No a la guerra

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Nº 2082 - 30 de Julio al 5 de Agosto de 2020

El 21 de octubre de 1967 ocurrió una multitudinaria marcha sobre el Pentágono. El motivo: protestar contra la guerra de Vietnam. Participaron todas las fuerzas que entonces se oponían a la política internacional del gobierno de los Estados Unidos: pacifistas, hippies, movimientos progres, anarquistas, intelectuales preocupados. Entre ellos estaba el escritor y periodista Norman Mailer, uno de los oradores del gran acto contestatario junto con otras personalidades de la cultura. Mailer fue detenido por “traspasar un cordón policial”. Entre otros detenidos —y vaya uno a saber por qué circunstancia— se encontraba un joven alto, rubio y con un brazalete nazi. En el encierro, Mailer y el nazi cruzan miradas y juegan a ver quién la sostiene más tiempo. Ninguno aparta la vista de los ojos del otro:

—Sucio judío.

—Cerdo teutón.

—¡Judío cobarde! ¡Rojo bastardo!

—Anda y que te den por culo, niño nazi.

Y así los insultos hasta que un alto marshal, a medio camino entre Robert Mitchum y Steve McQueen, pero con más cráteres en el rostro que la superficie lunar, los llama al orden.

Este mínimo acontecimiento y muchísimos otros que se suscitaron a raíz de la manifestación antibélica llevaron a Mailer a escribir lo que hoy ya es un clásico de la literatura y del periodismo: Los ejércitos de la noche (Compactos Anagrama, 2020, 391 páginas).

En esta novela de no ficción sobre los convulsionados años 60, que va desde el inconformismo político y social hasta las bases más reaccionarias de una sociedad que pretende conservarse firme en sus tradiciones, Mailer es el personaje central, con igual nombre y apellido y sin escatimar sus miserias y contradicciones, además de sus talentos, claro. Los acontecimientos son reales, también el sujeto que los narra. La libertad de escritura hace el resto.

Vida Cultural
2020-07-30T00:00:00