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    Nueva escalada arancelaria entre Estados Unidos y China

    Por más que se hagan anuncios “con bombos y platillos por Twitter”, no hay una “guerra comercial”, opina un experto

    La tregua para la discusión duró unos pocos meses. El viernes 10 Estados Unidos (EE.UU.) formalizó nuevas subas de impuestos aduaneros —aranceles— para ciertos productos procedentes de China cuando entran al mercado estadounidense y Donald Trump volvió a lanzar mensajes desafiantes a las autoridades de ese país. Y esta semana el gobierno de Xi Jinping replicó con medidas y expresiones similares: no quiere “de ningún modo una guerra comercial”, pero no tiene “miedo” y luchará “hasta el final”.

    Esta nueva escalada en el conflicto entre las dos mayores economías del mundo —que tiene por detrás una relación comercial crecientemente deficitaria para EE.UU.— provocó inquietud en los mercados financieros globales y algo de eso replicó en la plaza uruguaya (ver página 29). En torno a cómo evolucionará la cotización del dólar “se agrega otro elemento que es difícil, y es a dónde va a parar la guerra comercial. (…) Quizás una o dos personas en el mundo lo saben; eso abre una gran incertidumbre”, dijo el presidente del Banco Central del Uruguay, Alberto Graña, el jueves 9 en Radio Carve.

    En concreto, EE.UU. impuso una suba de 10% a 25% en los aranceles para mercaderías chinas cuyas importaciones suman unos US$ 200.000 millones anuales, que regirán una vez que se cumplan ciertos trámites de aprobación. “¡Tenías un gran acuerdo, casi completado, y te retiraste!” del diálogo, le reprochó el lunes 13 en Twitter el mandatario estadounidense a su par chino. “Le digo abiertamente al presidente Xi y a todos mis muchos amigos en China, que China será afectada gravemente si ustedes no hacen un acuerdo” porque las empresas se verán “obligadas” a salirse de ese país porque “será muy caro comprar en China”, advirtió.

    La respuesta del gobierno chino fue un incremento también a 25% que afectará desde el próximo 1º de junio a 5.140 productos estadounidenses, cuyas importaciones son por un valor de US$ 60.000 millones anuales. “Cómo se puede acusar a alguien de haber roto una promesa si todavía no había un acuerdo firmado”, fustigó Geng Shuang, vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de China. “Nuestra actitud es constructiva, pero alguien ha su­bestimado nuestra capacidad de defendernos e intenta confundir a la opinión pública”, agregó.

    Medidas en dólares de 2018, las importaciones de bienes chinos por parte de EE.UU. pasaron de US$ 8.000 millones en 1986 (1,4% del total) a US$ 540.000 millones en 2018 (21,2%). En ese último año los aranceles especiales alcanzaban a casi todos los productos, con un máximo de 50,6%.

    “Ideas viejas”

    Álvaro Fernández Acebes, director de la oficina de Clasificación de Aranceles de Aduana de España, dice que no sigue la cuenta de Trump en Twitter porque no tendría tiempo para trabajar, poniéndose lejos de aquellos —algunos gobernantes, especialistas en comercio internacional y medios de comunicación— que hablan de una “guerra comercial” entre las dos mayores economías del mundo. Él no ve en todo esto un conflicto novedoso: “Incrementar los aranceles, lo que se denomina en el argot las guerras comerciales, a corto plazo supone subir los derechos de aduana. Muchas veces te das cuenta de que viene gente nueva con ideas viejas; políticas proteccionistas ya se conocen, ya han existido”.

    En las décadas recientes el mundo pasó “de los aranceles altos a los aranceles bajos. Busque una tabla que muestre el nivel de desarrollo económico de los países: Estados Unidos, Reino Unido, Noruega, Finlandia, y al lado, el porcentaje de ingreso por aranceles. Los países con más desarrollo económico en el mundo tienen los menores ingresos por aranceles. Los que tienen 50% en ingresos de aduanas son los subdesarrollados. Más allá de los tuits, esta es la realidad. Esto ya ha pasado y hay cosas que ya sabemos a qué conducen: a lo mejor a corto plazo se generan más ingresos por derechos de aduana (al aumentar los aranceles como medida de protección), pero luego hay una contracción del comercio. Menos puestos de trabajo, menos Producto Bruto. Eso es lo que se conoce”, dijo el funcionario español en diálogo con Búsqueda en el marco de una visita al país (ver recuadro).

    “Eso ha existido toda la vida. Otra cosa es que lo anunciemos con bombos y platillos por Twi­tter. La Unión Europea tiene muchísimas líneas arancelarias que buscan proteger determinadas áreas frente al comercio de China, por ejemplo, para el cobre o el aluminio. Ahí tenemos derechos de aduana del 20, 25%. Tenemos un comité que se dedica esto, a estudiar líneas antidumping, cuotas, contingentes. No es una guerra comercial, simplemente es proteger determinados sectores. Eso existe en los tratados de libre comercio (TLC), en donde no todo está abierto. Otra cosa es que lo queramos vender como una guerra comercial”.

    “Aquí está el paradigma de Chile en la región. Desde los años setenta es un país abierto al mundo y es, en proporción, de los que más tratados de libre comercio tienen en el mundo. Eso lo ha enriquecido desde el punto de vista económico”. Fernández Acebes reconoce que ese tipo de acuerdos “hay que firmarlos con mucho cuidado”, pero sin tener prevenciones exageradas. “Un TLC no significa quitar las fronteras sino a qué productos se pueden facilitar las exportaciones e importaciones, manteniendo protegidas ciertas actividades productivas. A mí no me darían miedo; me dan más miedo las políticas proteccionistas”, sostuvo.

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