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Es una especie de brulote inteligente y breve, con unas cuantas situaciones absurdas y humor negro. La obra en que se apoya Roman Polanski es responsabilidad de la escritora y dramaturga francesa Yasmina Reza (París, 1º de mayo, 1959), pero cuando al cineasta polaco de 78 años le gusta algo, inmediatamente le agrega su estilo claustrofóbico, irónico y zumbón, que era el que imperaba en “Cul-de-sac” (1965) y sobre todo en “¿Que?” (1973), aquella extraña comedia surrealista rodada en la villa de veraneo de Carlo Ponti.
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Un Dios salvaje se abre con una toma en exteriores de un parque de Brooklyn (en realidad es en París, recordemos que Polanski no puede pisar los Estados Unidos), donde dos niños se enfrentan en una pelea. Luego ya estamos en el interior de un departamento, y allí se jugará el resto de la historia, con los padres del niño agresor haciendo una visita a los padres del niño agredido.
El trazado es, al principio, educado. Los padres del niño agresor, los Cowan (Christoph Waltz y Kate Winslet), intentan ser amables y considerados con los padres del niño agredido, los Longstreet (John C. Reilly y Jodie Foster). Al parecer, el niño agredido ha perdido un par de dientes en la reyerta.
De las buenas maneras iniciales (Adelante, pasen, ¿quieren beber algo?) accedemos gradualmente al modo en que deben ser educados los niños, a los reproches contenidos y luego directamente a las acusaciones explícitas (¿¡Quién es Ud., para decirme cómo debo educar a mi hijo!?). Las parejas discuten, se agreden, pero al mismo tiempo mantienen una secreta complicidad que se va cruzando entre los protagonistas y llega al corolario cuando al matrimonio dueño de casa se le ocurre ofrecer un whisky a la visita. Y claro: una vez servido el whisky, está quien no sabe beber y se excede, quien se sincera con el alcohol, quien se toma las cosas a la chacota y quien vomita sobre la alfombra nueva. Pequeños detalles brindan sabor al asunto: la decoración de la casa, la receta de un postre, los libros de arte sobre la mesa, los años de añejamiento del whisky, el cuarto de baño.
Las caracterizaciones más sabrosas corren por cuenta de los hombres. El irónico Waltz, que no para de hablar por su celular, y el camaleónico Reilly (que se especializa en el hombre común con todo su amplio espectro), aportan el polo más soñador y humorístico. Por el lado de las mujeres, siempre más realistas y también las que sufren mayor angustia, Winslet encarna a la señora Cowan con su habitual talento, mientras que Foster debe echar mano a los gritos para potenciar a la políticamente correcta señora Longstreet.
Un Polanski menor, pero igualmente disfrutable.
“Un Dios salvaje” (Carnage). Francia, Alemania, Polonia, España, 2011. Dirección: R. Polanski. Guión: Y. Reza y R. Polanski, sobre pieza de teatro de la primera. Duración: 80 minutos. Estreno: viernes 27.