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“Tuve la suerte de ser parte de una generación que estaba trayendo aplicaciones de la teoría de juegos a la economía. Varios de mis mejores amigos cercanos, Roger Myerson, Bengt Holmstrom y Al Roth, por nombrar tres, ya han ganado premios Nobel por sus brillantes contribuciones. Creo que gran parte de la atención que recibí es por ser parte de ese mismo grupo que usó la teoría de juegos para cambiar la forma en que hacemos la teoría microeconómica”, le respondió pocos días atrás Paul Milgrom a una estudiante inicial de economía de una universidad privada argentina. En el marco de un trabajo académico, la joven lo contactó a través de una red social y el profesor de la Universidad de Stanford le contestó por WhatsApp, según contó su docente en un artículo publicado el martes 13 en Infobae.
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El día anterior, la Real Academia de las Ciencias de Suecia había anunciado a Milgrom y otro estadounidense, Robert Wilson, como ganadores del premio en economía que concede el Banco Central sueco y se asimila con el Nobel. Fue por los aportes de ambos a la teoría de las subastas y, en particular, por la invención de “nuevos formatos” de licitaciones.
El gesto de Milgrom con la estudiante argentina no es el único que se le conoce de apertura académica y cercanía con los estudiantes. Años atrás el economista uruguayo Juan Dubra le envió al profesor estadounidense un artículo en el que estaba trabajando y en el que señalaba un error en la prueba de unicidad de un paper suyo anterior. El ahora premio Nobel le contestó: “Está buenazo, ¿por qué no probás de hacer una demostración con esta otra técnica?”, relató Dubra en El País de este martes.
Las subastas como mecanismo de ventas “están en todas partes”, desde activos financieros hasta el espectro radioeléctrico o la compraventa de artículos por Internet, aseguró la Academia en el comunicado donde anunció a los ganadores.
Los primeros aportes de estos economistas datan de la década de 1960, cuando Wilson comenzó a investigar las subastas “de valor común”, como los bonos del tesoro. Los resultados, que muestran cómo los agentes tienden a ofertar por debajo del valor que estiman, apuntan a explicar el comportamiento de estos posibles compradores para no terminar adquiriendo determinado bien a un costo mucho mayor (“maldición del ganador”).
Además, Wilson encontró que este problema es mayor cuanto más asimétrica es la información de los oferentes y que a mayor incertidumbre, menor será el precio final de la subasta. Años más tarde Milgrom generalizó esta teoría para el caso de los valores privados, demostrando que los remates o licitaciones le generan mayores ingresos al vendedor si los oferentes conocen la valoración de sus competidores a lo largo de la subasta. Trabajando ya en conjunto, los economistas crearon nuevos formatos para otros tipos de licitaciones, que suponen un vendedor más preocupado por el beneficio social que por maximizar su ingreso esperado.