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    ONU advierte que las señales del gobierno con las designaciones de cargos “no son alentadoras” para derechos de las mujeres

    “Estaremos bien atentos” para que las posturas conservadoras “no tomen cuerpo” en la legislación local y no haya “retrocesos” en equidad de género, dice la coordinadora residente de Naciones Unidas, Mireia Villar.

    “Si con pocos $$ logramos tener jueces, defensores y fiscales más conscientes de sus estereotipos de género, ¡qué no podremos hacer con apoyo presupuestal de verdad!”, tuiteó la coordinadora residente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Uruguay, Mireia Villar, tras la presentación el lunes 9 de dos guías sobre perspectiva de género destinadas a los operadores del sistema de Justicia, que se elaboraron en conjunto con el Centro de Estudios Judiciales (CEJU) del Poder Judicial y la Fiscalía.

    Es que se trató de un trabajo “a pulmón”, dijo durante el evento. Sin embargo, la falta de recursos no puede ser excusa para no hacer nada, sino, por el contrario, debe ser una motivación para redoblar esfuerzos, afirma Villar en una entrevista con  Búsqueda. En la Justicia uruguaya, “tanto en cuestiones de infraestructura como en cambios de cabeza aún hay mucho para hacer”, sostiene. “Hay muchos sesgos instalados”.

    Las guías procuran ser herramientas para que jueces y fiscales “revisen” sus decisiones en función de los estándares internacionales. Aunque sabe que aún hay resistencia a incorporar la perspectiva de género en las sentencias, Villar cree que en los documentos queda claro que “no es solo un problema de percepción, de si me gusta el tema o no, es un problema legal”, de no aplicación de las convenciones internacionales.

    Sobre la llegada de una nueva coalición de gobierno con miembros que cuestionan la agenda feminista, la principal jerarca de las ONU en el país advierte que las primeras señales “no son alentadoras”. Es que en las designaciones de los cargos en el Poder Ejecutivo y en las empresas públicas el número de mujeres es ínfimo. “Creo que la misma vicepresidenta es bien consciente de que va a estar bastante sola en este recorrido”, dice. 

    “Vamos a estar muy atentos” para que las posturas conservadoras que hablan de “ideología de género”, y que han permeado en los parlamentos de América Latina, “no tomen cuerpo” en el marco legal uruguayo, afirma Villar. “Para eso tenemos legislación internacional que vamos a invocar para asegurarnos de que no haya retrocesos”, añade. “Así que dejémosles trabajar pero estemos bien atentos”.

    —En su discurso durante la presentación de las guías sobre estereotipos de género para los operadores judiciales planteó que contaron con muy pocos recursos para elaborarlas. ¿A quién estaba dirigido ese reclamo?

    —A los que administran el presupuesto nacional, naturalmente. Pero el comentario tenía que ver sobre todo con la reacción que suscitó la puesta en marcha de la ley integral para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia. Entró en vigor y enseguida hubo posicionamientos muy fuertes que decían que no se puede aplicar porque no tenemos los recursos. Y sin desmerecer esa realidad, porque es así, lo que no quisiéramos es la postura de “como no hay recursos no lo hacemos y ponemos eso en el cajón”. Al revés, como no hay recursos, ¿cómo hacemos para generarlos, para visibilizar la importancia de estos temas y para informar mejor a los tomadores de decisión para que lo prioricen? La conversación creo que va por otro lado. No quiero minimizar la importancia de los recursos, el punto es que nosotros con muy poquito, con una alianza muy fuerte de todos los actores pusimos en marcha un proceso importante más por voluntades. Si además de tener voluntad tuviéramos recursos, ahí nos disparamos y volamos, y podemos realmente provocar cambios reales en la vida de las víctimas de violencia de género.

    —¿Cómo sigue el trabajo ahora?

    —Quiero ubicar estas guías en una apertura, que ha sido superbienvenida, de los operadores de Justicia, de la Corte y de la Fiscalía, para dar cuenta de falencias que existen en temáticas específicas que hacen a la protección y promoción de los derechos humanos en Uruguay. Nosotros empezamos a hablar con la Suprema Corte de Justicia en 2017 a raíz de la visita del alto comisionado de derechos humanos, y allí se abrió la posibilidad de trabajar en formación, porque hay un reconocimiento de que había lagunas en temas de jurisprudencia internacional y estándares. En 2018 empezamos con talleres sobre estereotipos de género y eso visibilizó la posibilidad de concretarlo en guías que pudieran permear a todos los operadores de Justicia. Eso llevó a un acuerdo y a un plan de trabajo con el CEJU para trabajar un conjunto de temas.

    Ahora vamos a estar haciendo una formación de formadores con 15 fiscales, 15 jueces y 15 defensores públicos, donde trabajaremos sobre qué son los estereotipos de género, cómo uno los identifica, un acercamiento a la jurisprudencia general y luego aplicación de las guías. Lo que queremos es que revisen sus propias decisiones en función de todos estos criterios que les damos en las guías. La idea es que estos formadores puedan hacer que esto permee a través de formaciones en la interna de los distintos ámbitos.

    —Dice que tanto en Fiscalía como en el Poder Judicial encontraron buena recepción para trabajar estos temas. Sin embargo, a principios de 2018 la Suprema Corte de Justicia decidió suprimir su unidad de Género, una decisión que fue recibida con sorpresa y enojo en diferentes organizaciones sociales. ¿Cómo vio esa decisión?

    —La ventana que se abrió fue el trabajo con el CEJU. Es justo decir que en la doctora Rosina Rossi (la directora del centro de estudios) encontramos una aliada muy interesada en trabajar en estos temas y de ahí el armado de este convenio de colaboración en temas de formación. Pero cuando lanzamos las guías estuvo la presidenta de la Suprema Corte, así que tomamos eso como una muy buena señal de que un documento que en principio se hace específicamente con el CEJU, acabe permeando al Poder Judicial más ampliamente.

    —En general las juezas y jueces que están interesados en el tema y se capacitan ya tiene una predisposición a entender que hay inequidades de género que tienen que estar presentes en los fallos. ¿Cómo se hace para llegar a quienes no les interesa el tema o incluso se oponen a incorporar esa perspectiva?

    —Hemos encontrado campeones dentro de todas las instituciones. Creo que el punto de entrada son estas personas. A veces son mujeres, a veces varones más jóvenes. Cómo desplegamos estos cursos de formadores (trainers of trainers) va a ser muy importante. Porque hay que llegar a los que van seguir empujando la agenda, pero también a los que ni siquiera identifican esto como una problemática. Creo que una herramienta muy útil, más allá de las posturas individuales, es la base de datos y la jurisprudencia que incluye la guía. Porque si nosotros podemos evidenciar que no hay una interpretación correcta de la jurisprudencia internacional, que no se invoca correctamente a las convenciones... Ahí no es solo un problema de percepción, de si me gusta el tema o no, es un problema legal de interpretación.

    —¿Qué visión tiene de la respuesta del sistema de Justicia uruguayo a los problemas de género?

    —Cuando hablamos con las personas que están, por ejemplo, en la unidad de víctimas y testigos de la Fiscalía, dan cuenta de una situación muy precaria en cuanto a recursos y casi humanidad, diría. A veces para evitar que una víctima se cruce con la persona que la ha violentado, porque no tienen siquiera las condiciones físicas para evitar ese contacto, tienen que ponerla en un baño o en la cocina. Tanto en cuestiones de infraestructura como en cambios de cabeza dentro de las instituciones aún hay mucho para hacer. Tenemos un relato de una voluntad de cambio, de un compromiso altísimo de parte de algunas de las colegas que están en el Poder Judicial o en la Fiscalía, pero en una realidad todavía muy en contra. Es un trabajo a pulmón, 24/7. Y en esas condiciones es complicado tener cambios de fondo. Por eso el tema de los recursos sí es importantísimo. Pero aún hay muchas cabezas por cambiar, hay muchos sesgos instalados. Creo que hay ciertos sectores, como el sistema de Justicia o el mundo diplomático, que son muy masculinos. Y el trabajo ahí va a ser mucho más intenso que en otros sectores donde hay más presencia femenina.

    —Algunos integrantes de la nueva coalición de gobierno hablan de la existencia de la ideología de género, y cuestionan la agenda de los movimientos feministas. ¿Piensa que puede haber un retroceso en el avance de los derechos de las mujeres en Uruguay? 

    —Bueno, vamos a ver. No quisiera caer en la urgencia de calificar cuando recién han asumido. Las señales a nivel de designaciones no son alentadoras. Más allá de que obviamente tengamos por primera vez una vicepresidenta electa mujer. Salieron las designaciones en los directorios de entes autónomos y empresas públicas y son igualmente muy insuficientes para lo que sería una agenda de equidad. O sea que esa realidad está y es lo que es. Creo que la misma vicepresidenta es bien consciente de que va a estar bastante sola en este recorrido. En lo vinculado a lo que ha sido un trabajo muy intenso en lo legislativo y en políticas de equidad de género, vamos a ver por dónde van. Somos conscientes, y no es un fenómeno solo en Uruguay, de que en América Latina hay movimientos que cuestionan, que hablan de ideología de género, que han permeado, que están en los parlamentos, legislando, y naturalmente vamos a estar muy atentos a que esas posturas no tomen cuerpo en el marco legal del país. Para eso tenemos legislación internacional que vamos a invocar para asegurarnos de que no haya retrocesos. Pero creo que es imprudente a partir de una semana de gobierno calificar los impactos. Que hay mucho que proteger, sí, pero también hay mucho para profundizar.

    —¿La designación de un gabinete y de directores de empresas con mayoría de hombres puede indicar un primer paso en un retroceso para la equidad de género en el país?

    —De hecho, estamos yendo para atrás en ese sentido. Pero de momento lo único que han hecho es designar, entonces uno solo puede valorar la falta de equidad de género en esas designaciones, tanto a nivel del Ejecutivo como de las empresas y los entes autónomos. Y la realidad del Parlamento es igualmente mala. Creo que es importante valorar en función de lo que uno ve, de los actos concretos. Esto es lo que hay arriba de la mesa. Creo que es cuestionable y tiene infinito margen de mejora. Estaremos muy pendientes, nos interesa mucho este tema, no es una agenda que asumamos ahora. Así que dejémosles trabajar pero estemos bien atentos y apoyémosles también para que sean bien conscientes de que las decisiones que toman —también sobre la negociación laboral, los sectores económicos que uno empuja, algunos temas planteados en la ley de urgente consideración— podrían tener impactos de género. Y estaremos a disposición para recordarles cuando eso vaya a ser así.

    —Uruguay tiene buenos indicadores de alfabetización, acceso a la información, baja pobreza y reconocimiento de derechos de minorías. Sin embargo, es de los países de América Latina con índices más altos de feminicidios. ¿Por qué un país de “avanzada” mantiene una cultura machista tan arraigada?

    —En el caso de Uruguay lo que nos llama la atención —si uno piensa en Centroamérica mucha de la violencia contra las mujeres tiene vínculos con el crimen, con la situación de inseguridad general— es que el 95% de la violencia contra las mujeres es de parte de sus parejas. Entonces sí llama a una reflexión de lo que pasa en los hogares, de lo que hemos naturalizado los hombres y las mujeres, de lo que damos por aceptable. El trabajo es mucho más de fondo y tiene que ver con una transformación social e identitaria que no es solo un tema de política pública. Las desigualdades se gestan en casa, en los hogares, y se gestan en la economía, en el mercado, en el ámbito público del trabajo. Y si bien el país ha hecho mejoras importantísimas, tanto legislativas como de política pública, hay todo una parte de la agenda que hace al comportamiento y al imaginario de los individuos, y a los roles y estereotipos y el modo en el que educamos a nuestros chicos que está sin resolver.

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