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    No “deberíamos dejar” que el “miedo” a los transgénicos sin base científica controle el comercio, dice experto estadounidense

    El etiquetado de alimentos como “orgánicos” puede llegar al “extremo” y no hay “mucha información que apoye” que son más saludables: “es un tema de marketing, no de seguridad”, sostiene Wayne Schmidt, consejero en Biotecnología y Políticas Agrícolas del Departamento de Estado norteamericano

    “Soy de Idaho; ahí hay una compañía que está haciendo cruzamientos de ingeniería genética con diferentes tipos de papa. Las papas no producen semilla y esta es la única manera de hacer que se crucen. ¿Debería eso estar regulado de manera especial?”, preguntó Wayne Schmidt, consejero en Biotecnología y Políticas Agrícolas del Departamento de Estado de Estados Unidos. Hay países que piensan que sí, porque se están haciendo alteraciones genéticas, y otros consideran que se debe evaluar caso a caso, y que el ejemplo de Idaho no debería estar regulado. Eso es parte del desafío”, explicó el diplomático, que proviene de una familia de agricultores y que viajó a Uruguay para reunirse con los responsables de las políticas vinculadas a la biotecnología y con el sector académico, con el fin de evaluar las posibilidades de cooperación en esta área.

    Gobernantes, agrónomos e integrantes de organizaciones de la sociedad civil con las más diversas posturas discuten actualmente en todo el mundo sobre los transgénicos y el uso de la ingeniería genética y la biología en alimentos. Mientras tanto, el “marketing” de los alimentos orgánicos, con poca base en la “ciencia”, avanza y “afecta” al comercio, dijo Schmidt a Búsqueda.

    A continuación sigue un resumen de la entrevista.

    —En el mundo se están discutiendo las políticas del etiquetado de transgénicos y de contenido nutricional de los alimentos, como la sal, el azúcar y las grasas. En Uruguay está en debate una propuesta de etiquetado del Ministerio de Salud Pública que no convence a la industria, mientras que en Estados Unidos (EE.UU.), por ejemplo, las discusiones se remontan a la administración de Barack Obama, quien propuso el etiquetado de transgénicos. En el caso de EE.UU., ¿cuánto incide la ciencia en el debate?

    —El gobierno de Estados Unidos tiene una política que dice que lo que sea que se ponga en la etiqueta no debería ser falso o engañoso. Si algo es etiquetado como seguro y lo quieres etiquetar como no seguro tienes que mostrar evidencia. Entonces, si etiquetas algo como GMO (Organismos Genéticamente Modificados) y ha sido aprobado para comercialización, pero quieres ponerle un cartel que diga “advertencia, cuidado”, eso es falso y engañoso, a menos que puedas demostrar con evidencia científica que en realidad no debería haberse aprobado.

    Tenemos un sistema fuerte para permitir el aporte de la población antes de que algo se regule y publique. Cualquier persona en el mundo, gobierno u organización no gubernamental puede comentar. Los científicos suelen hacerlo. Una de las cosas que encontramos en común con Uruguay es que los dos creemos en las decisiones basadas en ciencia. Cada tanto surge nueva información y a veces debemos reevaluar un producto declarado como seguro, generalmente cuando surge una investigación a largo plazo que muestre un problema adicional del que no sabíamos.

    ¿Qué ocurre con el etiquetado de transgénicos?

    —Hace un año y medio el Congreso de EE.UU., luego de un extenso debate, dijo que tenían que llegar a una versión de etiquetado para GMO, pero aún tiene que encuadrar en la premisa de que no debe ser “engañoso”. Había gente que quería poner carteles de “pare”. Para alimento humano no podemos usar esa señal. Actualmente estamos en una etapa de dos años de estudio sobre qué tipo de etiquetado es apropiado. No tenemos esas regulaciones finales aún. Como diplomático sigo el tema muy de cerca. Alguna gente plantea: ¿cómo etiquetas algo como una manzana o una naranja?, ¿cuán grande será esa etiqueta? ¿cubre todo el alimento y deberías hacerle un packing distinto?

    Tenemos una manzana en EE.UU. que se llama non-browning apple (manzana que no se marchita). Cuando cortas una manzana normalmente se empieza a quedar marrón pero ahora ya no lo hace; apagaron el marchitado. Entonces, ¿cómo etiquetas esa manzana que le has hecho modificación genética pero no le has añadido nada nuevo?¿Hay que etiquetarla o no? Usamos la técnica y la modificamos genéticamente pero hemos venido usando técnicas para modificar genéticamente las cosas mucho antes de las nuevas técnicas y no las hemos etiquetado. Si vamos a usar ese estándar para productos mutados, ¿deberíamos usar el mismo estándar para otros? Es un debate. Mi trabajo será ayudar a entender lo que implica la política que sea que se decida y cómo se vincula con las organizaciones internacionales, porque estoy en una oficina de comercio en la parte de política económica. Si tenemos que poner cierto etiquetado de advertencias en los productos, podría bloquear el comercio.

    Ya existen ese tipo de planteos comerciales e inconvenientes en la actualidad.

    —Absolutamente, lo vemos rutinariamente. Los países que están dentro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) dicen que no se pueden introducir regulaciones sin base científica. Distintos países están haciendo investigaciones y a veces alguno aparece con resultados distintos. Los países están constantemente preguntándose entre sí, ¿por qué pusiste esto? ¿hay algún motivo? ¿es razonable?.

    Chile, por ejemplo, (que sirvió como referencia para la reciente propuesta uruguaya) tiene un etiquetado con forma de carteles de “pare” para alimentos con alto contenido de azúcar, sal y grasa. Hay una razón científica para decir que están tratando de promover la comida saludable. Ellos plantean eso mientras que a otros países no les gusta el hecho de que sea un cartel de “pare”. Estamos mirando alternativas como poner un código QR para escanearlo y obtener la información. A veces los paquetes son muy pequeños para contener todos los datos y carteles. Pero al código no todos tienen acceso. Entonces puede ser una pequeña hoja al lado del producto que la persona pueda llevar. Es parte del debate, no tengo la respuesta, solo tengo las preguntas.

    —Mientras continúa el debate sobre el etiquetado surgió en paralelo el mercado de los alimentos orgánicos, que sí elige voluntariamente etiquetar los productos. ¿Cómo ve ese mercado? ¿También afecta el comercio?

    —Sí lo afecta. Nosotros apoyamos tanto a los productores agropecuarios como a los consumidores para que tengan la posibilidad de elegir qué quieren cultivar y comer. Al menos en EE.UU., lo orgánico trata de decir que es más saludable y seguro pero ellos no tienen mucha información que apoye eso. Pueden decir: “Bueno, nosotros hicimos todo esto y esperamos que confíes en nosotros, en el marketing”. Es un tema de marketing, no de seguridad, porque si fuera seguridad tendríamos exigencias para imponerles. Es claramente una marca comercial como: “Esperamos que se quede en nuestro hotel y no en otro” y “que compre esta comida y no la de otro”. De paso, también tenemos el llamado Proyecto No GMO. Ellos encontraron que la gente de los orgánicos estaba cobrando más por estas certificaciones y forma de producir. Y dijeron: “No tenemos que pasar por esa certificación orgánica pero esperamos que igualmente confíes en que nuestro producto tampoco tiene GMO”. Entonces ahora tenemos “agua no GMO”.

    —¿Una exageración?

    —(Ríe). Exageración. Tenemos incluso un agua libre de gluten. ¿Por qué le pondrías gluten al agua? Bárbaro para el pan, ¡pero no voy a tomarlo! Todo esto es parte de ese debate en etiquetado ¿cuándo es una campaña de marketing y cuándo es un tema de seguridad?

    Cuando me reuní en Uruguay con estudiantes les mostré el ejemplo: tenemos sal orgánica. La definición misma de sal indica que no debería haber nada orgánico en ella, nada vivo. Orgánico quiere decir viviente. Resulta que si digo que tengo sal orgánica ¿tiene organismos vivos adentro? Yo no quiero comer eso. Es una de esas situaciones extremas y como para reírse. Ayudo a dictar una clase de biotecnología para diplomáticos. Recorro comercios y les llevo estos productos que son para la risa. ¿Hablamos de etiquetado sobre la base de seguridad o de marketing?

    —Pero estos productos, por más graciosos o extremos que puedan sonar, están jugando un papel en el mercado, sobre todo en EE.UU.…

    —Algunas compañías están tratando de crear nuevas ideas de marcas que sean más sanas, que te hagan sentir mejor, la mayoría de estas cosas no están basadas en ciencia sino basadas en marketing. Además, hay que decir que en diferentes partes del mundo hay distintas percepciones de qué es más o menos seguro.

    —¿Hay mucho de ideología?

    —Exactamente. Algunos dicen: “Bueno, podría causar un problema aún si no se ha probado nunca que ha ocasionado ni un problema”. Pero también conducir un auto podría causar un problema, porque podrías chocar. Y subirte a un avión también.

    —¿Son mensajes engañosos?

    —En biotecnología muchas de estas ideas de miedo son poco razonables. Tienes más chances de que te parta un rayo. Resulta que siguen poniendo en letras grandes y diciendo que pueden causar un problema. Se difunde por Facebook, Twitter, y los mensajes se van pasando.

    —¿Hay una cadena de desinformación instalada?

    —Hubo un encuesta en EE.UU. que reveló que la gente no quería comer nada que tuviera ADN. ¡La comida tiene ADN siempre! A menos que hables de cosas como la sal. Todo lo demás, que viene de seres vivientes como plantas o animales, tiene ADN. Estos temas no se van a ir ya. En la oficina económica los seguimos y los tratamos de combatir.

    —¿Cómo los combaten?

    —Bueno, podemos ir país por país o por grupos de países, como en América Latina, para empujar a que no instalen regulaciones poco razonables técnicamente y que no existan barreras al comercio que no estén basadas en ciencia. Si surgen, los países recurren a la OMC. Hablamos entre nosotros, cooperamos. Podemos ayudar a que los consumidores tomen una decisión más informada.

    —¿Y cómo está funcionando?

    —Es extremadamente desafiante. Como Departamento de Estado no tenemos especialistas en marketing y el marketing tiene mucho peso en los mensajes. Canadá estaba cultivando trigo del mismo tipo que EE.UU. Canadá importaba el de EE.UU. y solo lo permitía para consumo animal mientras que el de ellos lo habilitaban para uso humano. Fuimos a la OMC y nos quejamos.

    —¿Podría darme un ejemplo de la región en el que intervengan?

    —Bueno, estamos trabajando… no tengo un buen ejemplo...

    —Ninguno del que me pueda hablar…

    —Verdad (ríe).

    —El Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad trata sobre los riesgos y la protección del movimiento transfronterizo de los GMO. ¿Qué desafíos hay de cara a la reunión de 2018?

    —Los países están tratando de lidiar con los más nuevos avances tecnológicos y las diferentes técnicas de ingeniería genética y cruzamientos. Mira el ejemplo de la papa. Sigue el debate. ¿Y la manzana? Otro desafío es el rol que juega la percepción pública en la creación de normativa. Solo porque haya gente que tenga miedo no quiere decir que hay evidencia científica para ese miedo. No deberíamos dejar que el miedo de la opinión pública controle el comercio. Vemos eso. Probablemente se instale y se siga discutiendo por un buen tiempo. Son factores socioeconómicos. Socio, porque lidia con la percepción de la gente, económico porque implica proteger a nuestros productores agrícolas con cuidado, y que no esté en violación de la OMC. Cuando se convierte en una barrera no basada en ciencia, suele terminar en un litigio en la OMC.

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