda, medio centenar de espectadores escuchan el concierto mediante auriculares envolventes.
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La imagen fue un clásico de la escena musical montevideana entre 2010 y 2019, la década en la que Nicolás Arnicho hizo su show unipersonal, primero en el Solís y en los últimos años en el Auditorio del Sodre. Desde esta semana, el espectáculo está nuevamente en cartel, los miércoles a las 20.30 en el Teatro del Notariado (las entradas se venden en redtickets.com a $ 500). Ahora se llama Superplugged, puertas adentro 2024, y la propuesta incluye la interacción con el público.
Este músico camaleónico y nómade por naturaleza tiene una decena de discos y registros audiovisuales publicados, colaboró con numerosos proyectos solistas y colectivos, participó en comparsas de candombe y murgas y ha conformado una obra insular en la música uruguaya, que nuclea sonidos populares de todo el mundo, desde el maracatú brasileño al culto yoruba africano.
Hace más de 30 años que arma y desarma la valija llevando su música y trayendo foráneas que rara vez suenan en Uruguay. Así viajó por todo el mundo para estudiar con los creadores primigenios. Para aprender a tocar el cajón peruano se instaló en Perú, para conocer los sonidos del Nordeste brasileño se fue a vivir a Salvador de Bahía. Pasó temporadas en Cuba, México y varios lugares de África, mano a mano con los maestros. Siempre que viajó, volvió y mostró lo aprendido en el escenario, en shows como Los carnavales del mundo y Brasil power trío. Y también en talleres de percusión y bases rítmicas de la música popular. A fines de los 90 fundó Tribu Mandril, grupo pionero en Uruguay en la percusión con instrumentos alternativos. De sus talleres surgieron grupos como Latasónica, que lleva más de 20 años en la escena.
Para esta rentrée, Arnicho volvió a las raíces del show, y se centró en el formato canción, con su canto como coprotagonista junto a su constelación de percusiones. Están los estándares como Don’t Worry, Be Happy, Stand By Me, Samba de mi esperanza, La edad del cielo, de Drexler, Que baque e ese?, de Lenine, y el Ave María de Gounod. También están sus temas propios, como la balada Freedom y Tina, pieza interpretada con agua vertida en varios recipientes y el sonido procesado por pedaleras y varios filtros.
Superplugged recorre el folclore de raíz de distintas partes del mundo, desde el drum and bass tocado con un balde de chapa y un tambura (instrumento de India usado principalmente para meditar), hasta el rap y el hip hop, con un beat (secuencia rítmica) cercano al acid jazz, y el folclore del oeste de África, con tambor batá, la percusión por excelencia del culto yoruba. La percusión corporal está siempre presente, ensamblada con sonidos instrumentales. Junto con Arnicho, la otra figura clave del espectáculo es Camilo Rehermann, el Pájaro, sonidista histórico del ciclo, a quien además Arnicho presenta como “productor, asistente y todoterreno”.
Fuera de Esquinas
Semanas atrás Arnicho expresó en su cuenta de Instagram su malestar por el resultado del concurso para talleristas del programa Esquinas de la Cultura, producido por la Intendencia de Montevideo (IM), en el que no fue seleccionado para renovar su puesto como docente de percusión. En varios videos, explicó que en el reciente concurso, cuyos resultados se conocieron a fines del 2023, obtuvo 47 puntos de 100 posibles y quedó en la mitad de la lista entre casi un centenar de postulantes, por lo que no estuvo entre los habilitados para dar talleres, cuando en la edición anterior, en 2018, había quedado en primer lugar, con 96 puntos sobre 100. Tras dar clases durante cinco años en Esquinas, expresó que quedar afuera “parece raro”.
El cambio principal que hubo en esta reciente edición del concurso es que cambió el sistema de registro de la formación y la presentación de certificados y diplomas que acrediten los saberes se transformó en obligatoria. Contó que presentó la misma carpeta que en la edición anterior, actualizada con las realizaciones académicas y artísticas alcanzadas en la Escuela Esquinera en el período en que dio clases. “Me cuesta entenderlo”, dijo.
Consultado por Búsqueda, Arnicho compartió su visión de este proceso: “Yo estudié en varios lugares del mundo, con gente que en muchos casos no tiene ni cédula y vive en sitios donde no hay agua potable ni canillas. ¿Qué certificado iba a pedirles? Yo he viajado para aprender cosas a las que después todo el medio local le saca jugo porque al volver comparto lo aprendido. Todos las disfrutan y yo feliz”. El músico aclaró que ante la exigencia, en las bases del concurso, de presentar una declaración jurada sobre la veracidad y autenticidad de los datos presentados, encargó a una escribana pública la confección de un documento con un sello notarial que detalla punto por punto la veracidad de cada uno de los saberes que declaró en su carpeta. “Yo no puse que estuve con Paul McCartney ni que salí de gira con los Rolling Stones. Puse lo que todo el mundo sabe que hice. Alguien en el concurso se puso obsesivo con que eso no servía y me dijeron que era necesaria una renovación generacional. Bueno, de mi generación el único que quedó afuera fui yo. Todos los demás docentes de percusión que daban clase en Esquinas, en talleres que reunían la cuarta o quinta parte de los alumnos que tenía yo, siguen estando. Y me alegro por ellos porque es gente a la que le tengo mucho cariño. Yo tenía el récord de inscriptos y un grupo tocando en la calle, en los barrios, que era un gran fruto del Proyecto Esquinas, y tenía muchas ganas de seguir haciéndolo, y fui el único que quedó afuera. Es absurda la medida, el criterio y la exigencia de documentación a un músico con 40 años de carrera, en saberes adquiridos como se aprende la música popular. En su origen. Yo no tengo manera de acreditar esto con un papel si no creen en mí. No era un concurso en Noruega, acá todos me conocen y me tenían hace cinco años aprovechando lo que sé hacer. No la compliquemos, hubiera preferido que me dijeran: ‘Arnicho, no te queremos más acá adentro’. Porque si bien el jurado actúa según las bases, la decisión es avalada por el director. Hubo mucha gente con puntajes bizarros y el mío es el que más ruido hizo”.
Búsqueda se comunicó con Alberto Coco Rivero, experimentado director teatral y de carnaval, a cargo desde 2020 de Esquinas de la Cultura, quien, consultado por los reclamos de Arnicho, rechazó hacer declaraciones públicas sobre el episodio.
Para Arnicho, “si el director valora tu trabajo y realmente quiere que te quedes lo puede hacer, habla con quien tenga que hablar. No es tan difícil. Me tuvieron cinco años y venían todos a felicitarme. ¿Y después me hacen esto? Eso es lo que me parece raro”.
El músico contó que después de que anunciaron los fallos pidió una reunión con las autoridades de la IM. Junto con otros participantes del concurso, fue recibido por María Inés Obaldía, directora de Cultura de la IM, Rivero y Luis Ortiz, director de la Escuela Esquinera. “Ellos manejaron la idea de suspender el concurso pero lo que pasó es que, con el concurso en marcha, bajaron el mínimo puntaje para pasar a la siguiente instancia, que era la entrevista. Se bajó de 60 a 48 y yo tenía 47,5. Seguí quedando afuera. Finalmente nos dijeron que los que no llegamos al mínimo podíamos reforzar la carpeta con lo que quisiéramos, pero yo no tenía nada de lo que a ellos les servía, que eran papeles firmados por los maestros. Y les dije: ‘¿Ustedes creen que es mejor Esquinas sin Arnicho, que estudió en África y se agarró dengue y que después fue a Bahía a aprender y vivir con el primer baterista de Hermeto, que no tenía ni para comer?’”.
El percusionista no puede disimular su malestar: “Yo amo lo que hago y creo que en Esquinas hice rendir mi trabajo como nadie más. Lo lamento pero es así. Creo que en un concurso de cultura comunitaria vos tenés que puntuar mejor el recorrido y la trayectoria. El trabajo en el territorio. Y la experiencia de la persona, que no siempre es diplomable. Por algo soy grado 2 en la Escuela Universitaria. Ha sido muy doloroso todo esto, sinceramente lo tomo como una falta de respeto. Si me pasa en Holanda, me lo fumo. Acá no. No entiendo por qué ha sido todo tan rígido. Por eso salí a hacerlo público”.