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    No te detengas

    Sudor, la última novela del chileno Alberto Fuguet

    Tiene en sus manos, ¿quizás apoyado sobre su torso? (son 600 páginas difíciles de leer recostado en la cama) un libro sudado. Un libro mojado y que casi despide los olores de los que habla. Porque en esta historia hace mucho calor. Demasiado. Transcurre en Santiago de Chile durante una gran “ola de calor” que vuelve todo pegajoso, incómodo y bastante irritante. Entonces Sudor (Random House, 2016, 604 páginas, $ 690), la última novela del chileno Alberto Fuguet, es también así: por momentos pegajosa, incómoda e irritante. Porque no esconde nada, no hay tapujos ni eufemismos.

    Porque habla de los contactos compulsivos que facilitan las redes sociales para el ambiente gay y específicamente la aplicación Grindr (algo así como un encame a un clic de distancia). El personaje de Fuguet, Alfredo Garzón, trabaja como editor de libros. “Alf” es culto, inteligente y sensible, aunque lo disimula detrás de una pátina de escepticismo e ironía y un ojo agudo para desmenuzar gente describiéndola.

    Alf es un muchacho que ya dejó de serlo para entrar de lleno en los 40, la década de la madurez y de la acentuación del declive físico. Tiene una vida cómoda como asistente de edición literaria y una comprensión humana de lo que significa editar un libro. Alf ya no soporta muchas cosas. A veces lo disimula y a veces no. Entonces hace alguna broma ácida que esconde la tristeza y el desánimo. O compensa ese aburrimiento de vivir siempre igual con el rush de un encuentro casual, clandestino, impulsivo. Se deja llevar por la adrenalina, la curiosidad y la aventura.

    Sudor no ahorra palabras y descripciones de situaciones escatológicas y sexuales explícitas. Advertido el lector. Que si es seguidor del responsable de la antología de cuentos McOndo y autor de las novelas Sobredosis, Mala onda, Tinta roja y Todo no es suficiente —un reportaje sobre el escritor y periodista uruguayo Gustavo Escanlar—, no se sorprenderá. Pero todo eso es apenas una pantalla pintoresca, bien adornada para ocultar temas más profundos e intensos. A no engañarse. Todo esto de los “minos”, los hipsters, las ropas de marca, los tragos en pubs top, el exceso de cosméticos y de olor a cuerpo son la cáscara. Y como pasa con las buenas frutas maduras, no hay que quedarse solo mirando y tocando la cáscara. Adentro está la carne, lo jugoso, lo que tiene espesor vital. Porque Sudor da algunas vueltas para terminar hablando de los vínculos, del amor y del dolor que genera la distancia. La paradoja de la desconexión total en tiempos de conexión total.

    A fin de cuentas, Alf es un tipo que se pregunta por qué no llegó a tener una relación de pareja duradera y es un tipo que está siempre disponible para los amigos. Y es un buen amigo porque conoce los bordes del dolor de primera mano, así como los abismos de la soledad en los que ha caído y de los que se ha levantado. Sabe lo que es la inseguridad de no sentirse querido, deseado, abrazado. Alf tiene entre sus amigos a Vicente, un heterosexual con quien pasa a convivir después de que se separa de su esposa. Con él mantienen conversaciones que terminan arrancando carcajas, y comparte, además, una intensa escena de cercanía y cariño entre varones, de la que también logran salir con humor.

    Alf trabaja para un sello de no ficción de Alfaguara, tiempo antes de que la empresa sea comprada por Random House. Fuguet cuenta de primera mano detalles deliciosos sobre el mundo editorial, los biotipos que forman parte de las empresas que van detrás del éxito de mercado más alto e inmediato, y también describe sus ideas sobre el sentido que para él tiene publicar un libro. Que es, por cierto, algo más relacionado con el amor y la pasión.

    Todo está más o menos tranquilo en el mundo rutinario de Alf hasta que la editorial comienza a preparar la Feria del Libro de Santiago, cuya estrella será el escritor consagrado del boom, Rafael Restrepo —que para Alf es un plomo total—, quien armó un libro-álbum con fotografías que su hijo tomó a varios famosos, acompañadas por sus textos. “Lo que nadie comentó fue que más que un libro, esto parecía un lavado de dinero o quizás el costoso regalo (pagado por otros) de un padre culposo y distante y monstruoso para transformar a su díscolo hijo en algo que el chico nunca quiso ser: un artista, un autor, un fotógrafo, un poeta”, reflexiona Alf.

    Uno de los personajes de la novela, Alejo, opina de manera contundente acerca de la calidad literaria del autor octogenario: “La vida es muy corta, Alf. Quiero leer a John Irving, a Thomas Pynchon… Me gustaría releer todo Hemingway. Hay demasiados escritores que no he leído para leer momias petrificadas que viajan a La Habana en business. Rafael Restrepo Carvajal básicamente lo que hace son novelas históricas de aeropuerto con tufillo literario”.

    Serán cuatro días fuertes durante los que los Restrepo se convertirán en el centro absoluto para la empresa (cenas y más cenas, firmas de autógrafos). Alf tomará contacto con Rafa junior, un chico de veinticuatro años, delgado como un bailarín enfermo, blanco como un cisne y frágil como determina su hemofilia, una enfermedad que afecta su coagulación sanguínea y que lo vuelve sensible a cualquier tipo de accidente o herida. Es bien avanzada la novela cuando Alf conoce a este personaje harto peculiar y debe medirse con alguien que pone a prueba su propio desparpajo y arrojo. El joven Rafa es gay y es poeta y ha vivido a la sombra enorme de su padre. Tiene una forma singular de ver el mundo y se muestra más atrevido y aventurero que el propio Alf.

    Fuguet reconoció que esta dupla padre-hijo se inspiró en la de Carlos Fuentes y Carlos Fuentes Lemus (hijo), a quienes Fuguet conoció en una Feria del Libro en los años 90. En una entrevista publicada por Excelsior.com.mx, el chileno se refirió expresamente a este tema: “Me han llamado oportunista, no por lo de Alfaguara, sino por aprovecharme de la fama de Carlos Fuentes. Es una figura totémica, pero a veces pareciera que es el único escritor mexicano que hay, y uno se pregunta: ¿México no es más diverso que eso? ¿Dónde está el Juan Gabriel de las letras? ¿Dónde está el chico joto de la literatura mexicana? ¿Dónde están las mujeres más allá de Laura Esquivel? ¿Por qué México no exporta más? Carlos Fuentes es famoso, pero no es una figura pop, como sí lo sería, por ejemplo, Gabriel García Márquez, quien todavía funciona en toda América Latina como fascinación”.

    Sudor entretiene, es un retrato pormenorizado y profundo del universo homosexual, tiene momentos altos de humor en algunos diálogos y otros muy emotivos, así como cierto exceso en la transcripción de chats y mails. Parecería que el incontinente y horny Alf de Fuguet estuviera diciendo, a cada página: “No te detengas, sigue así”.

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