N° 1863 - 21 al 27 de Abril de 2016
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáFrente a los sucesos en Brasil sería muy imprudente, por el momento, sacar conclusiones definitivas. Ciertamente la suerte de la presidenta Dilma Rousseff parece estar bastante comprometida, pero resta camino por recorrer aún y con muchos vericuetos. De lo que sí ya no se necesita comprobación es de que Lula no sería “tan baqueano” ni tan persuasivo y de que su peso político ha menguado: por lo que dicen los números, no le fue bien en sus esfuerzos por conseguir votos en el Congreso. En esto hay que darle la derecha a Néstor Kirchner quien decía que el poder y la fuerza persuasiva está en “la caja”. Decididamente al Partido de los Trabajadores (PT) le fue mejor en el primer gobierno de Lula cuando compraba los votos de congresistas, lo que se llamó el mensalão.
De todas formas, el impeachment da lugar a más de una ocurrencia —ideas inesperadas y repentinas— y a algunas preguntas. Y ello sin tomar en cuenta el espectáculo de la votación, una especie de desenfrenado carnaval en que las “scolas do samba” fueron sustituidas por “torcidas” —barras bravas— futboleras. Creo que incluso superaron a aquel inmenso aplauso y estruendosa ovación en el Congreso argentino festejando el default, a principios de este siglo.
Veamos alguna de esas ocurrencias:
- Dilma fue el chivo expiatorio. La condena fue para Lula y el PT. Contra su soberbia, su arrogancia y prepotencia.
- Hay algo de injusto para con una presidenta que durante su gestión no impidió investigar casos de corrupción ni adoptó medidas para limitar a la prensa, desoyendo, por cierto, recomendaciones de su mentor: Luiz Inácio Lula Da Silva.
- Más allá de si cometió o no los delitos que se le señalan, no es válido su argumento de que otros presidentes lo hicieron y no los juzgaron. En todo caso el error fue no haber juzgado y sancionado a aquellos en su momento.
- Tampoco es válido que entre los que la condenan —casos del vicepresidente y los presidentes de las Cámaras de Diputados y Senadores— haya quienes están cuestionados, sospechados y hasta acusados de corrupción. Deberán ser juzgados. Una cosa no quita la otra.
- No se entiende por qué la presidenta resulta intocable por haber sido elegida legítimamente. Si cometió un delito que se la juzgue y condene, llegado el caso. También su vicepresidente fue elegido legítimamente al igual que todos los diputados y senadores. ¿Por qué unos van a ser más legítimos que otros?
- Dilma y Michel Temer, quien la podría sustituir, integraban la misma fórmula. Se podría decir que Temer se benefició de acompañar a Dilma. Es posible, pero también podría decirse que fue Dilma la beneficiada por cuanto el partido del vicepresidente —el PMDB— fue el más votado.
- No es lo mismo cobrar “comisiones” —al contado y en efectivo— y llevarlas a Suiza o donde sea, que “maquillar” algunos resultados económicos. Bien puede ser visto así: una cosa es ponerse plata en el bolsillo y otra ajustar algún balance para mejorar la imagen y la gestión de un gobierno.
- ¿Pero qué pasa si ese “maquillaje”, al que se le suman algunos abusos o privilegios extras, sirve para ganar las elecciones? En ese caso se trataría de un fraude electoral, de una violación de todas las normas; de la más ilegítima y antidemocrática de las conductas. Significaría, a la vez, ya no ponerse plata en el bolsillo ocasionalmente, sino asegurarse una buena partida todos los meses y por muchos años (hay unos cuantos que hace tiempo están en eso) como pago por ocupar cargos a los que accedieron con trampa: ilegal e ilegítimamente. Eso es corrupción, es ponerse en los bolsillos indebidamente plata de los ciudadanos, del pueblo, y acceder a una serie de cosas, que también cuestan mucho dinero, además de otras “posibilidades”.
- Se habla de novedosos golpes de Estado: “institucional”, “legislativo”, etc., etc. Otra de las novedades respecto a lo que ocurría antes es que las Fuerzas Armadas no aparecen. Y entonces surge la pregunta: ¿qué apoyan las Fuerzas Armadas? Y estamos hablando de los militares brasileños cuyo posicionamiento, por llamarlo así, no es el mismo que el que tienen sus colegas de los de otros países de la región. ¿Son golpistas o no son golpistas?
- Es curioso que un juicio político previsto en la Constitución, como ocurrió en Paraguay y puede ocurrir en Brasil, sea considerado “golpe de Estado” con complicidad de legisladores y jueces, y que, por tomar otro caso, la decisión del gobierno de Maduro y de sus jueces de invalidar una ley legítima para liberar presos políticos, se tome como una cosa normal. Es raro, ¿no?
Y una última ocurrencia: resulta algo extraño que se haya optado por el camino del impeachment, con delitos que para muchos no son tan claros y con el riesgo de que los sustitutos sean peores, cuando sí se ha comprobado que hubo otros manejos y uso indebido de dineros que, para decir lo menos, “enviciaron” la elección. Son elementos de mucho mayor peso en función de los cuales el Supremo Tribunal Electoral podría anular por fraude la elección anterior —la de Dilma y Temer— y convocar a nuevas elecciones.
Es lo que reclama Marina Silva, la líder del Partido Red Sustentabilidad. Y con bastante razón.
© Danilo Arbilla. Derechos reservados. (Especial para Búsqueda)