Viendo la fiesta en la casa del vecino, muchos imaginan cómo sería organizar en Uruguay un Mundial de fútbol; hay una idea de hacerlo junto con Argentina y volver a ser anfitriones, 100 años después.
Viendo la fiesta en la casa del vecino, muchos imaginan cómo sería organizar en Uruguay un Mundial de fútbol; hay una idea de hacerlo junto con Argentina y volver a ser anfitriones, 100 años después.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLo cierto es que ser sede de una Copa del Mundo supone destinar dineros públicos, lo que tiene implicancias económicas, sociales y políticas como las que se ven por estos días en Brasil. Según algunos análisis, en los países con un Producto Bruto Interno (PBI) por habitante más alto, la demanda por mejores servicios públicos es menor y albergar un Mundial eleva la felicidad o bienestar de la gente, que se alinea detrás del mismo objetivo. En países de menores ingresos se da lo contrario; al igual que en Sudáfrica, muchos brasileños hubiesen preferido inversiones sociales antes que estadios, aeropuertos y hoteles.
El proyecto para que Argentina y Uruguay sean sede dentro de 16 años está en “stand by” y la experiencia de Brasil será definitoria de su suerte, dijeron a Búsqueda fuentes de la Comisión Pro Mundial 2030.
La FIFA tiene resuelto que el próximo será en Rusia, en 2018, y luego en Qatar, en 2022. Los siguientes dos mundiales tienen varios candidatos: Canadá, México, Colombia y seguramente Estados Unidos para 2026; Chile y Argentina-Uruguay, van por la organización en 2030.
Este Mundial 2014 es el primero en Sudamérica luego del realizado en Argentina en 1978. Brasil es el país con mayor desigualdad social del continente y con cifras de pobreza relativamente altas. Las inversiones efectuadas en la infraestructura en torno a la Copa fueron el triple de lo proyectado originalmente. Eso generó fuertes cuestionamientos desde sectores de la población ya desde la Copa Confederaciones de 2013, cuando comenzaron las manifestaciones en algunas de las principales ciudades brasileñas.
Ser organizador, ¿le sirve a Brasil económicamente? ¿Le serviría a Uruguay?
En el caso de los países rioplatenses, es difícil cuantificar los impactos económicos tanto tiempo antes de la eventual cita futbolística. La Comisión Pro Mundial 2030 prevé que un 80% de la organización recaiga en Argentina y el 20% restante en Uruguay.
Pero más allá de algunas reuniones en las que participaron jerarcas y de las entidades rectoras del fútbol de cada país, las tensas relaciones bilaterales —sumado a que la AUF y la AFA tampoco se llevan de la mejor forma— tienen congelado el trabajo sobre la candidatura. “Es el peor momento para tratar estos temas”, dijeron a Búsqueda desde la Comisión Pro Mundial 2030. De todas maneras, se espera que faltando 16 años la situación se encamine y juegue a favor el hecho de tratarse del centenario del primer Mundial; además “hay un compromiso de los dos países”, señalaron esas fuentes.
Otro aspecto en contra es que la FIFA prefiere que no haya más sedes conjuntas en los mundiales (la única experiencia fue Japón-Corea 2002). Según los informantes, si no hay Mundial en el Río de la Plata, se llevarán a cabo festejos por los 100 años del torneo que organizó Uruguay.“Podría ser algo como el Mundialito de 1980”, afirmaron.
Hay controversias sobre cómo medir los impactos en la economía de organizar un Mundial: el turismo y el consumo aumentan, y los puestos de trabajo durante las obras de infraestructura se multiplican, pero generalmente se sobredimensionan esos efectos positivos antes de que los torneos se realicen, según estudios académicos.
En Brasil, el gasto público en obras fue tres veces lo planeado inicialmente —las estimaciones van desde U$S 9.500 millones a unos U$S 14.000 millones— y los turistas fueron la mitad de los esperados (llegaron unos 300.000 y no 600.000), dijo José Wagner Ferreira, de la Academia Brasileña de Eventos y Turismo, a “El País” de Madrid.
A su vez, el remarque asociado al mundial generará mayores presiones sobre la inflación, informó la agencia EFE.
La consultora Deloitte estima que esta Copa del Mundo tendrá un impacto de U$S 63.000 millones sobre la economía brasileña y sumará un 2,2% al PBI del país en 2010-2014. Son U$S 50.000 millones por el aumento de la producción de bienes y servicios, U$S 2.900 millones de publicidad y otros U$S 2.000 millones derivados del turismo.
La calificadora de riesgo Moody’s, señaló en un informe previo a esta Copa que el impacto económico sería “poco duradero” y abordó otro tema. “Aunque el Mundial ofrece un potencial beneficio para su reputación, la imagen de Brasil puede quedar marcada por la vuelta de las protestas sociales vistas en junio pasado, durante la Copa Confederaciones, o si las infraestructuras necesarias no estuvieran a tiempo, con implicaciones negativas para algunos sectores”.
Algunos países lograron ganancias por organizar Mundiales, como Estados Unidos (1994) y Alemania (2006), que debieron invertir relativamente poco en estadios e infraestructura. El caso de Sudáfrica (2010) es menos claro; destinó un importante gasto a la construcción de estadios que hoy se conocen como “elefantes blancos”, sin uso ni forma de sacarles rédito económico.
Una posible respuesta a la conveniencia o no de ser sede de un Mundial puede encontrarse en un estudio realizado por Víctor Matheson y Robert Baade. Allí sostienen que la organización de mega eventos deportivos tiene distintos resultados según si el país es industrializado o en desarrollo.
Explican que en los países con PBI por habitante más alto, la demanda por mejores servicios públicos es menor y un evento de ese tipo aumenta la felicidad o bienestar de la población. En países de menores ingresos se da lo contrario. El caso de Uruguay y Argentina está en una zona gris: tienen un ingreso por habitante medio-alto, pero enfrentan grandes carencias en materia de equidad e infraestructura.