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En el sistema de saneamiento, como sucede en otros aspectos, Montevideo y el interior son mundos aparte. En la capital es competencia de la intendencia y la red de alcantarillado alcanza a más del 90% de la población. En el interior, OSE es la encargada del servicio de saneamiento y la cobertura es del 47%, mientras el restante 53% cuenta con soluciones de fosa séptica o pozo.
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El actual subdirector de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, José Luis Falero, y el presidente de OSE, Raúl Montero, conocen de primera mano la situación que se vive fuera de Montevideo. El primero fue intendente de San José durante los dos períodos pasados; el segundo, además de ser funcionario de carrera de OSE, fue director de obras de la Intendencia de Durazno en la última década.
Con esos antecedentes los dos comparten algunas certezas. Aunque tienen claro que el tendido de redes de saneamiento es la solución ideal, también saben que por ese camino pasarán décadas y habrán avanzado muy poco porque es un sistema muy costoso para llegar a pequeñas poblaciones.
Montero aporta algunos números para subrayar ese punto. En OSE estiman que universalizar el servicio de redes de alcantarillado costaría unos US$ 2.000 millones. En contraste, la empresa apenas tiene margen para destinar anualmente unos US$ 15 millones para obras de ese rubro. Es decir que, a ese ritmo, les llevaría 130 años lograr la universalización.
También, por la experiencia que vivieron en las intendencias, tienen la certeza de que el sistema de barométricas tiene muchas debilidades. Que el trabajo de las empresas es imposible de controlar y que buena parte de los vertidos se hacen de forma irregular. OSE tiene distribuidas en el interior más de 40 plantas de tratamiento o pretratamiento, y unos cuatro puntos de vertido directo de efluentes. El asunto es que la mayoría de esos puntos están en el entorno de las grandes localidades, y muchas veces lejos de otras pequeñas localidades. Falero y Montero saben que para las barómetricas hacer más de 30 kilómetros deja de ser rentable y que, por lo tanto, lo que recogen en los puntos lejanos de las plantas termina generalmente en vertidos irregulares. A su vez, eso implica un problema de contaminación y gestión ambiental.
Falero está decidido a impulsar una solución para esas pequeñas localidades. El proyecto tiene su origen en una consultoría que encargó la OPP durante el período de gobierno pasado. De ese trabajo surgió una guía técnica que desarrolló soluciones para el tratamiento y la disposición final de líquidos residuales transportados por barométrica, enfocado en pequeñas localidades.
La consultoría estudió diferentes alternativas y finalmente se inclinó por una posibilidad que consideró “natural, robusta, flexible y con el menor costo posible”. Las soluciones varían según el destino del agua tratada (para vertido a curso de agua, para vertido como riego, para vertido como infiltración) y según el tamaño de las localidades (de 100 a 500 habitantes, de 500 a 1.000 habitantes, de 1.000 a 1.800 habitantes y de 1.800 a 3.500). Los precios oscilan entre los $ 17 millones y los $ 54 millones.
El subdirector de la OPP quiere empezar a concretar esas soluciones y tiene una propuesta para ayudar a financiar las obras. Falero plantea que los usuarios de esas localidades, aunque no tengan redes de saneamiento, comiencen a pagar una parte de la tarifa al saneamiento (no más del 50%) a OSE y que esos fondos se destinen a solventar las obras que van a permitir regularizar los vertidos. El cliente estaría pagando por la certeza de que esas aguas servidas no se van a la calle y reciben un tratamiento adecuado.
El jerarca asegura que habló con el Ministerio de Vivienda y con el presidente de OSE de esta propuesta y en ambos casos obtuvo el visto bueno. También que la conversó con el presidente Luis Lacalle Pou y que “le gustó mucho”. El próximo paso será la presentación este mes ante el Congreso de Intendentes.
Falero dice a Búsqueda que informalmente ya se comunicó con varios intendentes, que también se mostraron entusiasmados. Por su experiencia en San José, Falero considera que, aunque tengan que poner dinero para financiar las obras, sería una solución favorable para los gobiernos departamentales.
“Es mucho más fácil esto que tener los vertidos en cualquier lado”, explica. Además destaca que no son obras grandes, que podrían hacerlas OSE y las intendencias sin necesidad de licitar, y que se podrían poner en marcha rápidamente a través de la firma de convenios entre los actores.
“Yo creo que le podemos dar un golpe grande en estos cinco años”, se entusiasma.
Algo más cauto, Montero ve como principal aspecto positivo la formalización de una actividad que hoy es “bastante informal”. Igualmente no pierde de vista que se trata de una solución que no es definitiva sino para el “mientras tanto” y, si bien reconoce que es necesario para avanzar, señala también que “el mientras tanto no puede ser la meta final”. Por eso, mira de reojo las posibilidades que puede abrir este paso intermedio hacia soluciones definitivas.
Por un lado, pretende que las obras que se vayan haciendo sean compatibles con las posibles redes de saneamiento futuras. Por otro, analiza la posibilidad de que esos potenciales nuevos clientes le permitan acceder a la empresa a mecanismos para financiar obras de tendido de red de saneamiento. “Yo lo veo como una ventana para poder financiar las obras más convencionales a las que OSE aspira”, dice.