El precandidato criticó la reforma electoral de 1996, “una mala reforma que acentuó el poder cupular de los partidos políticos”, y lamentó que las elecciones internas no sean obligatorias. Dijo que la “peor enfermedad” de Uruguay es el “centralismo”: “Siempre he querido ver al Uruguay desde mi querido Paysandú”.
El líder de Futuro Nacional adelantó que al día siguiente se iría para el campo. Al parecer ya tenía resuelto —victorioso o derrotado— retirarse a descansar en su estancia el día después de las elecciones. Votó a eso de las once y media entre saludos, flashes y gritos de “¡vamos Guapo, vas a ganar!”. Al retirarse dijo a Búsqueda que se sentía “absolutamente tranquilo”.
Un par de horas más tarde, cuando terminaba de almorzar con sus hijos, Larrañaga se mostró más cauto: “¿Confía en que será el próximo candidato a la Presidencia por el Partido Nacional?”. “Espero que sí”, respondió ante la pregunta de Búsqueda. “Veremos cuál es el resultado. Un político es hijo de las urnas”, añadió. Dijo que estaba al tanto de que la votación no era alta e insistió en que era un “contrasentido” que no fuera obligatoria la votación para elegir candidato para una elección que sí es obligatoria.
Pasadas las tres de la tarde, siempre acompañado por sus hijos, partió en avión hacia Montevideo.
Otra trinchera.
La llegada de Larrañaga estaba prevista para las siete de la tarde, pero a esa hora la sala del Hotel Esplendor estaba vacía de militantes y dirigentes. Solo medios de comunicación y prensa partidaria ocupaban parte del amplio búnker. En la recepción del hotel esperaban algunos de sus asesores, que a esa hora sabían con claridad de la magra votación en Montevideo. La información que recibían hablaba de una elección pareja con un gran margen de error, por lo que se decidió posponer la llegada del candidato, que aguardaba en su casa.
Finalmente arribó ocho menos diez entre los aplausos de veinte jóvenes militantes que aguardaban en la entrada con una enorme bandera del Partido Nacional. Sus gritos de “¡presidente, presidente!” contrastaban con la sonrisa forzada y el semblante preocupado de Larrañaga, que entró rápido al salón, abrazó apresuradamente a algunos partidarios y desapareció detrás de las cortinas hacia una habitación reservada. Uno de sus asesores reclamaba exaltado al personal de seguridad por permitir que los periodistas hubieran frenado por unos segundos el paso del precandidato.
El ex ministro Juan Andrés Ramírez y la diputada Verónica Alonso, los primeros dirigentes en llegar al hotel, fueron también los primeros en ser invitados a acompañarlo. Se sumaron con el correr de los minutos los diputados Pablo Iturralde, Pablo Abdala y Jorge Gandini, los senadores Carlos Moreira y Francisco Gallinal y la asesora Ana Ribeiro, entre otros.
“Me vuelven a decir que perdimos. Creo que no levantamos esto con nada”, lanzó un veterano partidario a dos compañeros luego de hablar por celular. La suposición generalizada empezó a confirmarse desde la pantalla gigante, cuando la voz del politólogo Óscar Bottinelli anunció que Luis Lacalle Pou llevaba la ventaja, abrumando una atmósfera ya angustiosamente callada. A las 20:45 Bottinelli confirmó su dato con porcentajes concretos que aseguraban la derrota a Larrañaga. Cambiaron de canal como un último recurso, pero Luis Eduardo González también fue lapidario. El silencio fue total.
Tras una larga espera, el líder nacionalista finalmente apareció en el escenario. Con la cara roja y los labios apretados, la emoción casi lo quiebra cuando escuchó la ovación que le entregaron los jóvenes militantes, quienes más lloraban y abarrotaban el salón con sus buzos blancos. Durante su discurso Larrañaga los miró frecuentemente y se refirió a ellos: “Las personas podemos estar equivocadas, pero los jóvenes deben saber que una persona equivocada se transforma en un fracasado solamente cuando intenta justificar sus errores echándole la culpa a los demás, y en este caso yo soy el responsable de la derrota y la asumo integralmente”, les dijo sobre su tercer intento fallido de alcanzar la Presidencia.
Larrañaga había aparecido en la elección de 2004 como la renovación en el Partido Nacional luego de la crisis electoral de 1999, pero perdió en primera vuelta contra Tabaré Vázquez. Cinco años después fue derrotado luego de una arremetida desde atrás por el ex presidente Luis Alberto Lacalle, padre del contrincante que le tocó este año, en el que Larrañaga se jugaba su futuro político.
“Se terminó, para mí”, dijo el domingo. Contó que se iría “para el río Negro” a escuchar su “propio silencio”, aunque aclaró va a “seguir, como no puede ser de otra manera, luchando” por el Partido Nacional. “Eso sí, eso sí, yo voy a elegir la trinchera desde donde luchar, exclusivamente yo”, señaló.
Luego cruzó el salón otra vez raudamente hacia la fría noche, para “subir por última vez las escaleras del Directorio del Partido Nacional”, dejando a su rastro un tendal de cabezas gachas y ojos lagrimeantes.
Mirando el agua.
Ya había pasado el abrazo. Larrañaga había estrechado contra su pecho a Lacalle Pou en la sala de sesiones del Directorio en un reconocimiento que también era un simbólico punto final a su carrera de diez años hacia la Presidencia que nunca alcanzó.
En la Plaza Matriz los seguidores del vencedor se agolpaban contra el estrado a la espera de que su líder se hiciera presente para un nuevo discurso tras la victoria electoral. Sonrientes y a los gritos, aprovechaban cada oportunidad para entonar cánticos y hacer flamear decenas de banderas.
A pocos metros, en la zona menos iluminada de la plaza, unos cincuenta militantes de Larrañaga seguían presentes, luego de que la mayoría abandonara rápido el acto tras el abrazo de los líderes blancos.
Varios lloraban desconsolados. Otros, con los ojos llorosos, aguantaban firmes el desfile de sus correligionarios triunfantes. Ninguno podía ocultar la amargura y la rabia por una derrota que los dejó, como en 2009, fuera de la competencia por el sillón presidencial.
“¡Yo no voto a este hijo de puta! ¡Es un chorro, como el padre!”, gritó uno de los militantes de Larrañaga.
En ese momento Luis Lacalle Pou salía al estrado y los gritos del militante se ahogaron en el estruendo. Las primeras frases del nuevo candidato a presidente por el Partido Nacional fueron recibidas con fuertes aplausos por sus seguidores, que lo interrumpieron varias veces al grito de “presidente, presidente”.
Ninguno de los militantes de Larrañaga aplaudió ni coreó. Se aferraron al silencio y apoyaron las banderas en el suelo.
Cuando bajó las escaleras del Directorio, todavía aturdido por la inesperada derrota, Larrañaga tenía en mente una idea fija que sobresalía sobre el resto: retirarse a descansar unos días a su chacra en Flores, al borde del río Negro. “Está en su lugar en el mundo, mirando el agua, y eso le debe dar la paz y reflexión que necesita en estos momentos”, comentó a Búsqueda el diputado Pablo Iturralde, uno de sus dirigentes más cercanos.
Larrañaga eligió alejarse del ruido para pensar. En la misma noche del domingo había anunciado que iba a “escuchar su silencio” y a elegir “la trinchera” desde la que planteará su “lucha” por el Partido Nacional. A cuatro días de las elecciones, Larrañaga ha mantenido un estricto bajo perfil mientras los dirigentes de su sector y el de Luis Lacalle Pou especulan sobre su futuro. Algunos le han hecho llegar el mensaje de que debería aceptar integrar una fórmula con Lacalle Pou para evitar la fuga de sus votos al oficialismo. Otros, sobre todo dirigentes de Paysandú, fogonean la posibilidad de que vuelva a sus orígenes y se presente como candidato a intendente del departamento que lo impulsó a la vida política nacional.
Larrañaga permanece ajeno a los rumores. Fuentes de su entorno señalaron a Búsqueda que el líder de Alianza Nacional está “tranquilo” y “dialogando” con algunos dirigentes cercanos, en la mayoría de los casos por teléfono y mensajes de texto. “No se ha reunido con nadie”, aseguraron.
El precandidato ganador, Lacalle Pou, apeló al “truco” como metáfora para decir que él ahora es “pie” y espera que Larrañaga abra el juego proponiendo nombres para definir la fórmula presidencial. Durante la semana trascendieron algunos posibles candidatos: el senador Carlos Moreira, la diputada Verónica Alonso y el intendente de Soriano, Guillermo Besozzi. Fuentes cercanas a Larrañaga señalaron que ninguno de estos nombres fue manejado por el líder de Alianza Nacional.
“No se esperaba esta derrota, no estaba en los planes y por eso no tenía en mente posibles candidatos. Ahora está escuchando y pensando nombres, pero quién puede ser, solo lo sabe él”, dijo uno de los informantes. Varias fuentes aseguraron, además, que tras estos días de descanso y silencio Larrañaga volverá “al ruedo” y “trabajará” para la campaña del Partido Nacional en las elecciones nacionales.